Muerte Accidental de un Anarquista: la farsa más cruel de Dario Fo

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La nueva puesta de la obra de Dario Fo está protagonizada por Héctor Morales. Crédito foto: Nacho Rojas.

El 2 de octubre debuta en el Teatro UC una nueva puesta de la obra cumbre del Nobel italiano, dirigida por Francisco Krebs.



Mientras era interrogado el 15 de diciembre de 1969, el anarquista y trabajador ferroviario italiano Giuseppe Pinelli cayó desde la ventana del cuarto piso de una Jefatura de Policía en Milán. Tres días antes, un atentado terrorista había cobrado la vida de 17 personas y al menos otras 88 resultaron heridas. Los actos fueron atribuidos a grupos antisistémicos, pero la muerte del activista, "a causa de un desmayo" según versiones oficiales, provocó dudas y tensiones: el juez desestimó pronto las pruebas en contra de la policía y concluyó que la caída de Pinelli se debió a un trastorno mental transitorio. El pueblo italiano, en cambio, parecía convencido de otra cosa.

A fines de 1970 y a poco de cumplirse un año de la muerte de Pinelli, el dramaturgo italiano Dario Fo (1926-2016) estrenó Muerte accidental de un anarquista en una antigua fábrica de Milán. Su obra hacía clara alusión al caso y a los métodos empleados por la policía, tomando como inspiración además otro hecho verídico y similar ocurrido en EEUU, en 1921.

La acción arranca en una comisaría en Milán, donde un policía interroga a un hombre loco que acaba de ser detenido por padecer histriomanía, "la manía de encarnar a múltiples personajes" para estafar a otros. El loco se entera allí de que un juez investigará la muerte de un anarquista, y decide hacerse pasar por otro magistrado. Junto a policías y una periodista, recreará los hechos en la sala de un cuarto piso hasta sacar la verdad a la luz.

El Nobel de Literatura italiano guardaba hasta cuatro o cinco versiones de la obra y, dependiendo de lo que pasara en la contingencia, añadía nuevos fragmentos. "No entendía el texto como un material cerrado, y esa libertad suya nos permitió construir una nueva versión que dialoga y toca muy de cerca nuestra realidad nacional", dice el director Francisco Krebs (1979, Déjate perder, Réplica), quien el 2 de octubre estrenará en el Teatro UC una nueva versión de la obra.

¿Cuál es su relación con este texto?

Lo conozco hace muchos años. En la universidad yo hacía clases de actuación que tenían que ver con los bufones y la Comedia del Arte, y la figura de Dario Fo siempre había estado presente como un referente en mis clases. No solo sus textos, sino también la técnica actoral que hay detrás de él. Cuando le dieron el Nobel de inmediato uno entiende que hay un rescate en él del juglar popular, del humor contingente y político en un contexto como lo era la Italia en el momento en que él trabaja este texto. Hace tres o cuatro años quería montarlo y se lo propuse a la gente de la UC, pero en ese momento y por distintas razones no pudimos hacerlo. Y, bueno, este año me pidieron dirigirlo como una producción de ellos.

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Al centro, el director del montaje, Francisco Krebs, y los actores Karim Lela, Felipe Arce, Jaime McManus, Héctor Morales, Alejandra Oviedo y Willy Semler. Crédito foto: Nacho Rojas.[/caption]

Considerada una despiadada crítica al poder y sus trampas, Muerte accidental de un anarquista se montó dos veces antes en Chile: una en los 80, en el Teatro Nacional y con Patricio Torres, y otra en 2001, protagonizada por el fallecido actor Rodolfo Bravo. Este último ronda la actual puesta en escena producida por la UC: el actor Héctor Morales (Cristo, Prat), quien encabeza el elenco convocado por Krebs, utiliza una peluca que Bravo usaba para el sketch de humor Los fisicoculturistas, en los 80. "Por coincidencias de la vida apareció la peluca en el teatro, y la utilizamos a modo de secreto homenaje. Rodolfo fue un gran maestro de la actuación", señala el director de montajes como Déjate perder y Réplica, actualmente en cartelera en la sala Mori Recoleta.

El elenco de la nueva versión de Muerte accidental de un anarquista lo completan Willy Semler, Jaime McManus, Alejandra Oviedo y Felipe Arce. Según Krebs, su intención es "resalta la farsa y el carácter bufonesco de Dario Fo", y al mismo tiempo traslada la acción de la obra a los EEUU de los 70.

"Es una estética muy teatral y exacerbada, con guiños a series como Columbo y al videoclip de Sabotage, de Beastie Boys", cuenta. "Pero toda esa visualidad es boicoteada por nuestra realidad: de repente pasamos de Washington a estar en Temuco, y hablando ya no del crimen narrado en la obra sino del caso Bombas o la muerte de Camilo Catrillanca, donde las pruebas también se manipularon. Por más que hagamos el ejercicio de distanciarnos, hacemos notar que en nuestro país estas cosas ocurren y siguen ocurriendo", agrega.

Dario Fo hacía la distinción entre el teatro político y el militante en cuanto a esta obra. ¿Cómo la ve usted?

Es bastante complejo hoy intentar ponerse en el lugar en que Dario montó este espectáculo porque evidentemente las condiciones son distintas. De alguna manera el capitalismo ya ganó y no hay manera de dar vuelta atrás. Estamos en este "realismo capitalista" que define Mark Fisher, donde las nociones de resistencia son cada vez menores. Cada pequeña revolución es capturada por el mercado, y lo que en la mañana es vanguardia o pequeña revolución, por la tarde es meme o una próxima campaña de Mall Plaza o de Wom. Es complejo situarse en el lugar del teatro revolucionario. El contexto poco lo permite. Estamos capturados por este sistema y sería súper cínico intentar plantearte en el espacio y hacerlo desde el lugar donde Dario Fo lo hizo. Ahora, sin duda, la contingencia y el espacio que permite la obra de burlarse de quienes abusan, sobre todo desde lo político. Y poder hacerlo desde una obra de teatro. Espacio de libertad y burla despiadada. A mí me parece muy interesante y sobre todo pensándolo en el espacio donde se va a presentar: es bastante paradójico que este texto podamos hacerlo en un teatro como el de la Universidad Católica.

¿Por qué?

Es un teatro al que asisten poderosos, entre muchos otros también, por supuesto. Y si es algo la obra, es un desahogo, una invitación a un escándalo y una farsa despiadada. Es terrible darnos cuenta que no es nada extraño el comportamiento que tienen los poderosos en la obra, y más terrible aún darnos cuenta de cómo ese comportamiento perdura hasta hoy, y sobre todo en Chile. Puede ser un spoiler quizás, pero en esta versión aparecen mencionados con nombre y apellido un par de poderosos chilenos que han sabido liberarse de la justicia con clases de ética. Ojalá vayan a verla. Qué interesante sería ver esa interpelación en vivo.

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