Diario Impreso

Mi Manifiesto: Marcel Claude, economista, candidato presidencial

Cuando chico no tenía idea qué quería hacer. Me dedicaba a subirme a los árboles, andar en bicicleta. Me angustiaba pensar en mi hermano que era ordenadito y tenía todo claro. Yo no tenía claro ni cuál era mi color favorito. Era un desastre, vivía en los hospitales. Me quebré la cabeza, las piernas, las manos. Era “híper hiperquinético”. No me daban Ritalín, me daban cachetadas.

Mi bisabuelo era francés. Un anarquista zapatero que llegó a Concepción. Yo creo que de francés tengo esa inclinación por los cambios revolucionarios, algo de jacobino.

De ninguna manera apoyaría en una segunda vuelta a Michelle Bachelet. Nosotros no apoyamos ningún proyecto que tenga por objetivo legitimar la herencia económica, política y social de la dictadura. Y la Concertación es eso, un proyecto de derecha.

Para las pasadas elecciones presidenciales voté por Arrate. En la segunda vuelta escribí “Dios es mi copiloto” y anulé.

Mi primer recuerdo de infancia es un prado de flores amarillas. Un camino que recorrí con mi madre de la mano, en un día soleado.

Estudié en el Liceo 17 de Niñas, el actual Flemming, pero se llamaba así, aunque era mixto. A mí me cachetearon desde el primer día de clases, hasta que Eduardo Frei Montalva dictó la ley prohibiendo que se les pegara a los niños. Encuentro terribles los colegios, tengo un pésimo recuerdo de eso.

Mi papá siempre fue democratacristiano. Hasta los 16 años yo también lo fui. Después no fui nada, me dediqué a estudiar, y como en la mitad de la carrera empecé a comprometerme en actividades antidictatoriales.

Tengo formación católica culpógena, pero yo no soy católico hoy.

Yo estuve en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la U. de Chile. Me formé como economista neoliberal, tradicional, clásico. Sólo cuando estudié en Lovaina vine a estudiar marxismo como economista.

Las carreras tienen como sus conductas culturales: así como el médico anda con delantal blanco, el economista anda con colleras. Cuando la gente piensa en un economista, se imagina a un pelotudo con corbata, camisa blanca, traje y que habla repitiendo las mismas tonteras.

No soy candidato porque haya querido, preferiría no ser el candidato. Esto fue coreado por el movimiento estudiantil: cuando yo llegaba el 2011 a la universidad, se desbordaban los auditorios. Yo creo que si la elección la decidieran los universitarios, yo podría ser el Presidente.

Los candidatos se deben construir en una historia de encarnación de las luchas políticas y sociales que todos los pueblos tienen. ME-O no es eso, Sfeir tampoco, y menos Parisi. Parisi es un invento completo.

He hecho rafting, tenis y natación. Ahora hago campaña.

Canto y guitarreo. Y cuando canto, causo más sensación que la cresta. Me gusta juntarme con amigos a tocar. Como una peña. Hace unos años, en Canadá fuimos a un seminario bien latero, y los latinos nos juntamos e hicimos un canturreo. Estuvimos tocando la guitarra hasta las seis de la mañana. Yo no carreteo, mis carretes han sido pura política.

Aprendí a tocar guitarra a los 12 años. Mi guitarra me la compré con mi primer sueldo hace 30 años. La caja es de cedro, cubierta de pino abeto y diapasón de nogal. Es una maravilla. Una vez la llevé para convertirla en guitarra electroacústica. El tipo me dijo: “Antes prefiero ponérsela de sombrero en la cabeza. Usted está hueón, no puede convertir esta guitarra en ninguna cosa más de lo que es. Sólo cámbiele las cuerdas”.

He hecho clases en muchas universidades y me han echado de todas. Creo que me han despedido porque este país no tolera la autodeterminación.

Nunca he cotizado en AFP, sólo cuando he estado obligado por contrato. Estoy en un isapre. No estoy en Fonasa, porque en Chile el sistema de salud público no existe.

No soy vanidoso, pero me gusta verme bien. No creo que soy ninguna maravilla biológica e intelectual, pero mal no me va.

Estoy casado con una mujer de la que no me he separado y vivo con mi pareja. Mi ex esposa es la mamá de mis tres hijos. Ella me ha demandado hasta porque tengo las orejas chuecas; es triste cuando todo se transforma en un conflicto de plata. En tribunales me pusieron condiciones excesivas y a veces no puedo pagar no más. Gané mucha plata en Oceana, pero cuando me fui, ya no gané más.

He ido muchas veces al siquiatra. Si no se va en estos tiempos al siquiatra, ¿cómo se sobrevive? No soy depresivo, tengo altibajos de ánimo: desanimado, eufórico, decaído. Pero mi conducta no se deja llevar por mis estados emocionales.

No fumo, no tomo nada, no como mucho, no practico los placeres, soy más bien estoico. ¿Si practico algún placer dos veces por semana?... Jajaja, claro que hay otros que practico, pero no como práctica, sino casi porque corresponden, porque te piden cuentas y hay que pagar deudas atrasadas. Pero yo podría vivir muchos años en un páramo.

Bailo poco. Me gusta el tango, bailaba mucho antes. A la Concertación le dedicaría Cambalache y a la Alianza un tango en que se le canta a una mujer que ahora está vieja, desvencijada.

Mi sueño pendiente es convertirme en un intelectual latinoamericano que sea capaz de sintetizar una crítica rotunda y demoledora al desarrollo capitalista latinoamericano.

Me gusta jardinear, pintar, arreglar. Soy un maestro carpintero.

Tengo rollos con la comida, odio la comida, por mí no comería. Lo único que me gusta son los huesillos con mote.

Después de la muerte no sé qué viene. Tengo expectativas de que hay algo más, pero la cabeza me dice que no hay nada. S

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