Thomas Mann: viaje por un clásico redescubierto

Las obras cruciales del fundamental Nobel alemán, como La muerte en Venecia, La montaña mágica o Los Buddenbrook, han sido reeditadas en el último tiempo y para agosto se espera la llegada a Chile de sus cuentos completos. En Culto, reflexionamos sobre el impacto de su obra de la mano de 3 críticos literarios.



Cuando Susan Sontag no era la fundamental escritora que fue, sino una chica de 14 años que vivía en el sur de California, tuvo un amigo, Merrill, con quien compartía el amor por los libros. Por esos días de 1947 –según recordó ella misma 40 años después en un artículo para el New Yorker– su ídolo absoluto era Paul Thomas Mann. “Yo acumulaba dioses. Lo que Stravinsky era para mí en música pasó a serlo Thomas Mann en literatura”, anotó.

Con las hormonas rebalsando a mil, un libro que la marcó fue La montaña mágica. “Durante un mes el libro fue donde viví. Lo leí casi de un tirón, con un entusiasmo que prevalecía por sobre mi deseo de ir más despacio y saborear”, comentó. Como el fanatismo es contagioso, Merril también acabó por leer el mamotreto y luego lanzó la idea: ya que Mann por entonces vivía en California adonde había llegado huyendo de la Alemania nazi, ¿por qué no ir a verlo? A Sontag le pareció una locura, pero su amigo, impasible, tomó el auricular, buscó el número del germano en la guía y llamó. “Dije que éramos dos alumnos del colegio secundario que habíamos leído los libros de Thomas Mann y queríamos conocerlo”.

Muerta de vergüenza, la futura autora de Sobre la fotografía, se vio arrastrada a encontrarse con su ídolo. “Recuerdo su gravedad, su acento, su hablar lento y pausado: nunca había oído a nadie hablar con tanta lentitud –recordó Sontag–. Dije cuánto me gustaba La montaña mágica. Dijo que era un libro muy europeo, que retrataba los conflictos más profundos de la civilización europea”.

Publicada en 1924, Der Zauberberg, o en castellano La montaña mágica, fue la tercera novela de la trayectoria de Thomas Mann y se convirtió en uno de los clásicos más relevantes de su autor. Hasta el año pasado, se le encontraba en castellano a través de la editorial Edhasa. En enero del 2022 la novela fue reeditada en el sello Debolsillo, del gigante Penguin Random House.

Pero esto viene de antes, ya que el sello también reeditó La muerte en Venecia, en 2020. Luego, en marzo de 2022, y no conformes con La montaña mágica, Debolsillo también reeditó Los Buddenbrook, original de 1901, la primera novela de Thomas Mann. Incluso, el redescubrimiento de su trabajo no terminará ahí, próximamente a Chile arribarán sus Cuentos completos, con fecha estimada para agosto.

Es un privilegio poder presentar al público chileno las nuevas ediciones de Thomas Mann bajo el sello Debolsillo y con precios muy adecuados –señala a Culto Melanie Josch, directora Editorial de Random House en Chile–. La de Mann es una obra imperecedera por lo que supo explicar de la condición humana y por su estilo refinado y único, por lo que logró reflexionar sobre la muerte, la enfermedad, la estética, la política, entre otros temas fundamentales”.

Tanto La montaña mágica como Los Buddenbrook son parte del corpus que en 1929 le significó ganar el Premio Nobel de Literatura. De hecho, en la ocasión la Academia Sueca justificó la elección “principalmente por su gran novela Los Buddenbrook, que ha ganado un reconocimiento cada vez mayor como una de las obras clásicas de la literatura contemporánea”.

Mann a tres voces

¿Por qué la obra de Thomas Mann trascendió tanto? Consultados por Culto, un grupo de críticos literarios se refiere al germano. Camilo Marks Alonso señala: “Trascendió mucho en su época, sobre todo por Los Buddenbrook, que fue una especie de libro de cabecera de las familias alemanas por décadas y que incluso fue el texto mencionado expresamente cuando a Mann se le dio el Nobel. Tengo la impresión de que después, pese a ser un autor magistral, se ha convertido en una especie de fósil”.

Por su parte, Pedro Gandolfo comenta: “Desde mi perspectiva, Thomas Mann fue uno de los autores que logró introducir en la narrativa, con bastante equilibrio, el ensayo, la meditación y el pensamiento. Esta tendencia fue común en las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. La manera que planteó Mann para lograr esa fusión abrió un camino a otros escritores hasta hoy”.

El crítico literario de La Tercera, Matías Rivas, señala: “Es uno de los grandes genios de la literatura, de los últimos 2 o 3 siglos. Depende de la época, algunos libros son más leídos que otros. Es un escritor de una complejidad tan amplia que tiene aristas para cada momento de la historia. Posiblemente por su universalidad, da espacio para que mucha gente encuentre momentos significativos. Cada uno tiene su propio Thomas Mann”.

Curiosamente, pese a esa variedad de aristas, los críticos coinciden que una buena puerta de ingreso a su obra es La muerte en Venecia. “Es un relato breve pero substantivo y sugerente. Precisamente allí, encarnada en Aschembach, hay una reflexión poderosa de la relación entre la belleza y la muerte”, dice Gandolfo. “Es un libro magnifico, escrito de manera espléndida –señala Matías Rivas–. También hay otro que se llama Tonio Kröger, que es una novela breve, de iniciación. Recomiendo empezar por esas novelas breves y después lanzarse a Los Buddenbrook, una buena novela larga, y de ahí seguramente La montaña mágica. Ese es el recorrido que yo haría”. Camilo Marks destaca: “La muerte en Venecia, Las confesiones del estafador Félix Krull, u otras novelas breves”.

Apuntes sobre La montaña mágica

Por supuesto, los críticos tuvieron también palabras para el libro que escandiló a la joven Susan Sontag, La montaña mágica, la historia del joven ingeniero Hans Castorp, quien va a visitar a un primo a un sanatorio en los Alpes suizos, pero enferma y termina quedándose. En el lugar conocerá a una serie de personajes que le irán redefiniendo su visión de mundo. Entre ellos, el excéntrico y arrogante italiano Settembrini, el contemplativo profesor de latín Leo Naphta, y sobre todo, la engimática Clawdia Chauchat, quien termina por removerlo en su fibra más íntima.

Me sigue pareciendo una novela magnífica –dice Camilo Marks–. Y destacaría dos pasajes, ambos protagonizados por Hans Castorp, el héroe: cuando esquía solo y se enfrenta al infinito y aquella ocasión en la que, también solo, escucha la primera versión discográfica de la ópera Aída y piensa en el absurdo de que situaciones horrendas sean acompañadas por música de belleza indescriptible (en este caso, el encuentro de Aída con Radamés en una tumba)”.

Por su lado, Pedro Gandolfo indica: “La montaña mágica es la culminación y, a la vez, la obra más difícil de Mann. Me parece notable la lectura alegórica que se abre y cuyas resonancias permanecen vigentes. A la vez, esa lectura no se logra reduciendo a los personajes a figuras abstractas sino que construye personajes vitales, encarnados, inolvidables y un escenario –el sanatorio de Davos– con una corporalidad tangible y, a la vez, tan adecuado al drama que quiere poner en escena: la batalla entre la enfermedad y la salud, la vida y la muerte, el dejarse morir en vida en una existencia muelle o bien vivir con vigor pero con riesgo e incertidumbre”.

Matías Rivas señala: “Creo que es un libro que hay que leerlo en la vida, es bueno. Al igual que Los hermanos Karamázov, de Dostoievski, son novelas que contienen ideas, mucha reflexión, entonces la tensión narrativa no es tan importante. Es una novela filosófica, muy de época, donde reflexiona sobre diversos temas. Es una parte de Thomas Mann que uno no se puede saltar. Es para un determinado tipo de lector que busca discutir con el autor. Es una experiencia por la extensión, marca mucho a cierto lector adolescente, te hace pensar, no es lo mismo con otras novelas que uno dice qué maravillosa es esta historia”.

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