Emergencia en la Posta Central
<P>El Hospital de Urgencia conmemorará 100 años de vida al servicio de la comunidad, atendiendo todos los días del año, las 24 horas y haciendo "harto con poco". Un centenario con sus luces y sombras. </P>

LUIS FLORES yace tendido sobre una camilla, con la boca entreabierta y el pelo revuelto. Su rostro enjuto parece una máscara veneciana que sobresale entre la frazada café que cubre su delgadez. Cada tanto, se sobresalta y tose con ese particular sonido asociado a la carraspera canina. Llegó a las 10 de la mañana al primer piso de la Posta Central con una neumonía severa, aunque habitual en una persona de 66 años. Se sintió afortunado al ver que le asignaron el número 9 en la lista de espera. Al menos eso pensó hasta que a las 9 de la noche miró el reloj y se dio cuenta de que iban en el número 6.
A su lado, Luis Arriagada, un paramédico del Sistema de Atención Médica de Urgencia -más conocido como Samu- luce resignado. Mientras la camilla no se desocupe, no podrá salir en busca de otros pacientes. Pero el hombre está curtido; trabaja hace 27 años en el Servicio de Urgencia. Su turno comenzó a las 8 de la mañana y se prolongará durante 24 horas. Su colega Eduardo Astudillo intenta dormir. Comenzó a la misma hora que Luis, pero pasará de largo hasta las 9 de la mañana del domingo, porque cambió un turno con otro paramédico. Como si nada, después de 48 horas de labor, partirá a su segundo empleo en un Servicio de Atención Primaria de Urgencia, Sapu, en Peñalolén, coronando la jornada a las 9 de la noche.
En Portugal 125 la precariedad es la tónica, pero no siempre fue así. El emblemático Hospital de Urgencia Asistencia Pública (Huap) nació el 7 de agosto de 1911, de la mano del doctor Alejandro del Río Soto-Aguilar. Ubicado originalmente en un edificio en calle San Francisco 85, allí atendieron cerca de ocho millones de pacientes hasta el 15 de diciembre de 1967, cuando el servicio se trasladó al actual inmueble de 22.500 m2 de áreas administrativas y clínica. Todo un lujo para la época, pero más que insuficiente para los tiempos que corren.
Aun así, dice su director actual, doctor Emilio Villalón, "la comunidad le tiene un amor infinito a la Posta, los pacientes la eligen por sobre todo". A muchos de ellos ha recibido Leonardo Ristori, cirujano que por cuatro décadas se ha desempeñado en el servicio y uno de sus directores emblemáticos durante 13 años. Aquí conoció a la enfermera que se convirtió en su esposa y recibió a las víctimas de diversas catástrofes: el avión con rugbistas uruguayos que se estrelló en la Cordillera de Los Andes en 1972, el Golpe militar de 1973, el incendio en la Torre Santa María en 1981, el aluvión de 1993 y el terremoto y tsunami de 2010, por mencionar algunos.
Ristori es actualmente el director de la Clínica Indisa, pero sigue con un con pie en la Posta, como médico auditor encargado. Con dos hitos de su administración -entre 1993 y 2006- no puede evitar un gesto de orgullo: la inauguración de un nuevo helipuerto (el original fue construido en 1969) y la creación en 1995 del Samu, que reemplazó al SUA, sistema de ambulancias que sólo transportaban pacientes y que, como recuerda un paramédico de la época, "no tenían collares, guantes ni férulas: había que improvisar".
Particular es el recuerdo de Ristori del año 73: "Tuvimos nuestro primer 'bautizo' con arma de guerra. Para el tanquetazo recibimos a una mujer a la que le volaron la cabeza. Estaba en un quiosco de Agustinas con Mac-Iver, la bala de metralleta recorrió toda la calle Agustinas, desde La Moneda. También atendí a Leonardo Henrichsen, camarógrafo argentino, famoso porque filmó a la persona que le disparó, causándole la muerte. Y aquí estaba el 10 de septiembre cuando un amigo del jefe de turno le avisó lo que sucedería. Se nos ordenó evacuar la Posta, lo que parecía una locura, porque debimos sacar enfermos precozmente operados. Pero eso permitió que al día siguiente hubiese unas 70 camas disponibles, las que se llenaron en 48 horas".
Sin embargo hoy, no hay camas disponibles. Son las 2 de la madrugada del viernes y se respira una engañosa tranquilidad. Pero las camas están repletas y al menos seis personas esperan su turno, recostadas en las camillas en que llegaron. Los boxes de reanimación 1 y 2 no descansan. Un hombre de 53 años con una hipoglicemia es estabilizado. Según el director Emilio Villalón, de haber llegado media hora más tarde, habría muerto. Despierta como de la peor pesadilla y comienza a llamar a gritos a su mujer. "Caballero, está en la Posta Central", le informan. "¡¿Y qué me están haciendo?!", pregunta alarmado, sin parar de llamar a su esposa.
En el box de al lado, Leonel González tiene 46 años y una herida en el abdomen, por una estocada que le dieron hace 12 horas en la Penitenciaría. En rayos descartan daño en el corazón, como el que había sufrido en 2002. Leonel es parte del 40% de pacientes que llegan al centro asistencial diariamente. Es en la noche que se concentra ese porcentaje de pacientes, entre los 400 que llegan día a día. La mayoría viene por urgencias menores, como Elizabeth, que se ha enterrado un palillo de crochet en su pie izquierdo. En menos de 10 minutos ya va de regreso a casa.
En el quinto piso, donde están los pabellones de urgencia, una mujer sufre un paro cardíaco y muere. Mientras, un grupo de carabineros ingresa con tres esposados por hurto. Un repartidor de pizza se atraviesa con un pedido y en la biblioteca aún quedan vestigios del velorio del doctor Rolando Palacios, que sufrió un infarto a sus 73 años y acaba de ser despedido allí por sus colegas.
El dolor no paraliza a nadie cuando llega un nuevo paciente. A Gonzalo Fuentes acaban de atropellarlo en la Alameda con San Martín. Está ebrio, pero ni eso evita sus alaridos cuando el doctor Latorre le inyecta la anestesia y comienza a coserle la abertura que atraviesa su frente. Frankenstein envidiaría esa costura. Sangra profundamente, mientras una tijera deja sus ropas convertidas en guiñapos y comienzan las tercianas. Son casi las 4 a.m. y aún queda algo de humor: "Oye, ¿supiste que van a traer camillas-camarote?". El ambiente se distiende por segundos.
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"No estamos respondiendo las necesidades de nuestra área y menos a las del país. Hay lista de espera para entrar a la UCI de quemados. Nos hemos quedado atrás", lamenta la doctora Patricia Negretti, cirujana de turno. La Posta Central no da abasto, y obliga a los facultativos a usar el sistema de triage, es decir, priorizar la atención de pacientes más críticos.
En palabras de la doctora Negretti: "Yo no voy a meter a un viejito de 80 años a la UCI si tengo a un cabro de 21 politraumatizado". Así nace la espera. Al doctor Ristori le parece "escandaloso" que un paciente tenga que esperar seis horas para que lo atiendan, pero aclara que los que han tenido que esperar y pasar más tiempo de molestia, dolor o náuseas "no han visto peligrar su vida".
Este centro asistencial cuenta con un presupuesto anual que bordea los $ 30 mil millones. En sus dependencias se hacen 6.000 intervenciones quirúrgicas mayores al año. Pero el que la ciudadanía confunda urgencia con emergencia es lo que, a juicio de Villalón, satura el servicio. Un 80% de las patologías que se sienten como urgencia, puede ser resuelto en forma ambulatoria en un buen sistema de atención público de urgencia, como el Sapu.
La doctora Negretti señala: "Lo que necesitamos son más postas centrales, pero llenas de gente trabajando. Esto se va a ampliar casi al doble, pero la donación ($ 7.000 millones que serán donados por la fundación que administra los fondos del fallecido monseñor Valech) es para la infraestructura y no hay plata para contratar más gente".
Más confiado se muestra Emilio Villalón. Está feliz porque bajo su gestión se conmemorará el aniversario de la Posta Central y en pocos meses más se construirá un nuevo edificio en el sector sur de los terrenos: unos 5.500 m2 dotados con tecnología de punta, que abrirá sus puertas en abril de 2012: siete pabellones, 24 camas de UTI y 42 espacios de atención.
Y asegura que la capacidad de atención de pacientes aumentará hasta en un 40%. "En el actual espacio, sólo 350 m2 son para atención de urgencias", dice Villalón, "lo que no me parece suficiente, si esa es la esencia de nuestra misión".
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