Philip Roth y los nazis estadounidenses: una pesadilla de la que estamos intentando despertar

La conjura contra América

Por estos días se puede ver la adaptación de La conjura contra América, novela de Roth, en HBO. En esta el autor muerto el 2018 imagina un Estados Unidos bajo un gobierno autoritario y aliado con la Alemania nazi.


Philip Roth colecciona estampillas. Philip Roth vive en el estado de Nueva Jersey y es un personaje ficticio, un niño de siete años; es decir, no es el escritor que nació en 1933 y murió en 2018, aquel que escribió más de treinta libros, entre esos la novela La conjura contra América.

No.

Este Philip Roth, el de siete años, vive en una comunidad de judíos-estadounidenses en 1940. Una comunidad a punto de ser golpeada por el gobierno de Charles Lindbergh, un firme defensor del supremacismo blanco que derrota a Franklin Delano Roosevelt en las elecciones presidenciales. Evento que cambia el destino de EE.UU. Y de los judíos que viven en aquel país, los cuales de a poco son encerrados en comunidades similares a campos de concentración.

“En Alemania, Hitler tiene al menos la decencia de prohibir a los judíos que ingresen en el Partido Nazi. Eso y los brazaletes, y los campos de concentración, y al menos dejan claro que los sucios judíos no son bienvenidos”, dice el padre del narrador de esta novela que, por estos días, se puede ver como miniserie —seis episodios— en HBO a manos de David Simon (The Wire).

“Pero aquí los nazis fingen que invitan a los judíos a formar parte de su grupo. ¿Y para qué? Para arrullarlos hasta que se duerman. Para arrullarlos hasta que se duerman con el ridículo sueño de que en América todo marcha a las mil maravillas”.

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El Philip Roth que sí escribió esta novela (publicada en 2004; en español el 2005) dice que la idea surgió mientras leía la autobiografía de Arthur Schlesinger, historiador estadounidense y asesor del presidente John F. Kennedy. En esta Schlesinger comenta que algunos de los senadores republicanos más radicales, en los años cuarenta, querían que Lindbergh se presentara de candidato frente a Roosevelt.

Por eso se preguntó: ¿y qué hubiera pasado si Lindbergh efectivamente llegaba a la presidencia?

Y la respuesta se convirtió en La conjura contra América, donde Roth cruza una historia con la Historia. El autor toma cuatro personajes principales: Bess, Herman y sus dos hijos, Philip y Sandy; una familia de judíos estadounidenses, los Roth, de Newark, entre junio de 1940 y octubre de 1942. Aquella es la historia con minúscula; la historia de una familia, digamos, normal. Y de telón de fondo está la Historia: Estados Unidos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y un personaje que sí existió: Lindbergh, el primer piloto en cruzar el océano Atlántico, un fanático aislacionista y antisemita que en realidad nunca hizo carrera política. Pero que en las páginas de la novela de Roth sí lo hace. Porque Lindbergh se convierte en presidente. Impide que Estados Unidos participe en la Segunda Guerra Mundial. Y se vuelve una amenaza para todos los hogares judíos norteamericanos.

La conjura contra América.

“Nuestra patria era América”, dice el pequeño Roth. “Luego los republicanos nominaron a Lindbergh y todo cambió”.

Y aquí una necesaria y primera advertencia: La conjura contra América es una novela histórica, pero al estilo de Roth. Es decir: una historia que traiciona a esa otra historia (la con mayúsculas: Historia) y que gracias a esa traición advierte lo que puede sucederle a cualquier democracia: una gradual distorsión de sus valores básicos hasta, de un día para otro, y como el cuento de Kafka, despertarse convertido en un monstruo.

“¿Cómo pueden personas como estas estar a cargo de nuestro país? Si no lo viera con mis propios ojos, pensaría que estaba teniendo una alucinación”.

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Segunda advertencia: si bien La conjura contra América es una novela política, a ratos seria, extremadamente seria, y hasta con varias páginas en que se citan fuentes y se ahonda en hechos y personajes reales; La conjura contra América, también, es una novela rabiosa y divertida. Un coming-of-age. Un relato sobre eso que dijo Tolstói: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Una novela en que el narrador Philip Roth, aficionado a las estampillas, a medida que avanzan las páginas, crece y adolece porque “todas las familias pasan por muchas cosas”. Como la suya. Porque su hermano Sandy, pese a ser judío, es seguidor de Lindbergh y le terminan por lavar el cerebro; su padre, un iracundo opositor al nuevo fascismo gringo, se enemista con algunos familiares; su tía Evelyn, otra judía a la cual le lavan el cerebro; Alvin, su primo, se escapa a Canadá para pelear contra los nazis; y su madre es una silenciosa ama de casa que lo único que desea es la paz. Sin embargo, a veces “una familia es paz y es guerra” al mismo tiempo.

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“El antisemitismo, embriagador como una bebida alcohólica”, dice el narrador cuando, en un barrio cercano de Jersey, ve que varios estadounidenses se visten de alemanes. Y que estos que lo miran feo a él y a su padre, por ser judíos. “Eso es lo que imaginé de la gente que aquel día bebía tan alegremente en su cervecería al aire libre, como los nazis en todas partes, engullendo una jarra tras otra de antisemitismo como si ingiriesen el remedio universal”.

La conjura contra América se publicó durante el gobierno de Bush (el segundo, cuando comenzó con el patriotismo barato y las guerras antojadizas). Y muchos señalaron que era, cubierto por el velo de la ficción, en realidad un comentario sobre lo que el presidente de entonces hacía en el Medio-Oriente.

En su momento Roth salió a desmentir aquello. Aunque años más tarde, con Trump de presidente, nuevamente se recordó este libro. ¿Era Trump una suerte de Lindbergh? En una de sus últimas entrevistas, de hecho, Roth se refirió a esto: “Trump es un fraude masivo, la suma malvada de sus deficiencias, vacío de todo, salvo de la ideología hueca de un megalómano”, le comentó al New York Times. “Qué naíf fui al creer en 1960 que era un estadounidense que vivía en tiempos ridículos”.

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"Mi novela no fue escrita como una advertencia”, dijo en un email Roth, esta vez a la revista New Yorker, en 2017, sobre La conjura contra América. “Solo estaba tratando de imaginar cómo hubiera sido para una familia judía como la mía, en una comunidad judía como Newark, que algo tan leve como el antisemitismo que nos sucedió en 1940, se transformara en el antisemitismo más notorio de la historia mundial”.

Según el autor, su intención era imaginar y explorar un posible escenario (¿cómo sería un Estados Unidos en que los judíos son tratados como en la Alemania nazi?). Y que para eso primero necesitaba inventar un gobierno estadounidense autoritario. Y que luego simplemente siguió explorando esa realidad alternativa que hoy -con gobiernos autocráticos por todas partes- no parece tan lejana.

“En cuanto a cómo Trump hoy nos amenaza”, dijo en ese mismo email, “diría que, al igual que las familias ansiosas y llenas de miedo en mi libro, lo más aterrador es que hace posible todo y ese todo, incluye, por supuesto, la catástrofe nuclear”.

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