Terminator 6: ¿los mismos de antaño?

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Terminator: Dark fate es un homenaje a los mejores momentos de la 1 y la 2. Habrá entonces dos lecturas posibles: los nostálgicos brindarán por el regreso de los iconos de su juventud y los escépticos se quejarán porque, una vez más, Hollywood usurpa un clásico de los ochenta y noventa para volver a vender. En el centro de ese péndulo está la vuelta a las pantallas de Arnold Schwarzenegger y Linda Hamilton.



No sabemos cómo se va a terminar el mundo tal como lo conocemos, pero la literatura, el cine y la pintura han conjeturado desenlaces posibles, siempre terribles, siempre dolorosos. Si una persona puede morir en la cama, de noche, sin darse cuenta (algo así como la muerte ideal), nadie pudo todavía imaginar un "final feliz" para la humanidad como especie. La saga de Terminator no es la excepción.

Promocionada con bombos y platillos por la vuelta a las pantallas de Arnold Schwarzenegger y de Linda Hamilton, Terminator: Dark fate pretende ser (y en algún sentido lo es) la vuelta al buen camino de una saga que había caído en desgracia luego de un par de episodios olvidables y de sucumbir ante la tentación comercial a la que muchas películas sucumbieron y que constituye, generalmente, su acta de defunción: estirarse en más y más continuaciones, saltando los años e incluso las décadas, hasta el punto de lo inverosímil.

Para los que vimos Terminator 2 infinidad de veces en los años noventa —era, por voluntad de los programadores televisivos, una de las más repetidas en el cable, que entonces era prácticamente todo lo que había a disposición—, el envejecimiento de Hamilton y Arnold es, cuanto menos, inquietante. El cine, quizás más que cualquier otra experiencia cultural, nos permite asistir al lento proceso de envejecimiento de actores con los que prácticamente convivimos durante toda nuestra vida. De Niro, Al Pacino o Clint Eastwood, por mencionar tres clásicos, son actores a los que hemos acompañado; casi todos los años pudimos ver una película con ellos en un rol protagónico, de modo que su paso de la juventud a la vejez fue, para los que lo miramos, paulatino, gradual, tolerable. En cambio, ver a Schwarzenegger luego de tanto tiempo es como ver a un viejo compañero del colegio secundario 20 años después y descubrir, en su nuevo cuerpo, en su nueva cara, la única verdad insoportable: que nosotros tampoco somos los mismos de antaño.

Pero no solo los actores cambiaron en estos 34 años que separan a la primera Terminator de la actual. También lo hizo, sobre todo, el cine de acción y los efectos especiales que sustentan a este tipo de propuestas. El primer film de la serie es de 1985. Los años ochenta fueron los del gran crecimiento del efecto especial, y existía la idea de que el efecto especial, por sí mismo, podía convocar gente a la sala. Eso cambió en los años noventa, cuando ya empezó a quedar claro que todo era posible en el cine. Los años ochenta también se caracterizaron por una serie de películas violentas, y la caída del muro de Berlín, entre otros efectos colaterales, también alteró esa centralidad de la violencia que dominaba el cine norteamericano. Cuando se estrena Terminator 2 —la mejor del conjunto—, en 1991, muchas de estas cosas estaban cambiando, o se habían perfeccionado. También por eso es la más sofisticada de la serie.

Pero hoy, ¿qué nos puede decir una película así? El mundo y el cine han cambiado, en eso estamos todos de acuerdo. La idea de que el fin del mundo para el hombre está cerca hoy no se encarna en fantasías alocadas, rayanas a la ciencia ficción, sino en una posibilidad cada vez más palpable, la del cambio climático, que Terminator no contempla, pero que hoy es el subtexto silencioso de cualquier narración que hable del fin de la humanidad. En lo que sí se actualiza la saga es en la inclusión del conflicto de la inmigración, otro de los grandes nudos sociales de nuestros días. El cruce de la frontera entre México y Estados Unidos es un momento importante de Terminator: Dark fate y la protagonista, a la que unos quieren matar y otros salvar, es mexicana. Si fue una inclusión demasiado "calculada" queda para otras opiniones.

Algunos de los hits de las primeras películas de la serie vuelven o se mantienen aquí. Una persecución en camiones, al inicio mismo, parece calcada de la persecución de un camión a una moto en la 2. Otro hit que vuelve es al mismo tiempo conceptual y cinematográfico: la idea de que el enemigo es prácticamente indestructible; se regenera, sobrevive a todo tipo de disparo y se puede mimetizar con aquello que toca. No hay nada más desesperante que un enemigo que no se puede destruir. La narración tiene que subir entonces el amperímetro de la violencia, encontrar nuevas variantes del ataque, porque con las técnicas tradicionales del combate ese robot no se apaga.

Por lo demás, ya desde el comienzo de la saga, Terminator trabaja sobre un estereotipo que todavía funciona: quien sabe que el mundo está en peligro —Sarah Connor— es una mujer, y a la mujer que sabe algo que los hombres no sabe se le suele decir que está loca, desde el principio de los tiempos. Solo nosotros —los espectadores— sabemos que ella tiene razón, pero todos los demás la toman como una delirante. Que sea mujer no es ninguna casualidad.

Por momentos, Destino oculto parece una remake o un homenaje a los mejores momentos de la 1 y la 2, una especie de cóctel o greatest hits de escenas. Alguien escribió que, como sucede siempre en estos casos, habrá entonces dos lecturas posibles: los nostálgicos brindarán por el regreso de los iconos de su juventud y los escépticos se quejarán porque, una vez más, Hollywood usurpa un clásico de los ochenta y noventa para volver a vender. En el centro de ese péndulo está esta película.

https://www.youtube.com/watch?v=oxy8udgWRmo

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