Vivienda, pobreza energética y salud respiratoria

SEÑOR DIRECTOR:
Chile entró en el invierno amenazante y a la temporada respiratoria con el foco puesto en la circulación viral y vacunas. En ese contexto, hay una variable que los boletines epidemiológicos no reportan: el estado térmico del parque habitacional donde esos virus van a circular.
La relación entre vivienda y salud respiratoria es directa y cuantificada. Un hogar con aislamiento deficiente baja la temperatura a niveles que afectan las vías respiratorias. La humedad estimula el crecimiento de hongos que agravan el asma. El hacinamiento concentra partículas virales en el aire compartido.
Evidencia internacional demostró que el porcentaje de viviendas hacinadas fue la variable con mayor correlación estadística respecto a la tasa de incidencia de Covid-19 en comunas del Gran Santiago, por encima de la movilidad y densidad.
El 70% de las viviendas chilenas fueron construidas sin exigencias térmicas adecuadas, por su antigüedad. Monitoreos en Santiago, Temuco y Coyhaique muestran que en invierno permanecen bajo los 18°C que la OMS define como umbral mínimo saludable. En comunas vulnerables del Gran Santiago, el promedio registrado bajó a 14,2°C.
Frente a eso opera la pobreza energética: la imposibilidad de calefaccionar sin comprometer otras necesidades. La brecha es doble: quienes viven en peores viviendas tienen mayor riesgo de enfermar y menores recursos para tratarse.
La Reglamentación Térmica se actualizó en 2024, pero se aplica solo a viviendas nuevas. El parque construido antes de 2008, donde viven más de diez millones de personas, queda sin instrumentos. Cada invierno, esa deuda se paga con la salud de quienes menos tienen.
Carlos Aguirre
Doctor en Gestión Urbana, académico USS, investigador Núcleo Milenio NUVIV
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