Las Bandas Eternas: el último obsequio de Spinetta

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El sueño de todo spinetteano se cumplió el 4 de diciembre de 2009. Eterno reacio a la idea de mirar atrás, esta vez un mal pasar económico, la coincidencia de algunas fechas y la férrea insistencia de un amigo que buscaba ayudarlo, propiciaron la excepción: un concierto delirante que se grabó para siempre en el corazón del rock argentino. 52 canciones, más de cinco horas sobre el escenario, un desfile irrepetible de músicos y el repaso de una obra brillante: las bandas eternas de Luis Alberto Spinetta. También, su último regalo antes de partir.


Novela de lo imposible: una llamada cuanto menos triste, quizás injusta, que parecía no tener cómo carajos llegar a buen puerto, se transforma en el germen que concreta un delirio único y hermoso. Luis Alberto Spinetta, en 2008, padecía una aguda crisis económica. Un mañana, su flamante álbum, no tuvo demasiada repercusión. Su carrera, por más duro que suene, tampoco la tenía: las compañías ya no mostraban interés en su trabajo. El primer avenger del rock argentino, esa suerte de padre adoptivo como lo fue para una colección de músicos que se curtieron siguiéndole los pasos, ahora se sostenía sobre escenarios chicos los fines de semana. No era un contexto del todo nuevo; ya había pasado por algo similar en la época de Los Socios del Desierto, cuando la atención que recibió fue moderada, ceñida principalmente a ese círculo de talibanes que eran sus fanáticos. Pero ahora, sin dudas, era más grave: el "Flaco" quería vender su guitarra.

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Del otro lado atendió Pablo Mangone. "¿Cuánto me pueden dar por la Pensa?", lo buscó Luis Alberto. El otrora productor y dueño de Mango's Music, el local de calle Talcahuano que el "Flaco" frecuentaba y sentía como su propio parque de diversiones, allí donde forjaron una amistad inquebrantable, no podía creer lo que escuchaba. "¿Pero cómo vas a vender esa guitarra, Luis?", se quejó. Tenía razón: esa viola singularísima, de modelo strato roja y blanca, que le había hecho a su medida Rudy Pensa, era acaso la pieza más reconocida de su colección. "Entonces trato de vendérsela a alguien que me la preste si la llego a extrañar", replicó Spinetta.

Mangone no paró de pensar tras esa llamada. Fue el detonante de una idea disparatada, improbable, y por qué no decirlo, en otro momento derechamente imposible. En una entrevista con Jorge Kasparián, reproducida en el libro Luisito (Vademécum) lo cuenta:

"Un día me llama Luis para comentarme una serie de necesidades. Me sorprendió y me quedé muy mal. Yo no podía creer que a un tipo como él, que había dado tanto, le pasaran esas cosas en su país. Esa misma noche me quedé pensando y dándole vueltas al asunto —recuerda Mangone—. Me di cuenta de que se venían los 40 años de Almendra y que no faltaba mucho para los 60 años de Luis. O sea, toda esta previa ocurrió en el 2008 y con la noción de que el 2009 era un año bastante importante: el 40 aniversario del primer disco de Almendra y a principios de 2010 el cumpleaños 60 de Luis. Cosas que se te cruzan de casualidad".

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En la cabeza de Mangone este momento difícil era ideal para homenajearlo al "Flaco": un desfile de músicos, en una sola noche, que rescataran el catálogo completo: Almendra, Pescado, Invisible, Jade y Socios del Desierto. Antes de proponérselo a Luis y así completar la picture, Mangone tanteó la posibilidad con el que tal vez era uno de los seguidores más reconocidos de Spinetta, también uno de sus clientes, Gustavo Cerati. "Che, pará, ¿cómo vas a hacer para convencerlo?", lo interrumpió el ancla de Soda Stereo. Él como todos, sabía, Spinetta era reacio al pasado: con la notable excepción de Almendra, nunca reunió a ninguna de sus bandas. Pero Mangone no tenía nada que perder.

"Finalmente la cosa fue así —repasa el productor en conversación con Kasparián—: el 24 de diciembre de 2008, con la excusa de ir a saludarlo por la Navidad y llevarle alguna cosita, pasé por su casa y se lo dije. Exactamente el día de Nochebuena, a la tarde. Y bueno, la respuesta no fue 'sí' pero tampoco me dijo 'no'. Que no dijera 'no' ya era muchísimo. Me acuerdo que dijo 'Bueno, lo vemos'. A partir de ahí empezamos a hablarlo".

La idea, que hasta entonces no era más que el delirio de un fan incondicional del "Flaco", fue tomando forma los meses venideros, entre llamadas y esporádicas reuniones. "Lo primero que me dijo, riéndose, fue: 'Yo toco todo, todo, todo. ¡No me voy a quedar sentado mirando cómo hacen mis temas!'", recuerda Mangone, despejando de paso una de sus dudas más importantes: si sería un concierto homenaje, con Luis en las gradas, o si su ídolo estaría sobre el escenario.

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El rumor no tardó en esparcirse. Un afiche negro, con la leyenda "Te invito a mi cumple. —Luis", alimentó, meses más tarde, la ilusión. Pero incluso entre los más acérrimos seguidores de su obra reinaba aún la incredulidad. Digamos, resultaba una quimera, un sueño hermoso pero imposible. Hasta que el propio Spinetta se encargó de confirmarlo: fue en el Centro Cultural 25 de Mayo, el 27 de octubre de 2009. Allí, sobre el escenario ataviado con su camiseta de Conduciendo a Conciencia, exhibiendo la consigna "Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser", les dijo a todos que oficialmente se subía al tren de la nostalgia y de la efeméride.

"Es una entrega total para devolverle el amor que la gente les puso a estas bandas durante todo este tiempo, y que yo, este 'pinche cabrón' que ven acá, sea el maestro de ceremonias y reúna a todos estos músicos impresionantes para festejar mis 40 años con la música... espero cumplir 50, porque la música es tan eterna que es como la edad astronómica en relación con la edad de los hombres. Digo: todas las edades son buenas, pero hoy me siento firme para hacerlo y, por ahí, dentro de diez años ¿quién lo sabe?", fueron las palabras de Luis Alberto.

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Si hay un sueño cumplido... es este

"Ticher, tengo que contarte un proyecto que tengo. Hablemos". Cuando Juan Carlos "Mono" Fontana, a quien Spinetta definiera alguna vez como "la usina más grande que se puede conocer", recibió el mensaje, nunca imaginó lo que le informaría días más tarde su amigo. Compañeros desde la época de Jade, se reunieron un domingo al mediodía y Luis le habló sobre el megaconcierto que cocinaba a fuego lento. Rápidamente, cuenta Fontana, agarraron un cartón y anotaron 73 posibles temas para la histórica jornada.

"Me pareció una idea genial —dice, una década después, vía mail—, porque Luis, en cada época, hizo las cosas antes. Estaba en otra frecuencia. Como artista siempre fue un tipo único, con sus letras, sus artes y audios. Así que era la oportunidad de que otras generaciones puedan ver a Almendra, Pescado o Invisible, y con sus músicos originales".

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La historia grande del rock argentino dice que Luis Alberto Spinetta convocó a sus Bandas Eternas el 4 de diciembre de 2009 en el Estadio José Amalfitani, localía del club Vélez Sarsfield, y emocionó en una fría noche a más de 37 mil personas. Pudo ser el doble: Mangone cuenta a Kasparián en Luisito que la venta fue un éxito, e incluso que tuvo el atrevimiento de ofrecerle al "Flaco" una segunda función, pero el trato siempre fue por una sola noche. Luis y el desfile de músicos invitados ofrecieron un show de 52 canciones en poco más de cinco horas y veinte minutos. "Fue un evento único, ¿no? Muchos dicen que fue un evento digno para el Récord Guinness. Creo que no hay precedentes de un artista que haya estado cinco horas arriba de un escenario, como pasó esa noche", piensa "Machi" Rufino, bajista de Invisible.

Precisamente, coinciden asistentes y la prensa, el turno de Invisible fue acaso la cumbre de la jornada. Para "Machi", tiene una explicación: "Tanto Luis Alberto como Pomo y como yo, veníamos tocando ya y simplemente nos juntamos para tocar una vez más juntos. Creo que ese no fue el caso de todas las bandas. Por ahí eso tuvo un peso arriba del escenario —explica vía WhatsApp a Culto—. Al principio, en los ensayos, había como una cosa…, no te digo de nerviosismo, pero estábamos ahí viendo qué pasaba. Ahora, ni bien empezamos a tocar, enseguida volvieron los viejos códigos, el trío sonaba y estuvo todo bien."

https://www.youtube.com/watch?v=5amOT-QLctI

"Recuerdo que cuando estábamos ensayando, Luis me dijo, '"Machi", ¿querés cantar la segunda estrofa de 'Durazno sangrando'?' Y así sucedió, fue realmente un honor que él me propusiera hacer eso —continúa "Machi"—. También fue muy importante, muy de adentro del corazón, que mi hijo, Juan Pablo, que es músico también, pudiera ver en vivo a Invisible, una banda que se había disuelto antes de que él naciera".

https://culto.latercera.com/2019/09/27/artaud-pescado-rabioso-spinetta/

Otros puntos altos, sin ir más lejos, fueron el set de Pescado Rabioso, el más extenso de la jornada, y el infinito ir y venir de los músicos: el recordado "Si hay un sueño cumplido, es éste" que le dedicó Gustavo Cerati; el emotivo reencuentro con Fito; la interpretación histórica de "Filosofía barata y zapatos de goma" junto a Charly, que también devolvía así la mano por el dueto que hicieron un par de meses antes en su Concierto Subacuático; "Cementerio Club" con su hermano, Gustavo Spinetta, en la bata; un tercer regreso de Almendra, como a fines de los sesentas y de los setentas, y una versión conmovedora de "Muchacha", que esta vez no hizo falta que se la rogaran; y un tramo final para que cantaran todos juntos, a los gritos, que no verían la razón en "Seguir viviendo sin tu amor". Todo esto mientras Spinetta enfrentaba sus miedos previos y ponía a prueba su garganta.

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Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta en el concierto Spinetta y Las Bandas Eternas. 4 de diciembre de 2009. [/caption]

Después se supo, Invisible había preparado un par de canciones más, pero justamente esos miedos frenaron su ejecución. "Creo que dos temas, por lo menos, se cortaron, lo que me llamó la atención. Después del concierto, me acuerdo que le pregunté a Luis por qué lo había decidido —cuenta "Machi"—, y me dijo que fue porque tenía temor de que la voz le fallara, que no pudiera llegar hasta el final del concierto". Quedó tan solo como una anécdota: Luis Alberto Spinetta, 60 años, alto, flaco, con su Pensa roja colgada al hombro y esa voz tan singular —que hoy más que nunca se extraña—, antes de su lamentable partida dejó una última efeméride, una última joya, un último obsequio: un concierto sin igual en la historia del rock latinoamericano.

"Cada vez que paso por la autopista y veo el estadio, pienso cómo Luis lo convirtió en un lugar casi íntimo. Con un respeto y silencio increíble. Era una noche muy fría, sobre todo para el público, y ahí estuvieron las cinco horas. Fue un show histórico", dice el "Mono" Fontana. "Machi" coincide: "Recuerdo que Javier Malosetti se me acerca en un momento y me dijo: '¿vos te das cuenta, Machi, que somos partícipes de un evento único e histórico?' Y le dije 'Sí, tenés razón'. Eso ocurrió: fue un evento histórico y me siento muy honrado de haber tomado parte".

"Cuando nos volvimos y nos despedimos, me dijo 'Voy a dormir cantando… voy a seguir cantando dormido', jajaja —cierra el Mono—. Hay que darle gracias a Luis, por todo lo que nos dejaste. Extraño sus llamadas, sus comidas, todo. En mi corazón siempre estará".

https://open.spotify.com/album/3kuu5DGs4n815JjDI5dlNx

https://culto.latercera.com/2019/12/19/sergio-marchi-spinetta-ruido-de-magia/

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