Eleanor Marx: la trágica pionera del feminismo socialista

Eleanor Marx, la hija menor de Karl Marx.

Lectora de Shakespeare y traductora de Ibsen y Flaubert, la hija menor de Marx fue una audaz feminista y militante del socialismo. Dirigió huelgas. Abogó por los derechos de los y las trabajadoras. Y tuvo un triste final.



De niña leía a Shakespeare con su padre. A los siete podía expresarse en inglés, francés y alemán. A los ocho Eleanor Marx escribió una carta al presidente Abraham Lincoln. De ojos oscuros y expresivos, amaba el teatro y la poesía, pero creció respirando el socialismo histórico junto a Karl Marx y su tío Federico Engels. El padre del marxismo solía decir que sus dos hijas mayores -Laura y Jenny- se parecían a él, pero Tussy, como la llamaba por su amor por los gatos, “soy yo”.

Nacida en Londres en 1855, la hija menor de Jenny von Westphalen y Karl Marx heredó la vocación política del padre, su fe en el socialismo y su indignación ante las injusticias sociales, pero le añadió un fuego propio: la perspectiva feminista. “Eleanor Marx cambió el mundo y al hacerlo se revolucionó a sí misma”, escribió Rachel Holmes, su biógrafa.

Feminista, socialista y sindicalista, estudiosa de Shakespeare, traductora de Flaubert y de Ibsen al inglés, Eleanor Marx fue prácticamente olvidada durante el siglo XX. Eclipsada por la figura monumental de su padre, su historia se tiñó también con su trágica muerte: en 1898, eventualmente tras discutir con Edward Aveling, el hombre que había sido su pareja por 14 años, se suicidó.

A más de 120 años de su muerte, su obra es aún desconocida, pero resulta “esencial al examinar la historia de las ideas de los últimos siglos, e imprescindible para enriquecer discusiones fundamentales de la actualidad”, afirma la escritora chilena Alia Trabucco en el prólogo de ¡Siempre adelante!, un volumen de artículos políticos, discursos, ensayos literarios y correspondencia inédita en español. Paralelamente, el streaming la rescata también: la plataforma Mubi exhibe Miss Marx, filme biográfico de Susanna Nicchiarelli, cineasta y doctora en filosofía.

El libro, recién publicado por el sello local Banda Propia, recoge textos que abarcan 15 años de su vida, desde 1883, cuando conoce a Edward Aveling en el Museo Británico y hasta 1897. En ellos se ocupa de los dos grandes problemas políticos que le preocupaban: los derechos de las mujeres y los derechos de los trabajadores. A su vez, incorpora una selección de cartas de 1867 a 1898, a sus padres, hermanos y a Aveling, incluyendo su nota de muerte.

“Tussy y El Capital crecieron juntos; su padre escribió el primer volumen durante la primera década de su vida”, afirma la biógrafa Rachel Holmes.

Imagen del filme Miss Marx, de Susanna Nicchiarelli.

Eleanor fue la única de las hijas que nació en Londres. Después de publicar El manifiesto comunista, en 1848, Marx y su familia llegaron a Inglaterra, huyendo de las hostilidades que habían vivido en Alemania y Francia.

Aunque el filósofo esperaba un niño, Tussy se volvió su hija favorita. Mientras crecía, entre lecturas de Darwin, Rousseau y Dickens, Eleanor ofició como secretaria y asistente de Marx: transcribía sus notas, buscaba información en el Museo Británico y organizaba sus papeles. También participó en sociedades literarias, tradujo Casa de muñecas de Ibsen y Madame Bovary, una versión que se utilizó hasta los años 50 del siglo XX.

Tras la muerte de su padre en 1883, Eleanor se ocupó junto a Engels de la traducción del Capital al inglés, así como de ordenar su legado. En la sala de lectura del Museo Británico, centro de encuentro de jóvenes libre pensadores, conoció a Edward Aveling, el hombre que marcó su vida emocional.

Mujeres y trabajadoras

Profesor darwinista, admirador de Marx y amante del teatro, Aveling tenía una personalidad carismática que atrajo a Eleanor. Rápidamente se hicieron pareja. Aunque nunca se casaron, se hacían llamar marido y mujer. Juntos firmaron numerosos textos, si bien los estudiosos postulan que la verdadera autora era ella. Entre estos, La cuestión de la mujer desde el punto de vista socialista, ensayo recogido en la presente edición.

“Como todo en nuestra compleja sociedad moderna, la posición de la mujer descansa sobre una base económica”, escribió allí. Al igual que los trabajadores, ellas también están en situación de opresión por el capitalismo. De este modo, “para las mujeres, como para las clases trabajadoras, no hay solución para estas dificultades y problemas en la condición actual de la sociedad”.

En ese artículo fue más allá y planteó ideas audaces en contra de la moral victoriana: “A medida que nuestros niños y niñas crecen, todo el tema de las relaciones sexuales se convierte en un misterio y una vergüenza. Esta es la razón por la que se les genera una curiosidad indebida y nociva”. Agregó: “A nosotros nos parece que los órganos reproductores deben ser discutidos con tanta franqueza y libertad entre padres e hijos como los digestivos”.

Para Eleanor Marx la lucha por los derechos de las mujeres estaba íntimamente vinculada a los derechos de los trabajadores. En ese aspecto, mantuvo una controversia pública con Belfort Bax, figura del socialismo británico, admirador de Marx y crítico del feminismo. Bax sostenía que la legislación solía favorecer a las mujeres y niños a expensas de los hombres.

“Es el problema de los sexos y sus bases económicas lo que propuse discutir con usted. El llamado problema de ‘los derechos de la mujer’ (que parece ser el único que usted entiende) es una idea burguesa. Propuse discutir el problema de los sexos desde el punto de vista de la clase trabajadora y la lucha de clases”, escribió ella.

En una nueva discusión con Belfort Bax a propósito de una crítica de este último a la idea de que la mujer era “una proletaria en casa”, como planteó la feminista alemana Clara Zetnik, Eleanor Marx escribió: “El capitalismo aún no ha inventado la maquinaria doméstica, a la vez que no ha domesticado al marido desempleado hasta el punto de hacerle cuidar de la casa y los niños, y así liberar a su esposa de una parte de la carga”. La mujer “bajo nuestro régimen capitalista, es una doble proletaria: tiene dos tipos de trabajo que hacer, el trabajo de productora e la fábrica y el trabajo de empleada, esposa y madre en la casa”.

La última palabra

Intelectualmente preparada, gran oradora y escritora, Eleanor era sobre todo una mujer de acción. Apoyaba el internacionalismo, estuvo en Francia y recorrió Estados Unidos más de un año abogando por los derechos de los trabajadores manuales. Dirigió huelgas obreras, especialmente dos de ellas fueron gravitantes: la huelga portuaria de Londres, que paralizó el transporte marítimo de la ciudad, y la huelga de los peladores de cebolla, en la que logró sindicalizar a 400 mujeres y le doblaron la mano a los empresarios que intentaron sobornar a las trabajadoras.

Ambos paros son considerados hitos en la historia del movimiento obrero británico.

En Edward Aveling, Eleanor encontró un compañero entusiasta, un agitador comprometido con el socialismo y un irresistible embustero. Para Georges Bernard Shaw, era un “sinvergüenza agradable... un tipo bastante agradable que habría ido a la hoguera por el socialismo o el ateísmo, pero sin ninguna conciencia en su vida privada. Sedujo a todas las mujeres que conoció y tomó prestado de todos los hombres”.

La feminista que luchaba por los derechos de la mujer trabajadora sufría también en casa: “Estoy en medio del ‘lavado y la limpieza’ mientras Edward no se encuentra, y estoy hasta el cuello con todo tipo de trabajos (¡ninguno bien remunerado, por Dios!)”, le escribió a su hermana Laura en 1885.

A menudo Aveling dejaba a Eleanor durante semanas, viajaba con su dinero, herencia de Engels, y lo malgastaba. Pedía préstamos a su nombre. Ella solía perdonarlo y tolerar sus infidelidades, pero su última deslealtad la derrumbó: Edward se casó con otra mujer a sus espaldas.

En esa soledad, Eleanor encontró un confidente en Frederick Demuth, “Freddy”, el hijo de Helen Demuth, la empleada de la casa familiar. Para ella Freddy era un hermano. En su lecho de muerte, Engels le confesó que Freddy era realmente su hermano: había nacido de una infidelidad de Marx con Helen.

“¡Mi querido Freddy! Si puedes, ven esta noche. Me avergüenza molestarte, pero estoy muy sola y me enfrento a una situación espantosa: la ruina total, todo, hasta el último centavo, la desgracia ante todo el mundo (...) Estoy destrozada”, escribió ella en septiembre de 1897.

Aveling también se enteró del secreto en torno a Marx y Freddy. Algunos biógrafos especulan que tal vez quiso extorsionar a Eleanor: dinero a cambio de silencio. O trató de presionarla para quedarse definitivamente con su patrimonio.

El hecho es que Edward y Eleanor discutieron la mañana del 31 de marzo de 1898. Ella envió a su joven empleada al farmacéutico con una receta de ácido prúsico. Era una tarde invernal y fría. Eleanor se puso un vestido blanco de verano, que ella misma había almidonado, y tomó el veneno. Encontraron una nota que se publicó el 9 de abril: “Querido. Ya pronto todo terminará. Mi última palabra para ti es la misma que dije durante todos estos largos años: amor”.

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El análisis se basa en 489 estudios de poblaciones de hormigas que abarcan todos los continentes donde habitan estos insectos.