Diario Impreso

La batalla por Aurora

<P>Esta semana se estrenó Aurora, una película sobre la lucha de una mujer por enterrar a una guagua encontrada muerta en un basural. Esa mujer se llama Bernarda Gallardo y ha repetido la misma batalla otras cuatro veces. Convertida en activista por los derechos de esos recién nacidos abandonados para morir, Gallardo explica aquí, en primera persona, sus motivaciones para pelear una guerra que en Chile nadie nunca había dado. </P>

-¿Tú crees que yo estoy loca?

-Sí.

-Gracias.

-De nada.

Esta es Amparo Noguera preguntándole por su sanidad mental a Mariana Loyola en Aurora, una película de Rodrigo Sepúlveda, estrenada esta semana, sobre una mujer que inicia una batalla legal para hacerse cargo del cuerpo de una guagua encontrada muerta en un basural. Pero el personaje de Noguera es real, existe, y se llama Bernarda Gallardo, tiene 56 o 57 años-dice no saberlo bien-y vive en Puerto Montt. Aurora fue la primera guagua a la que Gallardo le dio entierro. Luego vinieron tres más y una cuarta, Margarita, quien está en el Servicio Médico Legal esperando para ser llevada a su funeral y ser enterrada en el mismo sitio donde están las otras guaguas que Gallardo considera sus hijos.

"Lo humano no es nacer", dice Amparo Noguera en Aurora. "Lo humano es el entierro".

Bernarda Gallardo, en un apart hotel de Providencia, no puede estar más de acuerdo. Y sí, admite que, como el personaje de Noguera, está loca.

Esta es su historia, narrada por ella misma.

***

Fui mamá a los 17 años producto de una violación. Yo gritaba y gritaba, mi padre se daba cabezazos contra las paredes de una de las mejores clínicas del país. Era 1975 y las enfermeras pasaban y decían, "¿Y bueno, no te gustó? Ahora te quejai po". Las enfermeras me decían eso. Era lo mismo que le pasa a toda mujer que va a una clínica, una posta o un hospital y dice que quiere dar su guagua en adopción. "Ahhh po, ¿te gustó pasarlo bien, ah? ¿Y ahora te estai corriendo? A ti te gusta lo puro bueno no más po". Yo no di a mi hija en adopción, pero me trataron como a una perra.

En el parto tuve sufrimiento fetal, la Panchi se estaba muriendo. Me rompieron entera por dentro y me dejaron infértil.

Yo había crecido en Las Condes, en una familia de buena situación y estudié en los colegios donde mi madre, una profesora normalista, hacía clases. Después me gradué en sociología y terminé magisters en economía y ciencia política, todo en la UC. Hice todo lo que había soñado en lo profesional, trabajé en la Cepal, en Flacso, en Mideplan, hasta que por pega fui a Puerto Montt y conocí a Jaime. Tenía 40 años y me quedé ahí. Con él decidimos adoptar, empezar una familia. Llegaron Alejandra y José, que ahora tienen 14 y 12 años.

Era 2003 cuando llegó ella. La Aurora es la primera luz, la luz de la vida. Estaba leyendo el diario en la oficina cuando la encontré. En letras rojas decía "horroroso drama humano". No seguí leyendo, pero me quedó dando vueltas. En la noche le pregunté a mi marido qué hacen con las guaguas que encuentran en la basura. Me dijo que no sabía, que a lo mejor las incineran. "Si la reclamamos", le pregunté. Me dijo 'bueno, pero hazlo tú'. Al día siguiente fui al SML donde me dijeron que fuera al juzgado. Escribí una carta solicitando que me entregaran el cuerpo de la guagua. Nadie sabía qué hacer con la carta. Me dijeron que volviera en una semana. Volví y nada. Y empecé a ir todas las semanas hasta que el juez viera la causa. Yo en esa época estaba ilusionada con adoptar mi tercera guagua. Pensaba en qué podía hacer con una guagua muerta. No la podía abrazar, no la podía oler, tampoco la podía alimentar, pero lo que podía hacer era darle mi tiempo. Una vez a la semana, cuando iba al juzgado, yo estaba con ella. Y aunque no me la entregaran, mientras la causa estaba abierta no se podían deshacer del cádaver. Era mi manera de salvarla. En el intertanto, un médico del que me hice amiga en el SML me mostró la foto de Aurora que estaba en el archivo. Así la conocí.

Yo había armado una campaña, había mandado cartas a todos lados. El juez tenía una presión tremenda de Santiago y le pedían que acallara esto como fuera. En la película se dice que yo la había adoptado a Aurora. No. El tipo me entregó un papel escrito a mano, muy rasca, porque no existe el formato o el formulario que decía: "Autorícese entrega de cadáver N.N a la señora María Bernarda Gallardo". "Y llévatelo, y no me jodai más", porque habíamos generado un ruido muy grande. Así me entregaron a Aurora. Habían pasado seis meses cuando me la entregaron. Sentí que había sacado a Aurora de la basura y que la había podido traer a la vida, a la comunidad, al país.

***

Bernarda Gallardo llegó a Santiago esta semana para ver Aurora en su avant premier. Era la primera vez que se enfrentaba a una película que, de alguna manera, estaba protagonizada por ella misma. Al estreno asistió la diputada RN Marcela Sabat. La película golpeó a la diputada. El primer proyecto de acuerdo desarrollado por la bancada femenina de diputadas en el Congreso-bancada ideológicamente transversal- será el inicio de una legislación que despenaliza que las mujeres dejen a sus guaguas no deseadas en hospitales y que también asegure su anonimato. Según Sabat, esta sola medida ha reducido el infanticidio en un 55% en los países en que ha sido tomada. Gallardo y la diputada, después de la película, descubrieron que tenían un mundo en común. Pero Sabat reclama que el tema no es algo que preocupe mayormente al Ejecutivo. "Cuando aparezca otra guagua muerta en la basura, van a tomar en cuenta el tema". Gallardo la mira sonriendo, sabiendo que encontró a un aliado.

***

La película la vi esta semana por primera vez. Siempre fui muy cinéfila, iba al Normandie. La película es de un gran humanismo, no está regida por lo bueno y lo malo. Antes me junté solo con el director, Rodrigo Sepúlveda. Conversamos como por siete años. El guión lo fuimos trabajando juntos. A Amparo Noguera no la conocí y está bien: no me servía pautearla. Un regalo siempre inmerecido y gozado. Eso es lo que sentí cuando vi la película.

No me gustó Padre Nuestro, la película anterior de Rodrigo, porque era muy gris, con rollos, culpas. Está película es más luminosa, pura humanidad. No hay parámetros morales ni prejuicios. La parte que más me gusta de la película es cuando Sofía, que soy yo en la vida real, le pregunta a su amiga si está loca. Le responde que sí, yo digo "gracias" y mi amiga dice "de nada". Yo me considero loca. En un mundo donde matar guaguas es normal y donde salvarlas es loco, soy asumidamente loca.

La vida no se valora por la cantidad de años que uno viva. Hay flores que florecen un día y otras que duran un año. La niña de 13 años que está semana tuvo su guagua, a pesar de haber sido violada, va a tener la tranquilidad de que su guagua nació y rompió su historia pasada, porque a ella no la acogió nadie. Ella rompió esa cadena.

Hubo una época en que la mortalidad al nacer era diferente. Mi bisabuela tuvo 13 hijos: 11 vivos y dos muertos. Pero ella siempre dijo que tuvo 13 hijos. Eso siempre hay que tenerlo en cuenta.

Si hablamos de la vida como política pública, no seamos hipócritas. ¿Están en el Auge todas las enfermedades? ¿Le damos todos los medicamentos a alguien que tiene una enfermedad rara? Claramente no. Los dejamos morir. En términos de políticas públicas el Estado determina a cada rato quién tiene que morir y quién tiene que vivir.

En caso de cualquier embarazo la madre tiene que ser guiada y apoyada hasta dar a luz. Pero una vez que la guagua nace, rompo con el criterio de que la maternidad es un asunto de sangre, si no que es optativa. Que la guagua se haya gestado en un vientre no tiene por qué obligar a una mujer a ser mamá. Eso es revolucionario, incluso para el movimiento feminista.

***

Los plazos son largos. En Chile, si alguien pide el cuerpo de una guagua abandonada para darle sepultura, no existe una coordinación del aparato estatal para hacerlo posible. El reglamento del Registro Civil dice que solo puede inscribir -vale decir reconocer el carácter de persona- si existen testigos del parto o un certificado de parto. Gallardo nunca tuvo ni certificados ni testigos. Según ella, para solucionar este vacío legal, lo único que se tiene que hacer es agregar un tercer requisito en el reglamento del Registro Civil para inscribir guaguas, un requisito que faculte al Servicio Médico Legal o al juez a entregar la guagua o quién sea que la pida. "No se necesita mayoría parlamentaria, ni ley, nada", dice Gallardo. "La presi tiene que llamar a su ministro de Justicia, él llama al director nacional del Registro Civil y le dice que cambie el reglamento. Eso es todo". En parte, esta dificultad, hizo que Gallardo se convirtiera en una activista de los derechos de las guaguas encontradas muertas.

***

Un día después del funeral de Aurora, apareció Manuel, abandonado en el mismo vertedero. Fue simbólico. Ahí supe que no iba a adoptar un tercer hijo, que iba a hacer la causa de los niños abandonados mi misión, que a ellos los iba a defender como solo una madre defiende a los suyos. Como la de Matute Jones, como las madres de los detenidos desaparecidos. Y empapelamos Puerto Montt con carteles que decían: "No botar guaguas". No basta con acoger, hay que luchar contra la muerte. Manuel fue la primera guagua en Chile inscrita muerta por un tercero. Los programas computacionales no aceptaban un certificado sin el nombre, el rut de la madre, o la fecha de nacimiento. Fue todo un enredo.

Luego vinieron tres guaguas más: Víctor, Cristóbal y Margarita, quien todavía no me ha sido entregada. Con Manuel y todos ellos el proceso fue más largo que con Aurora, de entre dos y tres años para que me entreguen el cuerpo. Como la autopsia indicaba que las guaguas habían respirado, podían ser inscritas, tener un certificado de nacimiento, una identidad legal, lo que hacía todo el proceso más largo. En el caso de Aurora, los pájaros le habían comido sus interiores y no se pudo establecer si había nacido viva o muerta. Legalmente Aurora quedó como NN. Pero de todos modos soy su mamá póstuma. Y Aurora es la tercera hija adoptiva que nunca tuve.

Tengo una hija biólogica que es la Panchi, dos hijos adoptivos que son Alejandra y José, y cinco hijos póstumos. Mi esperanza es que Margarita, si se aprueban las leyes en la dirección correcta, sea la última, aunque me va a costar dejar esta cruzada. El Estado debe asumir su responsabilidad, debe cumplir su obligación, y darles un derecho, pero nadie los va a ir a ver como yo lo hago. Tengo a mis cuatro angelitos juntos en el cementerio y los voy a ver siempre.

Al funeral de la Aurora fue todo un hogar de menores. Fue un curso de un colegio. Gente del campo. Y todos estaban felices. Algo parecido se repitió en los otros entierros. En esos funerales no se llora.

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