Alberto Barrera Tyszka: "El Plan Retorno no es más que una campaña publicitaria de Maduro"

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Alberto Barrera tiene una hija viviendo en Chile "y hasta una nieta que baila cueca", dice. FOTO: JUAN FARIAS . LATERCERA

El premiado autor acaba de editar la novela Mujeres que matan, "una distopía caribeña", donde la realidad de su país está presente.



Un grupo de mujeres se reúne a leer. Ellas se acompañan y conversan en torno a títulos como Ni hámster ni canario o Te daría mi vida… ¡pero la estoy usando! Es un club de lectura que opera como un espacio de resistencia, y entre bestsellers de autoayuda se asoman pasajes de sus biografías. Ellas viven en la misma ciudad, un lugar controlado por el Alto Mando.

"La situación económica era terrible, el dinero no alcanzaba para nada, los precios cambiaban cada día, había que hacer cola para comprar cualquier producto y, muchas veces, ni siquiera se conseguía. No había harina, no había arroz, pero también escaseaban las medicinas. La ciudad parecía estar llena de zombies o de fantasmas deambulando. (...) Era común encontrarse a personas hurgando entre las bolsas de basura, buscando comida", se lee en Mujeres que matan, publicada por Literatura Random House.

La nueva novela del escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (58) es presentada como "una distopía caribeña". Sin embargo, en ella resuenan ecos de la contingencia social y política de un país en crisis. Más que ciencia ficción, está el presente de Venezuela.

Columnista de The New York Times, Barrera vive en Ciudad de México, donde se dedica a escribir guiones de televisión y pasa algunos meses al año en su país natal. Autor de una serie de obras, donde destacan la biografía Hugo Chávez sin uniforme (2005) y su novela Patria o muerte, que obtuvo el Premio Tusquets en 2015. El pasado fin de semana, Barrera participó en el Festival Puerto de Ideas, en Valparaíso.

-¿En qué están los artistas con respecto a Venezuela?

-Juan Carlos Méndez Guédez es un autor venezolano que vive en España, cuyas novelas abordan estos temas. Rodrigo Blanco Calderón acaba de publicar en Francia The Night, que trata la crisis energética; Gisela Kozak, quien vive en México, es autora de En rojo, una narración coral sobre la crisis. En Venezuela está Ana Teresa Torres, quien recién publicó Diario en ruinas...

-Su novela se presenta como una "distopía", pero la realidad se impone ¿no?

-Hace algunos años los clubes de lectura, en Caracas, comenzaron a tener un auge muy grande y en medio de la incertidumbre de la realidad social y política aparecieran estos espacios de oxígeno. En un momento pensé situar la novela en México, pero me di cuenta que no avanzaba y es porque la literatura donde yo milito se ubica en las heridas. Entonces situé la novela en Venezuela sin decir que es Venezuela. Pero claro, hay una mujer en la novela que estuvo presa y detenida por estar participando en una manifestación, a otra la guardia del ejército le mató a una hija. Además de la presencia del Alto Mando, con eso quiero decir que el poder está en manos de los militares, en alianza con Nicolás Maduro.

-También se refiere al cierre de algunos medios de comunicación…

-El año pasado hubo el cierre, entiendo, de ocho televisoras y más de 50 periódicos. En algunos casos es por el control del papel, pero además porque no tienen publicidad. Y un problema mayor es con la verdad de la información: no hay fuentes oficiales. Y el Estado cada vez se convierte en el único poder, en la medida que él distribuye, por ejemplo, los alimentos y las medicinas.

-Usted ha dicho que "Maduro usa la pobreza como método de sometimiento político".

-Y así es. Existe el Carnet de la Patria con el que puedes encontrar comida más barata. Pero igual la gente prefiere irse. La ola migratoria es muy grande y el llamado Plan Retorno no es más que parte de una campaña publicitaria de Maduro. El gobierno ha insistido que la migración no es real, pero traerse a unos pocos venezolanos de vuelta en cantidades ridículas es parte de su campaña. El gobierno se aprovecha de las trampas del lenguaje para jugar con su narrativa. De ser represor, militarista, se quiere vender como patriota, revolucionario y preocupado por los DDHH.

-¿Hoy Venezuela es una dictadura?

-Yo creo que sí, pero no es una dictadura como la de Pinochet en Chile, o Argentina, en los 70. Es una dictadura renovada, del siglo XXI, aunque también con represión y violación a los derechos humanos. Ahora con espacios más oxigenantes, pero con un control absoluto de la vida social y de las instituciones.

-¿Y qué opina cuando se habla del bloqueo de EEUU contra Venezuela?

-La política de EEUU hacia Latinoamérica, en general, siempre ha sido desacertada y ahí está su participación en el golpe contra Salvador Allende. Esa es la narrativa que utiliza el gobierno de Maduro para tratar de explicar la crisis, pero es más cierto que el gobierno no supo aprovechar la bonanza petrolera. EEUU siempre ha sido un cercanísimo socio comercial. Las sanciones más bien están impuestas a ciertas personas del gobierno. En estos momentos hay en curso tres investigaciones. Una sobre US$ 1.200 millones de lavado sacado de la petrolera estatal (PDVSA), que involucra al gobierno de Maduro. También se investiga a dos ex ministros de Chávez por US$ 350 mil millones entregados a empresas fantasmas. Además, se ha destapado una red de corrupción en la venta y distribución de alimentos que hace el gobierno, los llamado Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), y se habla de una estafa por US$ 5 mil millones. Entonces yo creo que hay mucha más corrupción que bloqueo.

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