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Jorge Drexler: “Enfrentar a la canción de autor con el género urbano no tiene sentido; es una discusión tonta”

El cantautor uruguayo habla con Culto sobre los matices de su nuevo trabajo musical que ya está disponible. Con un enfoque folclórico muy arraigado a la cultura de su país, Taracá usa candombe, murga y plena uruguaya para acompañar letras sobre amor, censura, inteligencia artificial y baile.

Jorge Drexler

El pasado lunes 16 de febrero, Jorge Drexler marca presencia en el Hotel Marriott de Santiago para presentarle a la prensa su nuevo álbum: Taracá (2026), el primer disco que graba en Uruguay desde 2004 y su trabajo más reciente tras cuatro años sin proyectos musicales.

Luego de vivir muchos años en España y grabar la mayoría de sus álbumes allá, este proyecto representa no solo un regreso físico a su país de origen, sino también un involucramiento musical profundo con la cultura uruguaya. El cantante habla con Culto sobre el proceso tras el álbum que está disponible desde este viernes 13.

Con una chaqueta gris y una motivación fuerte que gana la puja contra su cansancio (el vuelo de Drexler a Santiago llegó el mismo día), el cantautor entrega todo tipo de detalles sobre el álbum y cada una de sus canciones. Uno de los puntos más relevantes que abordó fue la relación entre el disco y la muerte de su padre, que ocurrió hace dos años.

Jorge Drexler. Extraída de ELTIEMPO.com

“Tenía que reconectar”, afirma Drexler sobre su regreso a Uruguay. De ahí viene el juego de palabras folclórico y la onomatopeya que dan nombre al álbum: “Taracá” es el sonido que hace el tambor chico del candombe, manifestación cultural y musical que nace de una mezcla rítmica afrouruguaya y se define por el toque de tres instrumentos de percusión (tambor chico, piano y repique); al mismo tiempo, “Taracá” deriva de “estar acá”. Al volver a Uruguay, Drexler volvió a “estar ahí”, enlazándose de nuevo con su tierra.

Por eso, el álbum juega con diversos ritmos folclóricos uruguayos, concretados junto a grupos charrúas como Rueda de Candombe y Falta y Resto (una murga montevideana). “El disco es bien bailongo”, afirma Drexler, luego de presentar la canción El tambor chico.

Jorge Drexler

-Según este libro con las letras de sus canciones, El tambor chico empezó a componerse en 2013, luego en 2020 y se terminó en 2025. Cuando empezó a componer esta canción, ¿tenías pensado hacer un disco con las melodías que usó y con artistas de candombe?

Siempre he tenido ganas de hacer un disco de candombe. Incluso he tenido discos más candomberos, como La luz que sabe robar (1992), Frontera (1999) o Sea (2001). Escribí esta canción y no tenía dónde colocarla, porque mis discos no estaban listos para ella. No recuerdo lo que hice en el 2020, pero recuerdo que la empecé en junio del 2013 y que en el 2025 completé toda la parte de “estar acá y estar ahora”, que se centró en el “taracá”. Terminó de tener forma y descarté mucha más letra.

Lo curioso es que este disco tiene muchos ejercicios de paciencia, de decir: “esta canción no está lista todavía”. Empecé a escribir Las palabras (canción del álbum dedicada a su padre) hace muchísimo tiempo también; tuve otro intento de musicalización que no me funcionó, pero sentí que ahora podía decirla. Muchas veces no tienes el disco adecuado para poner una canción que has empezado antes. También hay un estudio de todas las cosas que había escrito en esta época, pensadas específicamente para esta situación de álbum: un disco en Uruguay, grabado alrededor de los ritmos folclóricos de Uruguay.

Drummers forming part of a group known as a "comparsa" compete by playing to the rhythm of the traditional "candombe" music, in Montevideo on February 11, 2022, during the "Llamadas" parade, one of the events that make up Uruguay's carnival -- the world's longest. (Photo by PABLO PORCIUNCULA / AFP) PABLO PORCIUNCULA

-¿Qué diferencia al Jorge Drexler de 2025, que terminó de componer Taracá, con el Jorge Drexler de Tinta y Tiempo (2022), por ejemplo?

La persona que era cuando escribí Tinta y Tiempo era alguien, como todo el mundo, que venía de un período de aislamiento (por la pandemia de COVID-19). Venía de un período de miedo, en que el mundo se había vuelto patas arriba de golpe. Tinta y Tiempo parte de premisas muy diferentes. Como no se podía viajar, fue un disco empezado y terminado en Madrid. Por el contrario, Taracá es un disco que se hace entre Montevideo, Puerto Rico y Madrid, con cosas escritas en Miami, en Ámsterdam.

Tienen en común el hecho de que, a pesar de una circunstancia dura, como puede ser una pandemia en Tinta y Tiempo o la muerte de un padre en Taracá, los dos son discos paradójicamente celebratorios. No entiendo muy bien por qué. Mi padre vivió la vida como un parque de diversiones. La vivió muy intensamente. Creo que el álbum es una celebración de la vida y de darse cuenta de que “quien celebra acierta”, en el sentido de que la pandemia te pone muy claro que la muerte está más cerca de lo que crees y que el mundo no es tan estable; que pueden pasar cosas inesperadas en él.

Jorge Drexler. Extraída de La Razón

Hay una vocación celebratoria en esta época, justo, paradójicamente, porque el mundo realmente se está yendo al carajo. Como dice Nuestro Trabajo (canción del álbum). “Se preguntarán qué es lo que hacemos acá cantándole al amor mientras el mundo se va al carajo. Pues eso es nuestro trabajo”. Nuestro trabajo es seguir haciendo canciones, a pesar de que la inteligencia artificial las haga más “perfectas”.

Inteligencia Artificial

Tal como hizo en la canción ¡Oh, Algoritmo!, Drexler también vuelve a hacer un espacio entre canciones de amor y experimentos musicales para reflexionar sobre la inteligencia artificial. En Taracá, la canción ¿Hay alguien A.I? cumple ese rol, con cuestionamientos sobre la humanidad tras la máquina y la evolución vertiginosa que ha tenido esta tecnología durante los últimos años. “Lo mejor que ha dejado la I.A ha sido obligarnos a preguntarnos qué es ser humano”, afirma el ganador del Oscar.

-¿Hay alguien A.I? no es la primera vez que aborda la inteligencia artificial en las letras de sus canciones, pero claramente vivimos una época distinta, porque cada vez evoluciona más rápido. ¿Cómo es su relación con esta tecnología?

No hay manera de no usarla. En el momento que usas el GPS, hay máquinas que están tomando decisiones de camino por ti. Pensar solamente que la inteligencia artificial es ChatGPT es muy restrictivo, porque el lugar donde escucho música me recomienda canciones (...), me recomienda posts en Instagram… estás todo el tiempo en un mundo así. Yo creo que es una herramienta, como todas las del ser humano. Tú construyes un martillo y lo puedes usar para matar a alguien o para hacer una casa.

Jorge Drexler. Extraída de Diario de Cultura

A mí me encanta el ser humano y sus inventos. Somos una especie inventora y estamos haciendo creaciones cada vez más grandes. Algunas de ellas se vuelven peligrosas, como la energía nuclear o la inteligencia artificial, y hay que ver cómo las manejamos. Espero que seamos lo suficientemente inteligentes como para saber manejar a una entidad tan poderosa que tiene más inteligencia que nosotros.

Yo personalmente la uso como quien usa una biblioteca de consulta. Hay cosas para las que me sirve mucho. Tengo hijos adolescentes con los que me gusta mucho estudiar; (...) me gusta sentarme a hacerlo con ellos y me ha ayudado muchísimo la I.A, porque clasifica muy bien la información, más aún si eres una persona que ya se ha formado y sabe darse cuenta cuando le están diciendo un disparate, porque dice muchos disparates. También puedes ir a una biblioteca y encontrar un libro que es un disparate. Ahí viene tu criterio de saber elegir. Lo más importante hoy en día es enseñarle a un hijo a discriminar la verdad de la fantasía. Parece algo muy evidente y es sumamente difícil.

Cuando escribí ¡Oh, Algoritmo!, era otro concepto. Estaba hablando simplemente de que los algoritmos te recomendaban cosas. Ahora el algoritmo tiene un diálogo contigo, hasta el punto de que empiezas a preguntarte si hay alguien humano ahí adentro. Todos sabemos que no y decimos que no, pero yo le digo “gracias” y “por favor” a ChatGPT. Mucha gente lo hace. No es simplemente por el miedo de que dentro de 10 años, cuando esté conduciendo tu coche completamente automático y tenga que elegir entre tirarte por el barranco o seguir por la carretera, se acuerde (risas), sino que lo hago porque me parece parte de la elegancia, del protocolo y de los buenos modales. Es loco tratar a una máquina con buenos modales.

Chat GPT Jonathan Raa

-¿Cree que quizás la solución para evitar una mayor amenaza sea deshumanizar la inteligencia artificial o tratar de ponerle otros tipos de límites?

No tengo ni idea. It excedes my paycheck, como dicen en Estados Unidos. (...) Nos van acorralando como seres humanos en el sentido de qué es la experiencia humana.

Lo que dice la canción: “¿qué es lo que hace a un ser, ser un ser humano?”, con esa repetición de palabras, propone una pregunta que sigue siendo igual de interesante. El hecho de que la experiencia humana sea cada vez más chica no quiere decir que no siga siendo infinita. La experiencia humana es fractalmente infinita, o sea que dentro de un marco finito sigue sin tener límites. Nuestra identidad sigue siendo enormemente compleja; lo que pasa es que nos han arrinconado. (...) Yo pienso, por ejemplo, creo que el contacto todavía es insustituible. Generar piel artificial es muy difícil. (...) Yo recomiendo mucho la visión que tiene Yuval Harari sobre ese tema.

Jorge Drexler

Puerto Rico, Bad Bunny y cruces musicales

Más allá de la conexión folclórica entre Taracá y Drexler, el cantautor explica que el proceso creativo del álbum fue internacional y generacionalmente colectivo. La producción cayó en manos de productores puertorriqueños (parte del disco fue grabada en Puerto Rico) y uruguayos, entre los cuales se encuentra Tadu Vásquez, un joven productor charrúa de 21 años. “Es como el Bizarrap de Uruguay”, afirma Drexler, sugiriendo que le tengamos puestos nuestros ojos encima.

Además, Taracá tiene colaboraciones con artistas diversos como la catalana Meritxell Neddermann y la puertorriqueña Young Miko. Drexler explica que, cuando trabajó con esta última, ella quiso alejarse del trap latino y el reggaetón, los géneros que usualmente aborda en su música. “Mi sueño era hacer un reggaetón bien sexual con Young Miko, pero ella quería lo opuesto: meterse en mi terreno”, afirma el cantante uruguayo. De ese cruce salió Te llevo tatuada, canción romántica interpretada solo con dos guitarras.

Consultado sobre su opinión sobre la música puertorriqueña, que sufrió un realce mediático por la presentación de Bad Bunny en el último Super Bowl, Drexler expresa admiración, mientras opina sobre el debate político e identitario que traen consigo estos ritmos.

-¿Cree que este nuevo auge popular de la música latina (y puertorriqueña) ha ido de la mano con un cambio en la percepción de “lo latinoamericano” en las grandes industrias angloparlantes?

Yo vengo defendiendo a Bad Bunny desde hace mucho tiempo. Cuando nos intentan enfrentar al género de la canción de autor con el género urbano no tiene ningún sentido; es una discusión tonta. Mucho antes que esto, yo tocaba una versión de Ella Perrea Sola por milonga y me encantaba, pues es una canción maravillosa.

Hago una precisión: Bad Bunny no está haciendo una demostración del mundo latinoamericano en general: está siendo súper específico en describir a su país; a la realidad de Puerto Rico, que describe desde el cañaveral hasta la marqueta y la plena. No tiene una vocación, por ejemplo, como la que tiene Residente, más latinoamericanista; sino una vocación identitaria maravillosa sobre su propia realidad. Por otra parte, dice “América somos todos”, pero con códigos muy norteamericanos.

Extraída de BBC

El ventilador hegemónico cultural lo sigue teniendo Estados Unidos. ¿Qué pasa? Igual que pasó con la música africana, que llegó a Estados Unidos y generó el blues, ese ventilador hegemónico de poder imperial que tiene Estados Unidos distribuye a todo el mundo. Así, de golpe encuentras música africana en China que en vez de llegar desde África llega desde Estados Unidos. Lo mismo está pasando ahora; encuentras música caribeña en Ámsterdam, en todas las discotecas a las que vayas, pero pasa por Estados Unidos.

No es casualidad que la salsa y el reggaetón se hayan originado en “países encrucijada”, como Panamá o Puerto Rico, donde la presencia de Estados Unidos es muy grande. Muchos de los códigos de comunicación que utiliza el reggaetón y la música urbana vienen de los códigos urbanos de la música negra afro-norteamericana también. En ese sentido, nos llevan muchísima ventaja porque América del Sur no tiene esa integración tan poderosa que tiene Puerto Rico de sus dos culturas, que es muy poderosa para lo bueno, porque genera una mezcla cultural que ha tomado al mundo por asalto (como nunca en la historia de la música en español), pero también es muy dramática.

Extraídas de GQ España y Gobierno de Puerto Rico

Puerto Rico parte de un dilema existencial muy grande. Ellos siguen siendo una colonia de Estados Unidos y eso es muy duro, muy triste y lo sufren mucho. Ese sufrimiento genera todo tipo de cosas horribles, pero también genera un cuestionamiento identitario que los hace hacer música muy interesante. Puerto Rico está muy por encima del nivel de otros países en lo que respecta a música.

Por ejemplo, Argentina está dando unos pasos enormes al respecto, pero fíjate: ¿qué pasa con Ca7riel y Paco Amoroso, por ejemplo? Entraron en el gran ventilador imperial de cultura de Estados Unidos a través del Tiny Desk. Nosotros estamos más lejos, pero Argentina es un dínamo cultural y tiene un montón de proyectos nuevos muy interesantes.

Ca7riel y Paco Amoroso en Chile Foto: Gerardo Aliaga

He perdido un poco el contacto con la música chilena en los últimos años, de hecho una de las finalidades de mi viaje aquí es volver a estar en contacto. Estaba muy en contacto antes con Javier Barría, Ana Tijoux, Nano Stern y mucha gente del pop. En un momento dije que Chile estaba en la vanguardia del pop latinoamericano, pero ahora he perdido un poco el hilo.

-¿Qué es lo que distingue al público chileno entre las audiencias de otros países?

Chile es un país muy particular. Es una doble isla, como le escuché decir a alguien. No solo es una isla en el sentido de que tiene el océano más grande del mundo a la izquierda, la cordillera más extensa del mundo a la derecha, el segundo desierto más grande del mundo al norte y el glaciar más importante del mundo al sur, (...) sino que a su vez la disposición vertical del país también lo tuvo como una isla interna.

Es un país muy estrecho, muy sometido a lo imprevisible de las fuerzas telúricas, (...) con lo cual es un lugar muy espiritual y donde todo lo que sea movimientos espirituales, desde el New Age, florecen mucho y son tomados muy en serio. Chile tiene ese punto irracional de repente de no saber qué es lo que puede pasar en cualquier momento. También tiene un alto vuelo de fantasía, con una raigambre identitaria muy fuerte. El mundo mapuche es el último mundo conquistado por Europa. Aún tiene esa rebeldía.

Jorge Drexler

También tiene una carga negativa de una polarización muy alta en la sociedad. Chile es una sociedad muy dividida. (...) Eso no pasa tan claramente en Uruguay, por ejemplo. La conciliación es muy importante en Chile y es muy difícil de conseguir. Ha habido buenos intentos, me parece, pero es muy complicado. Para cerrar eso, hay una frase de Caetano Veloso de la que soy muy fan que dice: “Chile es tan diferente de todo, que hace que Argentina y Brasil sean parecidos”.

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