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James Patterson, el best seller millonario que desbancó a King y Grisham

<P>Según Forbes, el autor facturó en 2011 US$ 94 millones por sus libros. Nadie se le compara. </P>

La literatura no vende. Nadie lo sabe mejor que James Patterson (65), uno de los escritores más prolíficos de los últimos años y, según la revista Forbes, el mejor pagado del mundo: en 2011 facturó más de 94 millones de dólares, más del doble que el autor que lo sigue, Stephen King. Es un asunto de proporciones: el año pasado, Patterson publicó 14 novelas y casi todas escalaron a la lista de los más vendidos en EE.UU. Y está lo otro: nada de "novelas legítimas", como él mismo ha dicho, en sus libros no hay casi descripciones, los personajes apenas evolucionan y no hay rastros de una prosa con intenciones literarias. Patterson es acción pura.

Creador de seis sagas de suspenso y ciencia ficción, Patterson más que un escritor es una industria: después de 20 años como publicista, a fines de los 80 echó a andar un sistema de producción que, con el apoyo vital de un grupo de coautores, ha publicado más de 100 novelas. Muchas de ellas están en librerías chilenas, aunque acá no es tan popular.

En el 2009, sus libros habían vendido 170 millones de copias. Ese mismo año, firmó un contrato para escribir 17 títulos por el que recibió US$ 150 millones. Hoy Patterson ostenta el récord de ser el autor que más veces ha estado en los bestseller de The New York Times.

Tras él, en la lista de Forbes, están pesos pesados históricos del bestseller, como King, John Grisham, Suzanne Collins (Los juegos del hambre) y J.K. Rowling. Este año apareció por primera vez George R.R. Martin

Ketchup

Alguna vez, Patterson quiso ser un escritor serio. Leía a Beckett y Sartre, Genet y García Márquez. Hasta que llegó a sus manos Ulises, de James Joyce: "No podré escribir nada que me satisfaga como un escritor serio", se dijo. Lo intentó: publicó en 1976 The Thomas Berryman number, un policial que obtuvo buenas críticas y pocas ventas.

Después se detuvo. Fue la muerte de su pareja la que lo llevó a concentrarse en la publicidad: de digitador de la agencia J. Walter Thompson, terminó como director. En 1988 retomó la escritura. Y sucedió la magia: cuando terminaba un primer boceto de la novela The midnight club supo que ahí estaba la clave: bastaba el boceto.

"Fui un típico esnob cuando joven. Se suponía que iba a ser un escritor serio. Pero no sé, me descarrilé", dijo Patterson hace unos años. "Hoy intento que la literatura escrita se parezca a la oral. Las descripciones no me interesan, no aportan nada. Siempre pienso si mis ideas le interesarán a mi madre o a alguien que está a punto de tomar un avión", agregó.

Crimen organizado, niños que vuelan, superhéroes capaces de crear lo que sea, policiales, thriller legales, de todo hay en la viña de Patterson. Su más célebre personaje es el sicólogo Alex Cross, agente del FBI que ha protagonizado 18 libros. Dicha saga la escribe sin la ayuda de nadie, pero en todos sus otros libros tiene apoyo: Patterson crea una idea, arma una trama en unas 60 páginas y un coautor las desarrolla. Les paga un sueldo mensual y bonos de vez en cuando. "Es un negocio lucrativo", ha dicho.

Y aunque el sueño de Patterson está casi cumplido ("Quiero gustarle a todo el mundo, quiero ser como el ketchup"), no siempre se puede: "No me gusta nada lo que escribe. No lo respeto", ha dicho de Stephen King.

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