Por Gonzalo ValdiviaAlba Gaviraghi: el vuelo de una nueva voz del cine chileno
Destacada productora de películas de Ignacio Agüero, Diego Céspedes y el colectivo MAFI, fue seleccionada por el Festival de Venecia 2026 con Una fortaleza, su primer cortometraje como directora, y prepara el estreno de Hijas únikas, su ópera prima. Ambos filmes se inspiran en sus vivencias como estudiante de un liceo de niñas. “La política ha cambiado demasiado como para que siga siendo el mismo cine político”, indica a Culto.

Poco antes de la pandemia, Alba Gaviraghi (Santiago, 1992) tuvo un sueño que mezclaba drones y una toma estudiantil muy parecida a la que vivió en el año 2008, cuando estaba en 2° Medio en el Liceo 7. Las imágenes revividas por ese sueño –pernoctar en la sala de clases, hacer turnos con sus compañeras, recibir cigarros y dulces de su mamá a través de una reja– se quedaron con ella y la impulsaron a escribir un guión.
Ese proceso creativo dio como resultado Una fortaleza, su primer cortometraje como directora y guionista, que acaba de ser seleccionado por la 83° edición del Festival de Venecia, que se celebrará entre el 2 y el 12 de septiembre. Protagonizada por un elenco con varias caras nuevas, la cinta de 14 minutos sigue a Antu (Antonia Pereira), una joven que debe decidir si continuar participando en la movilización junto a sus compañeras o volver a casa junto a su mamá (Francisca Gavilán).

Graduada de la Universidad de Chile en 2016, Gaviraghi ha tenido una destacada trayectoria en la producción del cine local de la última década (los cortos Sigo acá y El verano del león eléctrico; Nunca subí el Provincia, de Ignacio Agüero). También integró los equipos de MAFI y Fidocs, y participó como productora ejecutiva en desarrollo de La misteriosa mirada del flamenco, la película de Diego Céspedes premiada en el Festival de Cannes 2025.
Con Una fortaleza se sitúa por primera vez en la dirección. En entrevista con Culto, reconoce que al principio tuvo miedo de dar ese paso. “Dirigir implica detener tu carrera de productora al menos durante un tiempo. Fue difícil tomar la decisión”, señala sobre una encrucijada que resolvió en 2019, cuando tuvo el mencionado sueño y se le generó un espacio de tiempo para emprender una aventura propia (también es productora y montajista del cortometraje).
La realizadora cuenta que postuló varias veces al Fondo Audiovisual, sin éxito. En tres ocasiones los comités evaluadores cuestionaron que “le faltaba el discurso político” y “no se entendía por qué las chicas estaban en la toma”. Admite que intentó incorporar ese consejo, pero no llegó a puerto. Finalmente, en una cuarta postulación –en que mantuvo su concepto original–, se adjudicó el apoyo de la instancia otorgada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Con su mezcla de elementos de diferentes épocas –vestuario propio de los 80 o 90, un dron–, Una fortaleza juega con la temporalidad y se detiene en retratar las dinámicas que ella misma vivió hace casi dos décadas.
“La mayor parte del tiempo no estábamos hablando de política. Hablábamos de cómo estaba cada una, de quién se llevaba bien o mal con quién, de los papás, de las carreras. Se daba una interna que distaba mucho de, por ejemplo, una película francesa donde se desenvuelve la teoría política en todo momento”, indica.

-Más allá de lo que propone en Una fortaleza, ¿siente alguna afinidad con el cine político más tradicional?
El cine político me encanta, pero creo que la política ha cambiado demasiado como para que siga siendo el mismo cine político. Hoy por hoy la política es algo completamente nuevo y el cine político tiene que renovarse con ello. La política ahora se hace desde los celulares, vuelven las ultraderechas... Si antes uno veía el apretón de manos entre presidentes, ahora son peleas en Twitter. Todo es una desvirtuación total de lo que entendíamos como política y por ende el sujeto social y el sujeto político cambian. Y ante eso también tiene que cambiar el cine que acoge esa política. No puede seguir siendo discursivo, teórico, francés. Tiene que habitar otras formas.
-¿Qué particularidades del corto cree que gustaron al Festival de Venecia?
Yo creo que algo que les puede haber gustado a Venecia es este nuevo acercamiento a la política latinoamericana, desde un lugar más corrido, más ambiguo. Y también que tiene un toque de cine de género. En general este tipo de festivales que tienen un poquito más de riesgo en sus propuestas autorales se están inclinando a que haya obras que tengan algo más de género. Y yo, sin darme cuenta, siento que la pieza tiene una tensión casi trileresca, con el dron, con el encierro, con las miradas, con el miedo al desalojo. Se genera una especie de tensión que está más cerca del thriller que del coming of age. Pienso que quizás eso les pareció atractivo.

La cinta de una vida
Alba Gaviraghi llegará con un doble fin a Venecia: acompañar el estreno mundial de Una fortaleza y buscar nuevos acuerdos para Hijas únikas (sí, con k), su primer largometraje como directora. A diferencia del corto, es una historia que ha querido contar durante gran parte de su vida: se basa en experiencias propias y recoge vivencias de su familia y amigos.
Filmada entre mayo y junio de 2025, gira en torno a Antonia (Antonia Pereira, la misma protagonista de Una fortaleza), una joven de 16 años que necesita obtener el permiso de su padre ausente para su gira de estudio a Argentina. Con las protestas estudiantiles de 2006 como telón de fondo, la joven vive un periplo en el que se reencuentra con una media hermana a la que no conocía y redescubre el vínculo con su mamá.
“Aún estamos buscando estreno internacional, pero queremos que llegue pronto a los festivales y salas nacionales, porque a Equeco y a mí nos interesa sobre todo la recepción del público chileno. Hijas únikas es una película muy chilena. Entre los Pokemones, la Revolución Pingüina, los Papitos Corazones, esperamos que invite a un reencuentro generacional que dé para hablar y reflexionar harto acá con su público. Terminamos hace poco el montaje y el plan es finalizar la postproducción también pronto”, detalla.

-Hacer un coming of age siempre parte desde un lugar nostálgico. ¿Se considera una cineasta nostálgica?
Quizás el ejercicio para llegar a la idea tiene algo de nostalgia. Pero a la hora de poner esa idea en la puesta en escena, no me interesa transmitir nostalgia. Por eso el corto tiene ese juego con la temporalidad. Y si bien en el largo hay cosas de 2006 que generan mucha nostalgia –el reggaetón, el Fotolog– está narrado desde la acción continua de un personaje que está viviendo su presente. Las dos películas contienen una perspectiva muy adolescente desde dentro; no se miran a sí mismas con nostalgia. No quiero generar nostalgia, que siempre te tira al pasado. Quiero generar una reflexión sobre cómo pasado, presente y futuro pueden a veces ser lo mismo.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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