Diario Impreso

La voz del pastor Frez

<P>Por 19 años fue la voz más reconocible del <I>Buenos días a todos </I>y una marca registrada en las locuciones en off. Pero Patricio Frez se aburrió. Dejó TVN para dedicarse al Evangelio y a su religión. Así suena Frez en su nuevo rol de pastor. </P>

Esa voz. Esa voz que conocemos. Que dice cosas como ésta:

-Hay que saber perdonarse. Perdonar al resto.

Esa voz que pontifica. Que recita pasajes de la Biblia y que continúa aconsejando esto:

-Yo sé que es difícil. Que muchas veces uno piensa que hay cosas que no pueden perdonarse. Ni al resto ni a uno mismo. Pero perdonar nos acerca al Señor.

Es una voz que antes no decía estas cosas. Que estaba atrapada en la caricatura de un personaje. Esa voz, que suena tan familiar y distinta al mismo tiempo, es la nueva voz de Patricio Frez.

La voz habla desde una pequeña iglesia evangélica que queda en calle Güemes 185, en La Reina, y a tres minutos caminando del Metro Plaza Egaña. La iglesia, siendo precisos, no es cualquier iglesia evangélica. Es la Iglesia Cristiana Renuevo, la iglesia de Patricio Frez, que encontró esta casa de un piso el 27 de enero pasado. Frez iba caminando, vio el letrero de 'Se Arrienda' y entendió que este tendría que ser su nuevo lugar.

Así que hizo lo que habría hecho cualquiera que vive convencido de su idea. Habló con el dueño, conversó el precio y firmó un contrato de arriendo por tres años para convertir esa casa de 450 metros cuadrados en eso que se ve todos los domingos a las 11.00 desde hace ocho meses: un lugar donde los evangélicos adoran a Dios.

Al llegar lo que se ve es esto: una sala amplia, con cerca de 90 sillas plásticas ordenadas. Un pequeño escenario con un puesto para un orador y un proyector en el fondo. Una banda de seis músicos donde hay intérpretes que tocan el órgano, la batería y las guitarras. Y un lugar al costado derecho para dos coristas. Una de ellas, la que canta con más fuerza, es Kattia Sepúlveda, que es de Chillán, esposa del pastor Frez desde 2008 y que nació 15 años después que él.

Kattia, al igual que todos los miembros de la iglesia, saluda a todos. Fila por fila. Persona por persona. Siempre con una sonrisa blanca y un 'buenos días, que Dios te bendiga'.

La ceremonia religiosa -que aquí se llama rito y no misa- parte a las 11. Pero parte lento, con una especie de karaoke evangélico -con una banda en vivo- que Kattia lidera desde el escenario mientras su esposo lleva el ritmo con las palmas desde un costado y que los fieles acompañan con las letras que van apareciendo en el proyector, sobre una planilla PowerPoint.

Kattia, mientras la sala se llena de personas anónimas, y de otras no tanto, como Karen Paola, que hizo su fama en la pantalla de Mekano, Yingo y Calle 7, canta esto:

-Oh, yo no vine a un concierto. Yo vine a adorar a Dios.

La televisión nos enseñó eso. Que Patricio Frez era un personaje llamado 'Patito Frez' del que no conocíamos nada. Sólo su voz. 'Patito Frez' llegó a la tele y a nuestras vidas a la edad de 36 años, en marzo de 1992, cuando debuta como locutor en off del matinal Buenos días a todos de TVN.

Patricio, que ya no es 'Patito', sino que el Pastor Frez, lo recuerda así:

-El personaje de Patito Frez se elaboró en una evolución. Mauricio Correa, el director, me dijo cuando llegué que la televisión es peldaño por peldaño. Ahí me transformé en un muy buen locutor en off. Creo que el mejor que ha tenido la televisión chilena. Y no lo digo yo solamente.

Patricio Frez, que nació en Valparaíso en 1955 como el mayor de seis hermanos, que comenzó a trabajar en radios locales a la edad de 14 años y que no paró nunca más, de pronto se convirtió en eso que ahora repite. El mejor.

Sólo que el mejor, la voz que despertaba a Chile, lo hacía desde un personaje al que hasta 2001 nunca enfocaron las cámaras. Y el mejor no sólo era invisible. También estaba en función del éxito de alguien más.

-No es una gran voz la del 'Patito Frez'. No es un chistoso. Es un tipo que logra mantener la atención a través de la voz del director. Había un 50% de la creación del director. Camiroaga también es, en un 50%, la voz de Mauricio Correa. Aquí el cerebro de esta cuestión es él. Nosotros somos los ejecutores. El me decía una cosa y yo la daba vuelta. Jugaba a la pelota con eso que me pedía. Por eso él no quería que me fuera.

Frez repite eso.

-No quería que me fuera. Nunca. Hasta el último día.

Pero Frez se terminó yendo el 28 de septiembre de 2011 del 'Buenos días a todos'. El hombre de la voz dejaba el matinal y el universo desechable de la tele, donde sobraba espacio para esoterismo y faltaban minutos para la palabra de Dios, como explica Frez:

-Yo tenía una postura. Siempre la tuve. Pero fui muy respetuoso del canal y muy respetuoso del programa.

Frez tenía la cabeza en otra parte. Le costaba levantarse y dedicarle sus horas a otras cosas que no fueran el Evangelio. Y en eso, además de su fe, había una cierta cuota de protagonismo que por el bien de su programa había tenido que postergar.

-Los que tenían que lucirse eran los animadores. Uno estaba para que ellos se lucieran. Todo el resto que trabaja ahí, desde los periodistas, hasta el director, están ahí para que se luzca el rostro. Para que tenga un buen cometido.

El rito evangélico, como espectáculo, se alimenta de emociones. En la casa -convertida en iglesia- de Patricio Frez hay dos cajas de pañuelos desechables a los costados para que la gente seque las lágrimas que la voz del pastor les induce con testimonios como este: el de Alexis, su hermano menor, que hasta hace poco estaba diagnosticado de cáncer. Y que gracias a la ciencia del hombre, pero por sobre todo a los rezos y el poder de Dios, logró curarse.

Frez, vestido de traje y corbata, usa ese ejemplo para hablar del dolor y de la desesperanza. De los casos perdidos y de las personas que sienten vacíos que no saben explicar. Y entonces conecta. Con esa misma voz que no es una gran voz, pero que maneja los ritmos y los matices de la locución emotiva. A Frez, cuando cuenta estos testimonios, se le ponen los ojos rojos y la voz se le quiebra, y es ahí cuando alguien podría dudar de todo.

De que haya encontrado a Dios tan de repente. De que haya dejado todo muy luego, como jubilando su voz antes de que su voz lo jubilara a él.

Pero aquí está el detalle.

Frez es hijo de Raúl Frez, un hombre que quería ser sacerdote católico hasta que conoció a Norfa Cárdenas. Entonces se salió del seminario, se casó con ella y tuvo a su primogénito, Patricio, que nació con un mal que nadie podía explicar con la ciencia, pero del que Frez sanó sin otra explicación para sus padres que la del milagro:

-Mi papá empezó a trabajar en la Armada, estaba destinado en el Hospital Naval de Playa Ancha. Ahí me descubren una enfermedad muy grave. Era algo al estómago. Yo pesé cuatro kilos 800 gramos cuando nací. Y a los cuatro meses estaba pesando un kilo 600 gramos. Me desahuciaron, pero no me moría ni me sanaba. Ahí fue cuando mi abuela materna le dijo a mi padre: ¿Por qué no llevas al niño a la iglesia? ¿Qué pierdes? En el Evangelio de San Marcos aparece un versículo que Jesús mismo dice: "Pondrás las manos sobre los enfermos en el nombre de Jesús y los enfermos sanarán". Eso fue lo que hicieron conmigo. Oraron por mí. Fue una sanidad instantánea, me decía mi papá. Pasó una semana y mi madre dijo: 'Esto no puede ser casualidad'.

Después de eso, Raúl se convirtió en un pastor evangélico que tuvo ministerios en Los Angeles, Santiago y Lota. Patricio creció mirándolo, pero nunca sintiendo el llamado que de súbito había cambiado la vida de su padre. Y así pasaron los años, hasta que Raúl murió enfermo en 2002 y Patricio, que ya antes había sentido el vacío del que siempre hablan los evangélicos, volvió a su religión. Lo hizo de a poco. Yendo a pequeñas iglesias en Las Condes desde 2001 y participando activamente desde 2004. Ese fue el proceso que comenzó para convertirse el 5 de marzo del año pasado en el hombre que es ahora: el pastor de su propio ministerio.

Un tipo que ahora es voz y rostro. Que en su iglesia, todos los domingos, es el dueño del escenario y del micrófono. Que predica. Que sana a los pecadores de Güemes 185 al final de su rito, susurrándoles al oído palabras santas y colocando su mano sobre la frente de los fieles. Porque, como dijo Frez, para acercarse al Señor antes hay que perdonarse.

Y él ya se perdonó.

Por eso ahora, finalmente, Frez es libre de ser el dueño de su propio show.S

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