Por Gonzalo ValdiviaBrendan Fraser: “En mi opinión, actuar es difícil desde cualquier perspectiva”
El ganador del Oscar encarna al general Dwight D. Eisenhower en El Día D: Bajo Presión, drama de guerra sobre la tensa antesala del Día D, que llega este jueves 6 a cines nacionales. Un filme que le exigió una estricta preparación y que le permite reflexionar sobre el estado del mundo. “(Eisenhower) creía en la persona que tuviera la mejor idea, porque era un excelente líder”, indica.

En una trayectoria plagada de movimientos zigzagueantes, de idas y vueltas, Brendan Fraser (Indianapolis, 1968) disfruta de uno de sus capítulos más estables y eclécticos.
A los 57 años, un día se permite interpretar a un policía corrupto en una comedia (Hermanos), al día siguiente encarna a un actor estadounidense en Japón que acepta trabajar para una agencia de “familias de alquiler” (Familia en renta) y después narra un documental (Leones marinos de las Galápagos). Y todo lo hace con la solvencia propia de quien finalmente resolvió el rompecabezas de la actuación.

A la estrella de la saga La momia lo que menos le falta es trabajo. Y tampoco le falta apetito. Ahora, en uno de los mayores retos de sus más de tres décadas de carrera, se pone en la piel de Dwight D. Eisenhower en una época anterior a que se convirtiera en el presidente número 34 de Estados Unidos. Un rol intimidante que difícilmente habría llegado a sus manos de no ser por el enorme impulso otorgado por La ballena (2022), la emotiva película por la que ganó el primer Oscar de su trayectoria y que devolvió su nombre en las grandes ligas.
“En mi opinión, actuar es difícil desde cualquier perspectiva”, apunta Fraser a Culto a través de videollamada. Enseguida se apura en agregar: “Para este personaje se requeriría un estudio profundo y una comprensión de la historia de este personaje histórico”.
Debido al trabajo de su padre, un funcionario del servicio exterior y diplomático canadiense, Fraser vivió parte de su infancia en Países Bajos. Recuerda que obtuvo valioso aprendizaje a partir de sus viajes a Londres y sus visitas al Museo Imperial de la Guerra. Sin embargo, ignoraba la historia que narra El Día D: Bajo presión, el filme que debuta este jueves 6 en cines chilenos.
El actor se pone en la piel de Eisenhower en un momento muy específico: en las 72 horas previas al Día D, un momento en que los Aliados estudian con meticulosidad cuándo desembarcar en Normandía e iniciar su ofensiva contra la Alemania nazi. Nombrado Comandante Aliado Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias, es capaz de escuchar a los expertos que le entregan información trascendental en torno a las condiciones meteorológicas antes de elegir el mejor momento para arremeter en Europa continental. No sólo está en juego su fama como estratega militar, sino que el futuro del planeta.

Basado en una obra de teatro de David Haig (y con un guión “escrito de manera inteligente”, destaca), el largometraje del australiano Anthony Maras es un drama de guerra que transcurre en un solo lugar, en el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF, por sus siglas en inglés). Los tiempos del lanzamiento de la Operación Overlord dependen en gran medida del análisis que completen dos meteorólogos, el escocés James Stagg (Andrew Scott) y el estadounidense Irving P. Krick (Chris Messina). Ambos tienen opiniones opuestas sobre la idoneidad del 5 de junio de 1944 como la mejor fecha para emprender esa arremetida.
“Afortunadamente, tengo acceso a excelentes materiales de investigación, más de los que podría haber asimilado. Sin embargo, sí me quedé con lo que consideré más importante para interpretar el personaje. Y para interpretar a Ike Eisenhower ese fin de semana en particular, las decisiones que tuvo que tomar debían surgir de una honestidad emocional”, sostiene.
El intérprete estudió con especial meticulosidad un episodio histórico que “salió trágicamente mal” y que ocurrió apenas unas semanas antes: la Operación Tigre, el nombre en clave que se le asignó a un ejercicio militar realizado en Slapton Sands en abril de 1944 para preparar el desembarco de Normandía. La misión terminó con la vida de 749 soldados estadounidenses.
“No es nada de lo que enorgullecerse, pero es un hecho que permanece que fue Dwight Eisenhower quien dio la orden de enviar munición real para endurecer a las tropas, porque eran novatas, para que comprendieran realmente lo que sería desembarcar en la playa de Utah, aunque sólo estaban ensayando en una playa de Inglaterra. Esa trágica cifra de muertos no pudo no haber estado en su mente ese fin de semana antes del Día D”, reflexiona.

Aunque no es necesariamente su responsabilidad entender a esos personajes, Fraser pone en relieve el papel que desempeñaron James Stagg y Irving P. Krick, dos figuras cuya importancia se ha revitalizado gracias a la obra en que se basa la cinta y a la propia El Día D: Bajo presión.
“Todas las conversaciones que se desarrollaron durante ese fin de semana debieron ser tensas e intensas. Sin embargo, de no ser por la valentía del suboficial James Stagg, que se mantuvo firme y le dijo la verdad a los poderosos... También les informó que habría una ventana de entre 10 y 12 horas, la mañana del martes siguiente, en la que el tiempo se calmaría un poco, las olas no serían tan altas, habría menos nubes que ocultar para que la Fuerza Aérea pudiera alcanzar sus objetivos”, detalla.
La otra opción, advierte, habría sido “no haber ido en absoluto y esperar dos semanas, cuando el enemigo sabría que se acercaban, entre otras muchas razones. Y eso, sin duda, habría cambiado el curso de la historia”.
-¿Cómo analiza el peso que tenía Eisenhower sobre sus hombros en ese momento? ¿Cómo lo interpretó?
En su condición de Comandante Aliado Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias, Ike Eisenhower tuvo que tomar la decisión, asumir la responsabilidad y enviar a esos 300 mil soldados al otro lado del mar, a lo que ya sabían que era una lucha a muerte, además de la tormenta. Desde el punto de vista de la actuación, era un papel muy difícil de interpretar. Pero, sin duda, como persona me hizo reflexionar mucho sobre su estado mental, sabiendo cuánto se preocupaba por esos soldados y su bienestar, y sabiendo, como todos lo hacemos, que basta con ver las fotos de archivo de la 101.ª División Aerotransportada antes de su partida esa tarde para verlo claramente entablando un diálogo cordial y directo, estrechando la mano de estos soldados, consciente de la terrible estadística de que muchos no regresarían. Y ellos, a su vez, se sentían obligados por el deber y también se alegraban de verlo. Era un respeto que no impuso, sino que se ganó. Y él hablaba de pesca con mosca, de jugar a las cartas, de chicas, de comida basura, de cualquier cosa. Pero también tuvo que haber visto en los ojos de ellos los ojos de su propio hijo que tenía 20 y tantos años.

-¿Cómo cree que esta historia resuena en el mundo actual?
Sabía que esta iba a haber una película que desafiaría nuestra casi complaciente sensación de comodidad cuando vemos estas cosas y sabemos que hoy tendremos que llevar un paraguas o usar protector solar. Hay que tener en cuenta que en 1944, durante ese fin de semana, no existía nada de eso. La predicción del tiempo se realizaba mirando a través de la ventana. La predicción del tiempo era una ciencia relativamente nueva. Las lecturas de presión barométrica se tomaban con globos. Y había reticencia y vacilación al respecto. Pero la verdad es que Ike (Eisenhower) creía en ellas. No era un experto, nunca pretendió serlo, pero creía en la persona que tuviera la mejor idea, porque era un excelente líder y estaba informado de la decisión que tomó.
El actor reflexiona: “No puedo imaginar la versión de ciencia ficción del mundo en el que vivimos ahora si ese día (no hubieran tenido éxito) esos jóvenes hombres y mujeres que pusieron sus botas en las playas de Normandía y continuaron durante la Batalla de las Ardenas y terminaron ese conflicto prevaleciendo sobre la tiranía y el nazismo. ¿Cómo sería nuestro mundo hoy?”.
Ligereza y aplomo
Proveniente de una escuela diferente (se formó entre Dublín y Londres), el actor irlandés Andrew Scott valora una particularidad en el despliegue de Brendan Fraser, su compañero de escenas en El Día D: Bajo presión.

“Supongo que lo que me sorprendió fue lo ligero y cómico que puede ser”, indica a Culto en una entrevista diferente, resaltando una capa que tal vez costaría ver si únicamente se analizara la seriedad con la que Fraser se tomó su personaje y el material en el que se basa su último filme (ha comentado que escuchó podcasts y leyó hasta que “me dolieron los ojos”).
“Creo que precisamente ese es el gran don de Brendan: su capacidad para transmitir ligereza y afabilidad. Creo que depositamos mucha confianza en Brendan cuando lo vemos en pantalla”, explica Scott, quien asume el papel del meteorólogo escocés de la trama y nunca había compartido set con el ganador del Oscar.
El actor de Fleabag considera que para representar “un personaje tan icónico” como Dwight D. Eisenhower “necesitas a alguien con quien el público sienta que estuvo de su lado desde el principio. Y él lo consigue con aplomo”.
Quizás esa sea la combinación que permite que Fraser salga airoso del reto de encarnar al militar y político estadounidense: su capacidad para lucir cercano e imponente mientras se vive una carrera a contrarreloj y está en juego no sólo el destino de los Aliados, sino que el del mundo entero.

El Día D: Bajo presión probablemente encontrará su audiencia, pero quizás el gran reencuentro de Fraser con el público masivo está en proceso de cocción. Para el 19 de mayo de 2028 está programado el estreno de la cuarta parte de La momia, donde volverá a coincidir con Rachel Weisz.
Aún falta para el inicio del rodaje, pero ha dado múltiples pruebas de que tiene el ímpetu y el carisma para volver a ser Rick O’Connell. Y que será tan riguroso como al dar vida a Eisenhower.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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