Diario Impreso

No tema recordar el pasado, la nostalgia fortalece

<P>Considerada como un desorden siquiátrico hasta comienzos del siglo XX, los científicos han probado en la actualidad que la nostalgia es un mecanismo del cerebro que nos permite enfrentar trances difíciles de la vida.</P>

NO ES POR mera casualidad que justo en momentos de tristeza, las imágenes del pasado parezcan inundar nuestros pensamientos, como si se tratase de una película o de un drama que recrea nuestras propias vidas: el cumpleaños de la infancia, esa Navidad inolvidable con la familia, el día de nuestro matrimonio o cuando, orgullosos, recibimos el título universitario tras años de esfuerzo. Quizá por eso la nostalgia es también llamada melancolía y quizá también por eso se le suele asociar a un estado más bien taciturno o de pesar que experimentamos con mayor frecuencia en la vejez.

En este contexto, no resulta extraño que hasta comienzos del siglo XX la nostalgia haya sido considerada como un trastorno del ánimo ligado a la depresión. Pero la visión en nuestros días es diametralmente opuesta. No sólo todos acudimos de manera frecuente a la nostalgia en nuestras vidas, los jóvenes y los viejos, sino que este estado de ánimo tiene una función fundamental para restablecer el equilibrio anímico a nivel cerebral en momentos difíciles.

Es lo que señala un reciente estudio de la Universidad de Southampton, Inglaterra, que investigó a cientos de jóvenes que debían llevar un "diario de la nostalgia", escribiendo y luego leyendo los episodios nostálgicos que experimentaban en su vida cotidiana. La capacidad para evocar el pasado demostró ser una suerte de depósito, una cuenta corriente a la cual se accede de preferencia en momentos de desánimo, señala la investigación.

Constatine Sedikide, especialista que lideró el estudio, señala que el mejor ejemplo son los soldados en una guerra, que deben enfrentar el estrés permanente ante la posibilidad de morir bajo fuego enemigo: "Todos ellos llevan siempre consigo fotos de su familia, sus esposas o sus hijos", dice la experta, señalando que estas imágenes cumplen la función de un verdadero "salvavidas emocional".

Ello también explica la tendencia natural del ser humano para atesorar recuerdos en diversas etapas de la vida, en especial de aquellos momentos de transición que representan cambios: las fotos del matrimonio, el título de graduación que recibimos al terminar la universidad, o el ticket de avión de ese viaje por el mundo que siempre soñamos, hasta que finalmente se hizo realidad.

Damian Barr, especialista que lideró un reporte dado a conocer el año pasado sobre la nostalgia de los jóvenes en Gran Bretaña, explica que la sicología moderna ve hoy a la nostalgia como una suerte de "antídoto contra la depresión" y no como una manifestación de desórdenes anímicos, como se creía en el pasado. El estudio, llamado Re Run Generation, señala que los adultos entre 28 y 40 años conforman una generación que, gracias a internet y las nuevas tecnologías, mantiene vivos sus recuerdos de juventud como ninguna otra generación en la historia. Según este estudio, cuatro de cada cinco adultos (82%) asocia con alegría estos recuerdos.

Y el nuevo estudio confirma estos hallazgos. No sólo el 80% de los jóvenes manifiesta experimentar nostalgia al menos una vez a la semana -lo que derrumba el mito de que la nostalgia es una debilidad de la vejez-, sino que muchos jóvenes señalaban a recurrir a ella cuando se sentían "aislados o desconectados" de su entorno. "Cuando nos sentimos solos, tanto la foto como el recuerdo que evoca nos ayuda a sonreír y pasar el trago amargo", ejemplifica la especialista de la U. de Southampton.

Imágenes del cerebro han demostrado también que liberamos dopamina al acceder a estos recuerdos, de manera que la llamada hormona de la felicidad explicaría el poderoso efecto "sanador" de la nostalgia.

Pero la melancolía se expresa de diversas formas. En la Universidad Lemoyne College de Nueva York, Estados Unidos, la sicóloga Krystine Batcho realizó una suerte de "inventario" de la nostalgia. Tras entrevistar a miles de personas, determinó cuáles son los episodios que nos marcan y en qué orden se presentan. El primer lugar lo tiene la familia, le sigue el no tener preocupaciones, los lugares, la música, recordar a alguien que se amó, las amistades, los juguetes de la infancia, los programas antiguos de televisión, las películas y la casa familiar.

Según Batcho, altos niveles de nostalgia no se relacionan con insatisfacción con el presente o ansiedad con el futuro, pero sí con la opinión de que todo tiempo pasado fue mejor. Damian Barr explica que, ante las tensiones propias de la vida cotidiana, estos recuerdos se transforman en "asociaciones felices con un pasado que se presentaba como más esperanzador que el presente".

Paula Sáez, sicóloga de la Universidad Diego Portales, señala que uno de los grandes problemas que experimentan las personas para utilizar la nostalgia a su favor es que muchos tienden ha evitarla. "Existe una presión social hacia la alegría permanente, con un concepto de felicidad que indica el no tener contacto con toda la gama de emociones que tenemos", indica.

En otras palabras, "somos propensos a evitar la nostalgia porque le 'hacemos el quite' al dolor".

Patricio Celis, director de la carrera de sicología de la Unab, agrega que esta suerte de "estigma" que recae sobre la nostalgia tiene que ver con una tendencia histórica a relacionar la tristeza, el duelo o la angustia con desórdenes del ánimo, sin considerar que se trata de estados que somos capaces de experimentar y no por capricho de la naturaleza, sino porque tienen una función: desde repasar los errores para no cometerlos de nuevo, hasta revivir nuestros logros para repetirlos.

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