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Mario Benedetti, el regreso del existencialismo a nuestra medida y la poesía de buen corazón

La obra del trascendental escritor uruguayo se encontraba descontinuada, pero ahora acaba de llegar de nuevo a las librerías del país, liderada por su buque insignia La tregua. Junto a un par de especialistas analizamos las claves de una escritura anclada en lo prosaico, lo cotidiano y el amor en simple.

Mario Benedetti, el regreso del existencialismo a nuestra medida y la poesía de buen corazón

Tenía muy claro dónde iba a ir. A su llegada a Chile en 1969, el uruguayo Mario Benedetti tenía anotada la dirección de una casa en La Reina. Ahí lo esperaba Nicanor Parra, recién galardonado con el Premio Nacional de Literatura. Benedetti arribaba en su rol de redactor de la revista Marcha, y ya contaba con una serie de libros publicados, entre ellos, su trascendental novela La Tregua. El antipoeta, presto, lo recibió y charlaron de todo. “Lo hallé más alegre que otras veces, y también más seguro, más tranquilo”, escribió en la publicación.

Que Benedetti visitara al hombre de Poemas y antipoemas no era casual. De alguna manera, el trabajo de Parra se había colado en el costado poético de Benedetti, y de alguna manera sirve para entender su literatura, donde encontramos narrativa y lírica. Hasta hace poco, su obra era muy difícil de rastrear en las librerías, por lo que si habían ganas de leerlo había que recurrir al ingenio. La librería de viejo, los libros de segunda mano, la feria libre.

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Hoy, Benedetti vuelve a las gavetas a través del sello Alfaguara, que ha reeditado dos de sus novelas más clásicas: La tregua (1960) y La borra del café (1992), además de su Antología poética. Así lo comenta a Culto Melanie Jösch, directora editorial de Penguin Random House en Chile. “Es un privilegio para nosotros publicar la obra de Mario Benedetti en Chile, integrándola a nuestro catálogo editorial latinoamericano que incluye a figuras emblemáticas de la literatura del continente como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, José Donoso, Isabel Allende y Roberto Bolaño. Publicaremos sus novelas, ensayos, poesía y antologías, permitiendo que nuevos lectores descubran la profundidad del amor, la complejidad de la existencia humana y la dimensión política que Benedetti logró plasmar en su prolífica obra. Su legado literario continúa inspirando y resonando con lectores de todas las generaciones”.

Nacido en Paso de los Toros, en 1920, Benedetti es un autor que buena parte de los lectores nacionales han encontrado como lectura obligatoria en la enseñanza escolar. Mirando más allá, su transversalidad da cuenta de cómo logró conectar con las temáticas de un subcontinente en movimiento. Eso sí, lo suyo fue un trabajo a pulso, con paciencia. Ladrillo a ladrillo logró hacerse un nombre. “Hay que insistir. Mirá, en mis primeros siete libros yo no encontré ni siquiera un lector. No solamente no encontré un editor, sino tampoco un lector. Esos libros los editaba yo mismo con préstamos que me hacía. Luego, Aníbal Quijano publicó unos textos de Poemas de la oficina en Marcha. Entonces, el público los leyó y pidió el libro. Y ése fue el lanzamiento. Así que hay que insistir", contó en entrevista con el matutino El Comercio, de Lima.

El librero Sergio Parra, de Metales Pesados, da una aproximación a su obra y escritura. “Mas allá de La tregua, hay muchas novelas más que son bastante interesantes, Primavera con una esquina rota, por ejemplo, que acá circuló mucho por una obra de teatro famosa, que hizo el ICTUS. Tiene buena narrativa, y sus cuentos también son muy buenos".

Mario Benedetti, el regreso del existencialismo a nuestra medida y la poesía de buen corazón

Magdalena Palacios, académica de Licenciatura en Literatura de la Facultad de Psicología USS, comenta: “Diría que la escritura de Benedetti tiene algo muy singular dentro de la literatura latinoamericana: es una especie de existencialismo a nuestra medida, con un lenguaje claro, sin grandilocuencias, capaz de transitar con maestría por la narrativa, la poesía y el ensayo. Es un autor que sabe hablar de lo más profundo con una simpleza aparente, sin darse ínfulas ni disfrazar con palabras difíciles lo que quiere comunicar. En sus novelas, incluso cuando narra, siempre está el poeta y también el ensayista, pero sin encasillarse: juega con los géneros con seriedad y, al mismo tiempo, con un dejo de travesura literaria. Además, no hay que olvidar que fue traductor de la obra de Franz Kafka, y ese contacto con el universo kafkiano, con su mirada sobre lo absurdo y lo alienante, sin duda lo marcó profundamente en su forma de concebir la literatura y la condición humana”.

Tal como Franz Kafka -quien fue burócrata del Imperio Austro-Húngaro-, Mario Benedetti alternaba la literatura con el tedioso trabajo de oficina. Entre timbres, sellos, firmas y papeleos varios fue dándole forma a historias y personajes entrañables que los lectores hicieron propios. Parte de su experiencia fue la que le sirvió para darle vida a su obra. Así lo contó en una entrevista con María Esther Gilio, en la revista Brecha.

“Yo trabajaba en las oficinas de Piria, donde estuve 15 años. Entré como pinche y llegué a gerente. En una época tenía tres empleos, y Luz [N. de la R: su esposa] también trabajaba. Claro que entonces uno podía conseguir los tres empleos. En un momento, siendo yo oficial de contaduría, mi jefe, viudo desde hacía un tiempo -un tipo muy bien, muy macanudo y muy calmo-, empezó a comportarse con una alegría de vivir que en él era desconocida. Un día yo le digo ‘Pero don Diego, ¿qué le pasa que está tan bien últimamente?’. Me dice ‘Vamos al café, te voy a contar’. Fuimos. ‘Estoy enamorado’, me dice. ‘Pero el problema es que esta muchacha tiene la mitad de mis años. Tiene 26. ¿Qué voy a hacer?’ ‘¿Por qué no se casa?’, le digo yo. Y volvió a enviudar”. Sin querer, le había llegado el material para La tregua. “Eso pasa en la novela. En la vida pasó lo que era lógico, él murió antes que ella”.

Es que La tregua fue el pistoletazo de salida de una carrera genial, como lo fueron Rayuela, para Julio Cortázar; o Cien años de soledad, para Gabriel García Márquez. “Sin duda, La tregua es su novela principal -apunta Magdalena Palacios-. Para muchos de mi generación fue una lectura obligada en el colegio, y a diferencia de otros títulos del plan lector, nos atrapaba porque nos hablaba desde una humanidad más cercana y con un tono esperanzador. La historia del viudo Martín Santomé está narrada en forma de diario personal, lo que nos permite entrar en su intimidad con facilidad y hasta con cierta complicidad: a los lectores siempre nos ha fascinado ‘husmear’ en lo privado, y el género del diario tiene ese sabor casi de chisme que, desde tiempos inmemoriales, nos atrae".

“La trascendencia de esta novela es incuestionable: alcanzó a tener más de cien ediciones, innumerables traducciones y fue adaptada en distintos formatos: cine, teatro, radio y televisión, entre otros, lo que muestra la vigencia y el alcance universal de su historia. Creo que esa capacidad de Benedetti de no quedarse solo en la crítica, sino de insistir en la esperanza incluso frente a los horrores, es parte esencial de su sello. La borra del café también es muy representativa, sobre todo de su mirada nostálgica y reflexiva, pero La tregua es la que marcó un antes y un después en su trayectoria y en la recepción que tuvo entre los lectores latinoamericanos".

Cuando Benedetti terminó de escribir La tregua se la mandó a Juan Carlos Onetti, un insigne de las letras uruguayas, para que le diera su opinión. El hombre de Los adioses le hizo un comentario a medio camino entre el llamado de atención y el elogio. “Cuando la leyó me llamó y me dijo ‘Me echaste a perder una novela que estaba escribiendo con la misma técnica’”, contó en la citada entrevista a Brecha. Y en la misma charla reveló que mantenía cierta relación de distancia con su obra clave.

“No entiendo bien el éxito de La tregua, tiene más de 150 ediciones. No creo que sea mi mejor novela. Es una historia de amor. Creo que no es cursi. No sabés cuántas veces la han dado en radio, cine, teatro, televisión. A veces bien hecha, a veces mal. En Colombia, por ejemplo, hicieron una versión desastrosa. Metieron complicaciones con el narcotráfico. Yo sólo les había exigido que la ubicaran en Uruguay. Nunca imaginé que saldrían con algo así. La tregua me conquistó un público de afuera. Cuando la hicieron en televisión con Héctor Alterio y Ana María Picchio fue fantástico. A mí me gustó más esta versión que la hecha en cine".

De hecho, para él su novela cumbre era otra: “Yo creo que la mejor que escribí es La borra del café. Es la única que en algún sentido es autobiográfica. O que por lo menos lo es en el envase, pues el protagonista es totalmente inventado pero vive en los barrios donde yo viví“.

Benedetti, poeta

Sin embargo, por mucho que Benedetti tuviera éxito como narrador, su pie de apoyo siempre estuvo puesto en el género lírico. “Mi género preferido es la poesía, es allí donde me siento más cómodo. La realidad siempre pesa sobre el autor, su propia realidad y la de su entorno, es por eso que, en cierta forma se crean puentes entre autor y lector. Si bien por alguna razón de estudio o comercial se pueden establecer categorías, lo que existe es literatura y puede estar dirigida a personas de cualquier edad”, dijo en una rueda de prensa en 2009, pocos meses antes de morir.

Para Sergio Parra, la poesía de Benedetti ha sido uno de los elementos centrales con los que el público se ha acercado a su obra. “Es más conocido por su poesía. Es amorosa, cotidiana, de la clase media trabajadora. Es interesante, está hecha con un lenguaje coloquial que viene de una raíz ya instaurada antes por Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. Pero viene con una cosa más lírica, del sujeto cotidiano que pasea por una ciudad. Yo creo que es un poeta que en Chile se lee bastante”.

“Yo creo que hay dos públicos: uno, el que conoce a Benedetti como poeta, donde se ubican gran parte de los jóvenes que entran con él por la poesía de amor simple, sin conflictos, nostálgica; y dos, los que lo leen como narrador, donde está La tregua, que son los que odian la poesía de Benedetti. Es como Cortázar que todo el mundo lo conoce más como narrador y ahora está circulando su poesía".

Benedetti siempre reconoció en Nicanor Parra a un precursor de su estilo. “Parra fue el primero en escribir este tipo de poesía, aunque no era coloquial, sino antipoeta, pero yo no lo conocía personalmente, ni había leído jamás un poema suyo, incluso pasaron muchos años para que yo pudiera conseguir un ejemplar, y lo conseguí la única vez que me dejaron entrar en los EE. UU. Su obra no había llegado ni a Uruguay ni a Argentina, que eran los mercados que yo tenía más a mano. Había oído hablar de él, pero sólo conocí su obra años más tarde”, dijo en una entrevista de 1997.

Aunque, como señaló en charla con Reina Roffé, sus dos principales influencias en la poesía fueron César Vallejo y otro chileno, Pablo Neruda: “Creo que en general los dos influyen, además son dos poetas muy importantes, pero influyen de distinta manera. Neruda, más bien, da nacimiento a epígonos, mientras que Vallejo produce discípulos. Neruda es un poeta de un empuje verbal tan tremendo que es muy difícil tener influencia de él. En cambio, Vallejo es un poeta muy creativo y que estimula mucho a seguir ciertos caminos, pero no como epígono, como imitador. Vallejo, simplemente, abre caminos. Creo que son dos mundos que hay en América Latina de la poesía. Yo, modestamente, me inscribo en el de Vallejo, sin perjuicio de reconocer que Neruda es un gran poeta; a Neruda lo conocí personalmente, a Vallejo no”.

Para cerrar, ¿dónde ubicamos a Benedetti en el panorama literario Latinoamericano? Responde Magdalena Palacios: “Benedetti es una de las voces imprescindibles del siglo XX latinoamericano. Su lugar está junto a los grandes, aunque por caminos distintos: mientras otros cultivaban la experimentación barroca o el realismo mágico, él apostó por una escritura más directa y cercana, sin perder profundidad. Creo que encarna esa vertiente de nuestra literatura que logra hacer reflexionar y emocionar al mismo tiempo, que no renuncia a la crítica social ni a la esperanza. Su obra, además, dialoga con la vida cotidiana del lector latinoamericano común, lo que le da un lugar muy particular: es un autor de masas sin dejar de ser un autor de ideas. En este sentido, recomiendo leer también el ensayo La resistencia (de Ernesto Sábato), que nos permite pensarlo mejor como autor: ahí se vislumbra el ánimo crítico hacia el individualismo, la pobreza existencial, la incomunicación, la masificación social, etc., pero también la confianza en que es posible transformar la realidad. Es un espíritu que no se queda en la denuncia, sino que insiste en dejar abierta una ventana de esperanza frente a esos mismos males".

Sergio Parra remata: “Ocupa un lugar dentro de un imaginario de izquierda humanista. Es como el poeta de buen corazón, quitado de bulla, simple, como en narrativa fue (José Santos) González Vera. Una poesía de clase media, que refleja a ese oficinista, al empleado público. Al antiguo empleo público, ¿ah? no al empleado público con licencia médica”.

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