Max Vivar: "Prefiero el 'abajismo'. El arribismo es el que nos tiene contaminados"
<P>Es el vocalista y compositor de Villa Cariño, grupo de cumbia que es parte de la exitosa nueva camada de la música tropical chilena y que toca desde las fondas dieciocheras hasta en festivales más exclusivos como Mysteryland. El músico habla de cuicos y abajistas y explica por qué les ha ido tan bien entre los jóvenes: "Faltaba la rebeldía popular. Para mí eso lo retomó la cumbia. No el punk ni el rock". </P>

La casa de "los Villa" está en el corazón de Ñuñoa. "Este es como nuestro centro de operaciones", comenta Max Vivar. Aquí es donde ensayan, componen o se juntan. En el refrigerador, una nota recuerda los cuidados que hay que tener con el pasto del jardín y en las murallas del living hay fotos de sus siete años de carrera musical. Destaca una: el grupo tocando en un óvalo del Parque O'Higgins completamente repleto, un ejemplo del enganche que tiene la nueva -o neo- cumbia entre la gente joven.
Con canciones como Clandestino, Política, amor y revolución y el cover de Zalo Reyes Prisionera, esta banda se ha ganado un espacio dentro de la "nueva camada tropical" que incluye a Juana Fe, Chico Trujillo, Combo Ginebra y Guachupé. Una lista que está creciendo. "Ahora no hay ningún otro género que lleve más público en Chile que la cumbia", dice Vivar.
Para él, fundador, vocalista y compositor de Villa Cariño, el ritmo se mezcla con contenido y sentido social. Ya no se trata sólo de hacer bailar, dice, sino que de cambiar conciencias. En estos momentos, el grupo se prepara para grabar su cuarto disco "con nuevos ritmos como reggae, bolero y candombe", pero sin dejar atrás la cumbia. Además se presentarán en la nueva edición del festival Mysteryland que se realizará el 19, 20 y 21 de diciembre en la hacienda Picarquín, en San Francisco de Mostazal.
El amor por la cumbia le vino "en un carrete" en el Centro Cultural Indígena Conacin. "Ahí tocaban muchas bandas que ahora son internacionales como la Banda Conmoción. Me impactó mucho el look del Gipsy, el vocalista de Combo Ginebra", explica.
¿Por qué le llamó la atención?
La imagen del grupo no era la de la tradicional orquesta tipo Sonora Palacios o Tommy Rey. Eran raros, una mezcla entre gitanos y rockabilly. Nada que se pareciera al concepto de cumbia que tenía. Simultáneamente había visto a Juana Fe y había quedado fascinado con la banda sonora de la película Malta con huevo, hecha por Chico Trujillo. Todo esto era como un grito urbano, una respuesta que el rock no estaba entregando. Después de Los Tres hubo un momento negro. Hubo harto pop, con experimentos brillantes como Supernova; pero faltaba la rebeldía popular. Para mí eso lo retomó la cumbia. No el punk ni el rock.
¿Cuáles eran sus intereses antes que eso?
Mis influencias siempre fueron Inti-Illimani, Violeta Parra, Víctor Jara. Con mis compañeros del Colegio Latinoamericano de Integración formamos el grupo Illari, de raíz folclórica. Aprendí a tocar la quena, zampoña, charango. Pero mi primera pega de músico profesional fue a los 22 años, en una obra callejera dirigida por la Malucha Pinto llamada Rosamunda La Brava. Ahí supe cómo era ser músico de escenario, de performance. Tocábamos cuecas y cumbias, y conocí a baluartes del género como Anarquía Tropical. Tocando cumbia en las calles y poblaciones nació un impulso que me dijo: "Ya, perece que no es Illari, parece que hay otra potencia aquí". De eso, y de ver a todas estas bandas que estaban apareciendo, nació Villa Cariño, un grupo exclusivamente de cumbia.
¿Y cuál era el objetivo de este nuevo grupo?
El primero era matar todo el resto de Nueva Canción Chilena que había en nosotros mientras fuimos Illari. Yo tuve la suerte de ser alumno de Horacio Salinas, fundador de Inti-illimani. A él le gustaban los Beatles, no la música que hacía Inti. Le gustaba el rock pero hacía folclor. A mí me gustaba Inti, pero no podía hacer lo mismo que ellos porque esa música correspondía a otro tiempo, otra realidad.
¿Cómo fueron los inicios de Villa Cariño?
Fue muy bonito. Partió como una peña y copiábamos lo que hacían otros grupos. Conseguíamos un local que tuviera barra, nosotros mismos vendíamos el trago y después poníamos música con DJ. Muchas de nuestras letras eran de amor sufrido. Entonces si eras un cabro que te había pateado la polola y querías lanzarte, qué mejor. Unos tipos de tu misma edad cantando un drama que te pasó a ti. Ahí decían, 'lo pasé mortal, voy de nuevo'. En el fondo más que ser bandas que sólo tocábamos, éramos bandas que producíamos carretes.
¿Qué tipo de carretes?
Dijimos "hagamos que todos los siúticos como nosotros, gente cuica, puedan salirse de su cuiquerío". A mí me gusta toda la música, pero hay tocatas donde tienes que estar callado, ir vestido taquilla o ir al club no sé cuánto que es el que tiene onda. Nuestra idea era decir "niño cuico, rehabilítate, conoce la vida". Hacer música que bailara la gente de la población que conocí como músico de teatro y el pituco. No para que seamos todos hermanos, sino para decir: "Fuiste al colegio más caro de Chile y nunca saliste de tu comuna donde todos tienen plata. Ven a carretear a Plaza Brasil o al Galpón Víctor Jara". Y se logró porque nosotros no teníamos un mensaje discriminatorio contra nadie. Empezaron a llegar rucios al galpón Víctor Jara y nuestros amigos de la José María Caro al Amanda, en Vitacura. Esa es la gran victoria: que todas esas minas cuicas vayan a vacilar la cumbia.
Algunos critican a Villa Cariño diciendo que son "cumbieros abajistas" "cuicos que se creen pobres", ¿qué opina de eso?
Bueno, Jorge González venía de San Miguel y le cantaba a los cuicos. Yo lo admiro y él para mí es lo más grande. Pedro Foncea, del grupo De Kiruza, estudió en el San Ignacio y su discurso es hacia la población, hacia el gueto. Aunque tu nazcas allá y yo acá al final todos nacimos en este pueblo. En eso de la cumbia abajista, sí, tienen razón. Creo que Villa Cariño, ese "picarnos a flaite", nació para decir "cuicos y qué". Sí, podríamos haber sido todos ingenieros civiles industriales y estar vomitanto cuiquerío. Pero nosotros no queremos ese Chile arribista. Prefiero el "abajismo". Porque es el arribismo el que nos tiene contaminados. Lo digo como Max Vivar, el hijo del hombre con plata que se tuvo que hacer a sí mismo sólo porque su papá se murió, no más.
¿Cómo decidió estudiar música?
No me lo cuestioné. Era un niño, ingenuo, hijo de papá. Tuve la suerte de tener una buena situación y mis papás siempre promovieron que fuera feliz. Pero después mi papá se enfermó de esclerósis lateral amiotrófica (ELA), la enfermedad por la que se hizo el Ice Bucket Challenge. Sólo el medicamento principal del tratamiento costaba 800 mil pesos mensuales. Ahí pensé: "Qué estoy haciendo estudiando música, me voy a morir de hambre. Mi gran sostén económico no va a estar". Estaba en tercer año de composición musical en la escuela de la SCD (luego se transformó en Arcis) y tenía que repartirme entre cuidar a mi papá, las clases y darme cuenta de que los compositores de este país terminan la carrera y después se dedican a cualquier otra cosa.
¿Por qué siguió entonces?
Fue una revelación. Mi papá ya en silla de ruedas me dijo: "Yo lo tenía todo, pero me voy a morir". Lo traduje a algo así como 'no pierdas la posibilidad de realizar tus sueños, porque en cualquier comento la vida se acaba' y eso me dio la valentía para poder continuar. Porque, en el fondo, si eres gerente, tienes plata, o no tienes plata el final va a ser el mismo.
¿Fue difícil económicamente?
Nos decían que éramos unos cuicos que teníamos todo fácil. Pero cuicos que tenían que pagar sus cuentas y a veces no había plata, no más. Afortunadamente ahora nos ha ido bien, pero hubo momentos en que vi a mis compañeros llorar de frustración. Pasas hambre, humillaciones, muchos dueños de locales que no te pagan. Cuando estábamos partiendo, un integrante dejó embarazada a su polola. Hubo mucha angustia, pero se siguió luchando. Me emociona pensar que partimos tocando en una junta vecinal de La Florida, pidiendo por favor el espacio, y que para este Dieciocho estuvimos en casi todas las fondas y que 20 mil personas en Recoleta corearan nuestras canciones. Nueve tocatas en tres días.
¿Cuál es tu consejo para otros jóvenes que quieren ser músicos?
Que si tienen talento no lo desaprovechen, por favor. Porque si no, vas a ser infeliz. Y a los papás, que pongan atención al talento de sus hijos. No los manden a estudiar ingeniería en no sé qué para que después de siete años de carrera, cuando esté todo encamisado, con corbata, recién los domingos pueda explorar lo que le gusta tocando covers con los amigos. Si creen que lo hace bien, apuesta cerrada. Todo al negro. Porque le va a ir bien. Juro que es así. Yo, musicalmente soy de la media nada más. Centré mi corazón en hacer canciones. Afortunadamente mis padres me dijeron 'puedes lograr lo que tú quieras'. Mi abuelo, al enterarse de que sería músico, dijo: "Yo pensé que podía ser más que eso", pero él nunca hizo lo que quiso en su vida, porque no tuvo la oportunidad.
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