Diario Impreso

"Las horas en que escribo las siento como una bendición"

<P>El autor de <I>Carrie</I> y <I>El resplandor </I>publica un cuento nuevo en la revista americana The Atlantic.</P>

Vende millones de libros con sus novelas. No le hace falta escribir cuentos. Pero Stephen King es un enamorado del género. Fue la primera forma de escritura que practicó, siendo un niño. Y la primera que le dio dinero. Por años, mientras trabajaba en una lavandería y debía alimentar a sus dos hijos, vendió relatos a revistas populares. Ahora King publica un cuento inédito, Herman Wouk está todavía vivo, en el número de mayo de la revista norteamericana The Atlantic.

"Brenda debería estar feliz . Los niños están tranquilos, la carretera se extiende delante como una pista de aeropuerto, ella está al volante de una camioneta nueva", escribe Stephen King en el inicio del cuento. Naturalmente, la historia de Brenda se va a complicar. Y se contrapone con la voz de dos viejos poetas románticos que recuerdan su vida mortal y su largo y viejo pasado. El título del cuento alude a un escritor real, Herman Wouk, un autor nacido en 1915 y ganador del Pulitzer en 1951. Los orígenes del relato son peculiares. Así lo cuenta King en esta entrevista, donde habla sobre cómo nació el cuento, de su proceso creativo, del estado del cuento hoy y de sus preferencias musicales.

¿Cómo se gestó la historia de Herman Wouk está todavía vivo?

Todos los años, mi hijo Owen y yo apostamos a los resultados de "La Locura de Marzo" (el campeonato de básquetbol de la NCAA), y la apuesta del año pasado fue que el perdedor tendría que escribir un cuento con un título que le diera el ganador. Y perdí. Claro que gané realmente, porque tengo este cuento que me gusta mucho. El título que me dio mi hijo para el cuento fue Herman Wouk está todavía vivo, porque acababa de leer un artículo que decía que el tipo estaba todavía vivo y escribiendo, a pesar de que tiene 95 ó 96 años de edad. Así que pensé mucho -créeme, pensé mucho-. El torneo terminó por el primero de abril de ese año, y me quedé rumiando mentalmente hasta cerca de julio. Así que hubo un período de aproximadamente cuatro meses en que pensaba: "¿Qué voy a escribir?, ¿qué voy a escribir?". Generalmente uno tiene una idea y, a continuación, escribe un cuento; uno no piensa en un título y, a continuación, escribe un cuento que vaya con el título. Así que fue como caminar de espaldas. Y mi primera idea fue escribir un cuento sobre un tipo en un manicomio que cree que mantiene a ciertos escritores vivos con el poder de su cerebro. E iba a ser una historia cómica y habría una lista de escritores que lo habían cansado y que los había dejado morir.

¡Ja!

Como J. D. Salinger. Cuando finalmente decide que J. D. Salinger nunca va a publicar otro libro, es como decir: " ¡A la mierda! ¡A otra cosa!". Tenía esa idea y luego un día hubo un terrible accidente de motocicleta, como a un par de kilómetros de nuestra casa. Una mujer murió y dos días más tarde, obvio, empezaron a aparecer las cruces y las flores y ese tipo de cosas, y me dio que pensar y Herman Wouk está todavía vivo es el cuento que salió.

Bueno, usted ha escrito libros de ese tipo, ¿no es así?

Sí, he escrito algunas cosas de ese tipo y, de hecho, estoy pensando en algo así en este momento. No quiero decir más de la cuenta. Ese tipo de cosas es muy liberador; en realidad, te da la oportunidad de ampliar tu espectro y hacer algo diferente. Por eso me gusta, me gusta mucho. Resultó que hubo un accidente de verdad en el Día de la Madre, en Maine, hace unos siete años, donde murió un grupo de gente, en su mayoría niños. Tú sabes lo que pasa cuando uno escribe una historia o cuando se le ocurre una idea, absorbe todo tipo de elementos. Es la verdadera magia de este trabajo.

Y esta disponibilidad a la coincidencia y este hurgar la realidad para alimentar su imaginación, ¿es algo que cultiva? ¿Cómo funciona en su caso?

No creo que se pueda forzar. Creo que a veces uno tiene un cierto... También en este caso tenía un trabajo que hacer. Hicimos la apuesta y quería cumplirla, que es lo digno. Por eso, creo que probablemente mi inconsciente estaba buscando algo que funcionara. Eso es algo casi accidental al comienzo de tu carrera, pero mientras más escribes, más capacitado estás para reconocer las pequeñas señales. Te voy a dar un ejemplo. El otro día fui al buzón al final del camino y había un volante dentro, una de esas cosas con cupones de un dólar de enjuague bucal o maquillaje o lo que sea, y en el reverso hay fotos de niños, niños desaparecidos. El mensaje dice: "¿Me ha visto?". Es como por si acaso; uno lo tiene en la mano y ni lo mira. Lo estuve mirando de vuelta del buzón y pensaba: "¿Y si hubiera un tipo que recogiera uno de estos volantes y una de las fotos comenzara a hablar con él y a decirle "fui asesinado y estoy enterrado aquí, en esta ubicación, o en una fosa de grava o en una alcantarilla...?". Pensé: "Oye, un sujeto así podría encontrar cuerpos, sería muy sospechoso para la policía. Y ahí hay un cuento".

Sí...

Así es un poco la forma en que funciona.

¿Las ideas le siguen llegando al mismo ritmo?

No, no es así. Y de alguna manera es un alivio.

Iba a preguntarle por eso.

En los viejos tiempos parecía que las ideas se hacinaban, como la gente en un ascensor. Y mi cabeza a veces era un lugar muy ruidoso. La otra cosa que pasaba con eso es que estás trabajando en algo, va bastante bien, y de pronto se producen dos o tres ideas y todas gritan: "¡Debes escribir esto! ¡Debes escribir esto!". Es casi como estar casado y, de repente, tu vida está llena de mujeres hermosas. Tienes que permanecer fiel a lo que estás trabajando. Pero puede ser incómodo.

¿Las ideas nuevas las guarda en un archivo diferente, o..?

No, no escribo las ideas que vienen. Porque todo lo que haces cuando escribes ideas que aparecen es como inmortalizar algo que debe desaparecer. Si son malas ideas, se van por su cuenta.

Así que Ud. no suscribe esta cosa terrible del escritor que dice "Oh, tuve una gran idea, ¡pero se me olvidó!".

No, porque esa no era una gran idea. Si no la recuerdo, era una idea terrible.

Martin Amis escribió por ahí que el escritor muere dos veces: primero el talento y, a continuación, el cuerpo, o algo por el estilo. Este cuento parece negarlo. ¡Herman Wouk todavía sigue escribiendo!

Sin duda. Y por eso los poetas en el cuento son viejos, porque quería poder decir: "Estas son personas que fueron jóvenes y jaraneras…"

Eso me gustó mucho...

Como algunos de los poetas beatniks que salieron de San Francisco, quería eso realmente, y la idea del paso del tiempo. Ahora él es un anciano flaco y ella ha tenido muchos amantes. Pero el punto es que, de todos modos, aún siguen trabajando. Herman Wouk sigue trabajando. Y tú sabes, recuerdo muy claramente, probablemente hace 10 o hace 12 años, estaba en una librería en mi ciudad natal en Maine y en la sección de nuevas novelas estaba este libro: Un agujero en Texas, de Herman Wouk. Y yo quedé... ¡devastado! Pensaba: "¡Qué héroe! ¡Todavía sigue trabajando!"

Hablando más en general, ¿es aún tan pesimista acerca del cuento como aparece en el ensayo que escribió en The New York Times?

Ah, bueno...

¿O fue como un mal día?

Bueno, no fue realmente un exabrupto. Quiero decir, es un problema de quién los lee. Y tengo la perspectiva de ser un lector de cuentos desde cuando tenía ocho ó nueve años. En ese tiempo había revistas por todos lados. Había tantas revistas que publicaban cuentos que nadie podía seguir el paso. Era simplemente una boca abierta diciendo : " ¡Aliméntame! ¡Aliméntame!". Sólo las revistas baratas de 15 y 20 centavos publicaban como 400 historias al mes, sin contar las revistas más elegantes, como Cosmopolitan y American Mercury. Todas las revistas publicaban cuentos. Y se acabó. Ahora puedes contar literalmente con los dedos de las manos el número de revistas que no son prensas pequeñas que publican cuentos. Y siempre he sentido el deseo de escribir para una amplia audiencia. Creo que es algo digno de desear y de decir: "He conseguido algo que sólo atraerá a un pequeño segmento del público". Y hay pequeñas revistas que publican en ese sentido, pero muchos de los que las leen sólo lo hacen para ver lo que se publica, para poder publicar sus propios cuentos.

Es cierto.

No es algo generalizado. No se ve gente en los aviones con sus revistas abiertas en la parte 7 de la nueva novela de Norman Mailer. Por supuesto que está muerto, pero sabes lo que quiero decir. Y todos estos libros electrónicos y computadores, como que enturbian el agua y oscurecen el hecho de que la gente ya no lee cuentos. Y cuando pierdes la costumbre de hacerlo, pierdes la habilidad, pierdes la capacidad de sentarte durante 45 minutos con un cuento como éste y entretenerte.

Sentirse un poco emocionado.

¡Un poco emocionado! Genial.

Resulta extraño, eso sí, si lo piensa, que con toda la velocidad de que se nos habla, y la disminución de la capacidad de atención y todo eso, que la gente prefiera masticar un tomo de 400 páginas a simplemente tener un momento emocionante con un cuento...

Muchos de esos mamotretos de 400 páginas son desechables en sí mismos. Cuando veo los libros de algunos de los escritores de suspenso que son populares hoy, me digo: "Básicamente son libros para gente que no quiere leer". Sólo pasan a través del sistema. Es como la comida rápida, que vuela desde la boca a las entrañas, sin jamás detenerse para nutrirte. No quiero dar nombres, pero sabemos de quién estamos hablando.

¿Sigue escuchando música cuando escribe?

Ahora escucho música cuando reescribo. Ya no escucho música cuando compongo. No puedo. ¡He perdido esa capacidad para realizar multitasking!

¿Escuchaba a Metallica, cierto?

Metallica, Anthrax. Aún escucho a esos tipos... Hay una banda llamada The Living Things que me gusta mucho. Un grupo muy ruidoso. Nunca me gustó mucho Ozzy.

Yo estoy obsesionado con Black Sabbath.

No, no. Conmigo no funciona. "¡I AM IRON MAN!"

¿Eso no funciona?

No. Ahora, Judas Priest...

Me encanta Judas Priest.

¿Escuchaste alguna vez el cover de Diamonds and rust (de Joan Baez)?

Sí. Me encanta. Ahora: en su madurez...

(Se Ríe) Yo no me siento muy maduro.

¿Cuál es su parte favorita del proceso creativo?

Aún es cuando me siento a trabajar y el día rinde, y pasa algo que no espero y despego, simplemente me dejo llevar por el material; me encanta eso, cuando pasa.

¿Con qué frecuencia sucede?

No tan a menudo como antes. Pero con suficiente frecuencia como para saber cuándo ocurre. En el nuevo libro, que se llama 22/11/63, estaba escribiendo sobre un programa de variedades de secundaria y me pasó. Buenísimo. Muy entretenido.

¿Y cómo se siente tener un libro aún sin escribir en su cerebro?

Nunca comencé un libro que pensara terminar. Porque siempre se siente como un trabajo demasiado grande para un tipo pequeño como yo. Thomas Williams, ¿conoces su obra? Fue un novelista maravilloso, maravilloso. Escribió una novela titulada El pelo de Harold Roux, que es uno de mis libros favoritos, acerca de un escritor llamado Aaron Benham. Benham dice que cuando se sienta a escribir un libro es como estar en una llanura oscura con una pequeña fogata. Y alguien viene y se queda junto al fuego para calentarse. Y luego viene más gente. Y esos son los personajes en su libro, y el fuego es cualquier inspiración que uno tenga. Y alimentan el fuego, y crece y eventualmente se extingue porque el libro termina. Siempre me he sentido así. Al comenzar, hace mucho frío, una tarea imposible. Pero luego, tal vez, los personajes comienzan a tomar un poco de vida, o la historia toma un giro que no esperaba... a mí me ocurre mucho porque no hago esbozos, sólo tengo una vaga noción. Así que siempre se siente no tanto como algo que haya hecho, sino con lo que me he encontrado. Es emocionante. Un gran momento.

¿Y cómo mantiene su energía?

No lo sé. Comer tres veces al día y dormir ocho horas por la noche. Leo mucho. Estoy todavía enamorado de lo que hago, de la idea de inventar cosas, así que las horas en que escribo siempre las siento como una bendición.

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