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Gutenberg Martínez: "El crecimiento con equidad rompió con una cosa pendular de la política chilena durante 50 años"

<P>La mitad de la vida del dirigente de la Democracia Cristiana ha sido como protagonista estelar de la política nacional. Desde esa tribuna repasa los momentos estelares desde 1950 hasta hoy. </P>

"El hecho político más significativo en términos de emoción personal fue ese abrazo con ese chileno incógnito a las cinco y media de la mañana del 6 de octubre".

Gutenberg Martínez Ocamica cumple 65 años dentro de un mes. Desde los 18 ha estado ligado a la política y los últimos 30 ha jugado un rol protagónico. Secretario nacional y presidente de la DC, presidente de la Cámara y articulador de múltiples acuerdos durante la transición.

Concertacionista por esencia, su recuerdo más relevante se aloja en la madrugada posterior al plebiscito de 1988, cuando después de monitorear los datos que daban cuenta del triunfo de la oposición al general Augusto Pinochet, pudo celebrar en plena Alameda.

¿Cuál es el hito más significativo político-social en los últimos 65 años?

Bueno, yo me debato entre dos: la revolución en la libertad de Frei Montalva, que yo creo que fue un cambio de modernización muy fuerte en el país en materia económica y también un cambio en cuanto a la incorporación de muchos grupos marginados, en ese tiempo los campesinos, los pobladores; y las primeras políticas de vivienda, la gran reforma educacional que expandió la matrícula en Chile, etcétera, y todo eso, hecho en tiempos en cuales hacer un cambio como lo logró la revolución a la libertad, hacerlo con respeto a la democracia, hacerlo bien, era muy difícil.

Me debato entre ese con, obviamente, lo que significa el plebiscito y la transición, pero me quedo con el primero.

¿Y la reforma más relevante?

Ahí me cambio, porque al hablar de una reforma específica, el planteamiento en materia de política económica que se asumió durante la Concertación, esto de crecimiento con equidad, rompió lo que era una cosa pendular en la política chilena durante 40, 50 años más o menos, que era o irse por la línea del Estado y la protección de nuestra economía; o irse a la cosa liberal o neoliberal de tiempos de Pinochet. El tema del crecimiento no era un tema de los economistas, sino que era un tema de definición política, que por lo demás hoy día se está viendo que es una cosa muy necesaria. Fue un cambio en el país que nos ha permitido avanzar todo lo que hemos avanzado, y si en algún momento hemos tenido algunos bajones, aparte de las circunstancias externas, es que de repente se ha debilitado un poco la importancia de ese concepto de crecimiento con equidad, entonces yo creo que ese fue un cambio tan fuerte en la mentalidad chilena, el entender que no se puede gastar más allá de lo que se tiene, que el equilibrio fiscal es importante, que la inflación afecta a los más pobres, que el crecimiento, vuelvo a decir, es muy determinante, pero que el crecimiento tiene que servir para mejorar la distribución del ingreso, todos esos conceptos, a mi juicio, son y fueron una reforma trascendente, que se hizo a partir del primer gobierno democrático.

¿Qué ha pasado que no nos convertimos en un país desarrollado?

En parte por lo que estábamos hablando, que la importancia del crecimiento con equidad no siempre ha sido debidamente valorada e implementada. Está claro que en la medida en que hay políticas institucionales de mediano y largo plazo eso explica los éxitos de los países, y aquí hubo una costumbre durante muchos años que cada gobierno cambiaba las reglas enteramente. Creo que la gran virtud de la Concertación fue generar una política y ser capaz de mantenerla durante más de 20 años. Eso demostró que en la medida en que se hace eso más de un concepto rico como el de crecimiento con equidad, el país puede avanzar. En la medida en que eso se debilita, yo creo que se genera un problema.

En segundo lugar, tanto el Estado como los empresarios somos o son un tanto conservadores. Hemos sido buenos como Estado para abrir el país al comercio internacional, muy buenos, y el empresariado ha sido también competente en sacarles el jugo a lo que pueden ser las explotaciones, la comercialización de lo que son nuestros productos, básicamente recursos naturales, pero donde yo creo que falta una mayor capacidad empresarial es en todo lo que significa modernización, la innovación tecnológica.

¿Cuál es su recuerdo más significativo de un hecho público?

La madrugada del 6 de octubre, porque a mí me tocó estar el 5, cuando estaba de secretario nacional del partido a cargo de la parte electoral nuestra, de la Democracia Cristiana, sostenida a una de las cuatro líneas de control de fiscalización que no nos fueran a robar el plebiscito, y, por lo tanto, toda la noche uno estaba muy pendiente de juntar papeles, de recolectar la información.

¿Cómo ejercían ese control?

Había cuatro líneas. Una que iban a apoyar los franceses, que era una línea híper informática, y esa se cayó a poco andar.

Había otra que era una compuesta por computadores, pero independientes, digamos, unos PC sueltos que se iban conectando. Esa estuvo funcionando, hasta que llegó un momento en el cual se saturó y no fue capaz de seguir recolectando la información.

Y nosotros nos hicimos cargo de una línea más modesta, que era lápiz, papel, teléfono y computadores, y esa línea funcionó hasta el final. Teníamos que transmitir la información al comando del 'No', a la dirección del partido y a un par de instituciones de la Defensa Nacional que nos pidieron que compartiéramos con ellos esa información. Eso a mí me hizo estar muy pendiente de aquello y acumulando y acumulando papeles e información para convencer a gente de la derecha que reconociera el triunfo. Entremedio hay un diálogo histórico muy importante entre Onofre Jarpa y Aylwin, y quienes acompañábamos respectivamente, Allamand y yo, a un programa en el Canal 13 que hubo en la noche, donde Onofre Jarpa fue el primero que abrió las puertas a decir que pareciera que ganó el 'No'.

Ahí ya tenían la certeza.

Claro, terminada toda esta fase en que el gobierno ya reconoce que ganó el 'No', cuando llega Matthei a La Moneda y después sale el reconocimiento, como a las cinco y media, seis de la mañana, yo salí corriendo para irme a la casa a darme una ducha y volver, e iba en el auto, ahí en la Alameda al llegar a Plaza Italia, habría unas 100 o 200 personas muy alegres que habían estado enfiestadas en la noche, y que no me dejaron pasar, entonces yo me bajo del auto como para decirles "oye déjenme pasar" y se me abalanza uno con sus copetes en el cuerpo, me pega un abrazo y en ese momento, con ese abrazo, sentí, se me cayó, pero en un segundo, en 30 segundos, toda la emoción contenida de toda esa noche larga, y por eso el hecho político más significativo en término de emoción personal fue ese abrazo con ese chileno incógnito a las cinco y media de la mañana del 6 de octubre.

Nuevamente le pongo el ejercicio de elegir: ¿El Presidente más relevante de los últimos 65 años?

Bueno, ahí francamente creo que Patricio Aylwin. Fue el hombre que el país necesitaba, capaz de coordinar esa estrategia pacífica y democrática, pero con capacidades sumatorias y de generar una verdadera unidad nacional de izquierda a derecha. Fue capaz de liderar un programa, primero una alternativa no sobre la dictadura, sino que una alternativa de gobierno, convencer que había alternativa de gobierno y, por lo mismo, tener un programa que desde el primer día se comenzó a ejecutar; tener una selección de los mejores en lo que pudo haber sido ese gabinete, un gabinete muy estrella en las capacidades de todos los que estuvieron ahí presentes, articular a Foxley con Ominami, articular a Enrique Correa con Krauss, Boeninger, el gran arquitecto.

Cada día más hay que entender que la política requiere más equipos y equipos de calidad, y ahí hubo una adecuadísima selección que hizo don Patricio.

En cuarto lugar, yo diría su comportamiento, es decir, pensar que él a los 90 y tantos años está en la misma casa que cuando fue líder del 'No' y después Presidente de la República, y los que tenemos la oportunidad de ir de cuando en vez a su casa no es tan sólo la misma casa, son los mismos muebles, y no conozco tanto, pero me atrevería a decir que mucho de la misma vajilla. Eso en tiempos de tanto desprestigio de la cuestión pública creo que hoy también es un ejemplo de lo que significa austeridad, sobriedad, valores cada día más importantes en la cosa pública.

Usted lo recordaba, fue secretario nacional de la Democracia Cristiana, también diputado, presidente de la Cámara, presidente de la DC, ha ejercido cargos públicos. ¿Hay alguna política pública, alguna reforma que usted haya impulsado o apoyado de la cual se arrepienta?

Se lo respondo de otra forma. En el mundo nuestro, en este arcoíris que conformamos, no hemos sido capaces de generar una buena política en materia de seguridad ciudadana o de tranquilidad ciudadana. Yo creo que ese es nuestro, a mi juicio, deber fundamental.

En materia económica hicimos y tenemos que volver a hacer enteramente lo correcto.

Y en materia social los avances son objetivos, pero creo que la falencia, dicho de otro modo, está ahí y ahí yo siento que hay un déficit que nuestro acuerdo político programático, nuestro gobierno tiene que superar decididamente. Estamos al debe, es un flagelo que está aumentando mucho y que tiene efectos muy dañinos para la vida, para la vida social, para la convivencia, para la tranquilidad ciudadana y, a partir de eso, para una buena calidad económica, política, de país.

Ahí hay una falencia objetiva, no es que aún no haya apoyado algo que sea contrario a eso, pero quizás nos faltó, o yo siento que nos faltó ponerle más ahínco a ese tema, meterse más en ese tema. Como que uno concebía que era un tema de otros, un tema de derecha. Creo que ahí hay una deficiencia.

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