Tanto adiós: la historia de Los Ángeles Negros

Los Ángeles Negros

Y volveré, el disco que abrió las puertas de todo un continente para los sancarlinos, fue lanzado en un año bisagra para el grupo fundado por el fallecido Mario Gutiérrez. Ante la deserción de buena parte de sus compañeros, el guitarrista eligió perseverar. Su porfía, que duró más de 50 años de carrera, legó unas cuantas canciones al repertorio de la música popular chilena y, por qué no, latinoamericana.



Ocurrió en San Carlos, un pueblo instalado a casi 400 kilómetros al sur de Santiago, hoy con poco más de 50 mil habitantes. Dos estudiantes del liceo público, el fallecido Mario Gutiérrez y su compañero Cristián Blasser, dieron forma a un grupo de rock que escribía canciones de amor sufrido para tocar con bajo, guitarra, teclado y batería.

La formación la completó el inspector del recinto, Sergio Rojas, y el primer cantante del conjunto, otro ex liceano que se convertiría en una de las mejores voces de la música popular chilena: Germaín de la Fuente.

Nacían Los Ángeles Negros, una banda de rock con un cantante de boleros.

Los Ángeles Negros

Quizás mañana brille el sol

1969 sería el año clave para un grupo marcado por la deserción y la perseverancia de sus miembros. Tras un primer disco publicado al alero del sello Odeón —Porque te quiero (1969)—, en Los Ángeles Negros solo quedaban Germaín de la Fuente y Mario Gutiérrez. El resto de músicos abandonó el proyecto para seguir sus estudios o por trabajo.

Así, un día de ese mismo año, encerrados en el estudio de EMI en la calle San Antonio de Santiago, se reunieron por primera vez los cinco nombres de la formación más célebre del conjunto: de la Fuente (voz), Gutiérrez (guitarra) y los recién integrados Jorge González (órgano), Luis Ortiz (batería) y Nano Concha, el responsable de que las síncopas de James Brown sonaran en los bajos de Los Ángeles Negros.

Juntos registraron una de las grabaciones más importantes de la música chilena, el álbum Y volveré (1969). Aquel segundo disco del grupo confirmó un repertorio de canciones de amor sufridas y dramáticas como “Cómo quisiera decirte” y el sencillo “Y volveré”, la adaptación del francés Alain Barriere y su tema “Emporte-moi” a la que Germaín le cambió la letra.

Varios años después, en abril de 2008, la edición chilena de la revista Rolling Stone situó al segundo álbum de Los Ángeles Negros en el séptimo lugar dentro de los 50 mejores discos chilenos de todos los tiempos.

Allí se lee: “Las estremecedoras canciones de amor, cantadas por la impresionante voz de Germaín de la Fuente, bastan para que Y volveré se alce como uno de los discos imprescindibles de la música popular chilena”.

Murió la flor

Más de alguien los llamó “cebolleros”, explica el documental Ángeles Negros (2007) de Pachi Bustos y Jorge Leiva, aunque de manera despectiva.

Tal vez ese elemento, predominante en la balada latinoamericana —dominada entonces por nombres como Sandro, Yaco Monti y Los Iracundos—, los llevó a girar por el continente con gran éxito en varios países de la región.

Grabaron seis álbumes, viajaron desde Argentina a México hasta que en 1974, en el techo de su popularidad, los cantos de sirena se llevaron a Germaín de la Fuente, quien dejó el grupo y se instaló en México como solista.

Ahí, por así decirlo, la historia se partió.

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Los Ángeles Negros

Establecidos todavía en Chile, Los Ángeles Negros, ahora liderados por su fundador Mario Gutiérrez, decidieron seguir adelante contra viento y marea. Sumaron al cantante mexicano Ismael Montes y siguieron girando por el continente americano con temas emblemáticos como “Murió la flor”, “Tanto adiós” y “El rey y yo”, compuestas por gente como Scottie Scott, Orlando Salinas y Osvaldo Geldres.

Casi una década después, con varias formaciones y nuevos cantantes —solo Gutiérrez y Concha siguieron en pie de guerra—, el grupo se estableció en México en 1982, en un devenir complejo y detallado por el libro Cómo quisiera decir: la historia de Los Ángeles Negros (RIL, 2014), de Pablo Gacitúa.

“Se fue la fama, tocaron en parrilladas, debieron interpretar cumbias, y don Mario siempre estuvo ahí. Su deceso llega cuatro meses después de Luis Astudillo, su compañero en la batería por más de 40 años”, comentó en Twitter el periodista musical Sebastián Cerda.

“Atrás, con patillas, camisa desabotonada. Mario Gutiérrez fue el fundador y el que persistió con Los Ángeles Negros hasta el final. Incluso en las peores épocas, ya sin Germain”, apunta el crítico musical Mauricio Jürgensen en Instagram.

Hoy, con Mario Gutiérrez muerto a los 71 años, según informaron sus hijos por complicaciones derivadas del Covid-19, Los Ángeles Negros vuelven a romperse. “Cuando la gente no nos dé el aplauso sincero que nos está dando en este momento, yo creo que va a ser el momento de colgar la guitarra y decir hasta aquí llegamos”, dice el músico en el citado documental. Pero, aunque Mario Gutiérrez nunca haya colgado su guitarra en 52 años de historia, sus canciones tampoco dejarán de sonar.

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