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La deuda con el Chile marginado y con el hip hop: ¿pueden Ana Tijoux y Pablo Chill-E marcar un nuevo canon en Viña?

En el último día de Viña 2026, Pablo Chill-E tuvo una actuación destacando los símbolos barriales y repasando un repertorio cuna del trap chileno. Los expertos califican su participación como una "ocupación simbólica" y "recompensa de una trayectoria sólida". Por su lado, la inclusión de Ana Tijoux como invitada de Paulo Londra, deja en evidencia la nula participación que ha tenido el rap chileno en el certamen. ¿Cuáles son las razones?

La deuda con el Chile marginado y con el hip hop: ¿pueden Ana Tijoux y Pablo Chill-E marcar un nuevo canon en Viña?

La última noche del Festival de Viña 2026 siguió la tónica de los años recientes con la temática urbana. Una velada marcada por la participación de Pablo Chill-E y sus simbolismos ligados a sus amigos y compañeros fallecidos. En contraste, los artistas trasandinos, Paulo Londra y Milo J, usaron sonidos cercanos al pop y la música folclórica, respectivamente.

En ediciones anteriores, los artistas urbanos chilenos ya habían tenido una participación en el certamen. Kidd Voodoo, Polimá Westcoast y Paloma Mami son algunos de los nombres del género que habían pisado las tablas de la Quinta Vergara. Sin embargo, la inclusión de Pablo Chill-E marca un hito cultural para el movimiento, en una edición que incluyó como invitada a Ana Tijoux, rapera chilena y fundamental de la música nacional.

Un símbolo barrial

El “Shishi Boss” ha sido una cara más representativa del trap en Chile, con una trayectoria sólida que incluye discos como S.U.N.O (2018) y que dieron forma al género incipiente. Una carrera con una voz fuera de la música que ha visibilizado problemas sociales, participado de la discusión política y no ha estado exenta de polémicas.

Pese a esto, la tarima del Festival de Viña había sido esquiva para el artista. Para Marcelo Contreras, periodista y crítico de espectáculos, su participación es una “suerte de recompensa de una trayectoria que ha sido bastante sólida”. “En lo musical tiene un sostén”, añade.

En menos de diez años, la trayectoria de Pablo Chill-E pasó de tocatas pequeñas a presentarse en uno de los escenarios más importantes del país. Para Ignacio Molina, autor de Historia del trap en Chile, con posgrado en Comunicación y Humanidades en la Universidad Autónoma de Barcelona, su show fue un “desplazamiento social en directo”.

“Lo que se vio no fue integración amable; fue ocupación simbólica del centro por parte de una generación criada en comunas que la política y la cultura oficial miraron durante años como margen. Pablo no representó solo su carrera. Representó a quienes aprendieron a producir, distribuir y sostener su música sin padrinazgos institucionales. Eso, más que cualquier etiqueta, es el hito”, explica Ignacio Molina.

Los códigos barriales se tomaron el escenario de la Quinta Vergara. Animita de sus compañeros y amigos fallecidos, un organillero en medio de la presentación e invitados como Yung Beef, Harry Nach o Julianno Sosa. Un reflejo de la vida que Pablo Chill-E ha tenido.

Camila Castillo, editora de LaJunta+, enfatiza que el artista es un representante del barrio distinto a los cantantes urbanos que anteriormente habían participado del certamen. “Realmente representa el esfuerzo, los entornos y las infancias vulnerables de los chicos que están haciendo música. (...) Es el pionero finalmente de todo lo que es la música urbana, se le considera el padre”, detalla.

La presencia del autor de Vibras no solo era un show más, sino un invitado incómodo para la fiesta viñamarina. Don Lota, alías de Rodrigo Ruiz Garcés y director de la revista Alto en Flow, especializada en música urbana, detalla que Pablo Chill-E ha tenido que enfrentar “un imaginario constante de que invalidarlo social y artísticamente es el camino correcto”.

27 de febrero de 2026/VIÑA DEL MAR El cantante Pablo Chill-E se presenta en la Quinta Vergara, durante la noche final del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026. FOTO: OSCAR GUERRA/AGENCIAUNO Oscar Guerra

“A Pablo se le ha colgado el cartel de líder de esta ‘pandilla urbana’, donde otros solo asoman como sus ‘cómplices’ y con grados menores de responsabilidad. Y mientras Pablo jamás claudicó en su línea de contenido con carga social y política, otros de sus colegas sí asumieron transformaciones híbridas cercanas al pop urbano”, argumenta Don Lota.

La vereda del rap chileno

En su presentación, Paulo Londra invitó a una de las voces más importantes del rap chileno: Ana Tijoux. Una cantante ansiada por el público, pero que nunca había tenido espacio en la vitrina viñamarina y tenía una relación áspera con el certamen. “La mejor rapera es chilena” fueron las palabras de reconocimiento del artista trasandino.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

Con sus minutos en el escenario de la Quinta Vergara, la autora de Mi verdad fue una representante de un género que históricamente se quedó fuera del Festival de Viña del Mar. El rap chileno había tenido tentativas en la edición de 2025 con Movimiento Original, pero finalmente no participaron.

Los grupos de rap chileno son un precedente del actual movimiento urbano. Grupos como Makiza, Tiro de Gracia o La Pozze Latina formaron la escuela que posteriormente inspiró nuevos artistas y no encontraron un espacio en las tablas de Viña del Mar. Una deuda y una barrera que pocas veces ha sido sorteada.

Marcelo Contreras comenta que Ana Tijoux es una figura con reconocimiento latinoamericano y tiene relevancia internacional. “Es la única figura en la cual pienso si el Festival tiene una suerte de deuda. Si la tiene con el rap, debiera estar ahí Ana Tijoux hace largo rato”, añade.

Por su lado, Don Lota argumenta que el Festival de Viña del Mar ha sido restrictivo en cuanto a contenidos. “Creo que el rap tampoco buscó esa validación en Viña, prefirió transitar la calle, con la consciencia social y de clase como sus banderas”, fundamenta.

La participación de Ana Tijoux había tenido antecedentes en el 2019, cuando se le invitó a una obertura en honor a Lucho Gatica. Sin embargo, por redes sociales, la artista denunció que no se le ofrecía un pago. Un año después, debido a preguntas del público, argumentó que “Jamás me han invitado a cantar mi repertorio musical ni al Festival de Viña ni al de Olmué”.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

Para Don Lota, la figura de Ana Tijoux, una artista de una larga trayectoria, entrega validación a la noche urbana. “Es de las pocas figuras fundamentales de nuestra escena que -por opción- nunca han mostrado un show en Viña, por lo que subirla a un escenario que no es de su agrado es un logro, a toda costa”, arguye.

La rapera interpretó dos segmentos de su vasta colección de canciones. Los temas elegidos fueron La rosa de los vientos y 1977. La primera es una composición de sus tiempos de Makiza, un grupo emblemático del rap chileno de finales de los 90. La segunda uno de sus éxitos en solitario más reconocidos.

Su participación contó con el reconocimiento del artista argentino y el respeto a sus letras. Ignacio Molina enfatiza que “No es un cameo ornamental. Es admitir que el rap chileno tiene historia y nombres propios. Que existe una línea anterior al trap y al algoritmo.”

Sebastian Cisternas/ Aton Chile SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Camila Castillo valora la participación de Ana Tijoux, tanto por el simbolismo que sea invitada por otro artista, como por la apertura de una puerta para otros raperos. “Abre la puerta para que generaciones antiguas como la de la Ana puedan llegar al festival. Y también que generaciones más nuevas como ChysteMC, Jonas Sanche o Audigier puedan entrar”, precisa.

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