Culto

Neil Young, el eterno disidente

Estas últimas semanas, Neil Young ha estado dedicado a ofrecer su música de forma gratuita a los residentes de Groenlandia para “aliviarles su estrés ante un gobierno impopular y temporal”. A sus 80 años, Neil Young sigue fiel a ese mantra que firmó en su etapa más lúcida: “es mejor arder que apagarse lentamente”.   

Extraído de La Tercera

En una realidad paralela, Neil Young habría sido perseguido por ICE y, probablemente, devuelto al otro lado de la frontera con Canadá. Pero hace sesenta años, el músico llegó como inmigrante ilegal a Estados Unidos, al volante de una carroza fúnebre modificada y se afincó en las colinas de Los Ángeles para comenzar una carrera artística que se sostendría por varias décadas. Era 1966 cuando Young cosechó las semillas del sueño americano y se alió con varias mentes afines para desarrollar el folk rock característico de su época. En 1970, con la fama a cuestas, el cantante y guitarrista consiguió una tarjeta de residencia permanente y comenzó a pagar impuestos mientras la actualidad comenzaba a perfilar su condición de disidente crónico. Ese mismo año la masacre de cuatro estudiantes que protestaban en la universidad de Kent State lo inspiró para escribir “Ohio”, una reacción inmediata que grabó junto a sus socios Crosby, Stills y Nash. La canción, que parecía un reporteo en escena de la tragedia, nombraba a Nixon como responsable directo: de paso, inauguraba una historia de permanentes desencuentros de Young con los presidentes de turno de su país adoptivo. Este activismo de “respuesta rápida” también apareció en canciones como “Southern Man” y “Alabama”, donde despotricaba -y generalizaba- contra el racismo sistémico del sur estadounidense. La réplica, claro, fue más famosa que sus creaciones: Lynyrd Skynyrd lo enfrentó con “Sweet home Alabama” y logró anotarse un clásico instantáneo en la historia del rock. Con los años, Neil Young debió reconocer que sus letras habían sido “acusatorias y condescendientes” y que mereció con creces la contestación de la banda sureña. En los ochenta, Young vivió una etapa contradictoria con su historial de luchas políticas y sociales. Cuando se esperaba que desafiara a Ronald Reagan por sus estrategias conservadoras, el músico abrazó ideas libertarias y fustigó la dependencia del bienestar social que tanto defendía el partido demócrata. Tampoco fue tan explícito en su crítica al PMRC (la asociación de padres que exigían advertir y censurar ciertas letras explícitas) como sí lo fueron Frank Zappa y Dee Snider (Twister Sister) al testificar ante el Senado. Parte de la fanaticada que había seguido a Neil Young en sus inicios le dio la espalda ante esta supuesta falta de compromiso. Poco les importaba que Young hubiera cofundado Farm Aid junto a Willie Nelson y John Mellencamp en 1985, para ayudar a la agricultura familiar frente a las agrocorporaciones o que desarrollara The Bridge School, una fundación de apoyo a niños con discapacidades severas (inspirado en la parálisis cerebral de su hijo Ben). En los albores del siglo XXI, Neil Young apoyó la actitud patriota que inflamó Estados Unidos tras el ataque a las Torres Gemelas. Pero con el paso de los meses se volvió un crítico acérrimo de George W. Bush a quien le dedicó un disco completo (“Living with war”) y una canción que, sin mayores rodeos, se titulaba “Let’s impeach the president”. Ni la llegada al poder de Barack Obama apaciguó los ímpetus de Neil: el artista lo acusó de no cumplir sus promesas electorales al permitir la expansión del fracking y el desarrollo de oleoductos. Entre testarudo y confrontacional, Neil Young logró canalizar toda su energía disidente en la figura de Donald Trump, quien usó su canción “Rockin’ in the free world” en su primera campaña presidencial. Esa afrenta bastó para que Neil Young comenzara a tramitar la ciudadanía estadounidense: necesitaba el documento para poder votar contra el candidato republicano. El proceso de naturalización fue lento porque Young, en su candidez hippie, admitió que consumía marihuana. Sólo en 2020 logró la ciudadanía y, desde entonces, los dardos han sido cada vez más punzantes contra el gobierno de Trump, al que se refiere como “el régimen”. Estas últimas semanas, Neil Young ha estado dedicado a ofrecer su música de forma gratuita a los residentes de Groenlandia para “aliviarles su estrés ante un gobierno impopular y temporal”. También ha llamado a boicotear a todas las empresas y compañías que, de forma directa o indirecta, apoyan al inquilino actual de la Casa Blanca. Las redadas letales de ICE sólo han agregado más combustible a este músico que, a pesar de ser tratado de viejo cascarrabias, no claudica en eso que él entiende como integridad. A sus 80 años, Neil Young sigue fiel a ese mantra que firmó en su etapa más lúcida: “es mejor arder que apagarse lentamente”.

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