Por Alejandro TapiaViolista Alejandra Tapia y su álbum con Jorge González: “No buscábamos que sonara bonito”
La instrumentista de la Orquesta Usach elaboró una obra experimental junto al músico que lleva por título "Ale y Jorge" y que verá la luz este sábado. El disco, de melodías inquietantes y evocadoras, posee influencias que van desde las anticuecas de Violeta Parra a Igor Stravinski.

Alejandra Tapia cursaba cuarto medio en Talagante cuando se acercó al director de la orquesta comunal de esa ciudad para comentarle que el violín le parecía un instrumento maravilloso y que lo estaba descubriendo. Alejandra quería ser parte de la orquesta y, algo confundida, le dijo al profesor: “Que lindo suena su violín”. Éste contestó: “Pero esto es una viola ¿Quieres tocar?”. La estudiante respondió que sí.
La joven comenzó a compenetrarse rápidamente en ese mundo, al punto que poco después ingresó al conservatorio de la Universidad de Chile para estudiar interpretación musical. Pese a que no es un instrumento “popular”, Tapia se decantó por la viola debido a su sonido y sobre todo por la función que cumple en la música de cámara. Pero además porque consideraba que la viola poseía una personalidad única: “Está presente pero es tímida”.
A esta joven no solo le interesaba la música clásica, sino que también la popular, y en especial Colombina Parra, que le parecía un referente femenino valioso por su forma de ser auténtica y revoltosa. Muchos años después, en 2024, Colombina actuó junto a la Orquesta Usach para presentar Canto para una semilla, basada en décimas de Violeta Parra. Ahí coincidió con Alejandra, quien se desempeñaba como intérprete de viola en ese ensamble. “Su voz me pareció increíble y me armé de valor para ir a saludarla. Me gustaba mucho lo que hizo con Los Ex. Al tiempo, le mandé un archivo por correo con un arreglo para quinteto de cuerda que yo había hecho para La corbata de mi tío”, cuenta Tapia, que quería obsequiarle algo a la cantautora en agradecimiento por la experiencia en la Usach.
Tapia reversionó esa canción —la consideraba “potente, teatral y operática”—, con un arreglo de cuerdas sin que sonara hollywoodense. Su idea, más bien, era acompañar la historia que se cuenta en la composición original. A Colombina le encantó el arreglo y se lo hizo saber a Alejandra vía correo. No pasó mucho hasta que intercambiaron teléfonos y comenzaron a dialogar por WhatsApp. Coincidía que por esos días Parra se encontraba trabajando junto a Jorge González y le comentó al músico sobre los arreglos de la violista. Jorge se interesó y pocos días más tarde se conocieron. Con el correr de las semanas nacería un nuevo dúo: Ale y Jorge.
***
Tras varios meses de trabajo, finalmente este sábado 6 de junio saldrá a la luz un álbum facturado por González y Tapia que lleva por título Ale y Jorge, de Aula Records, sello discográfico de la Usach. Este disco se publicará en una edición limitada de 40 copias en vinilo y estará disponible ese día de forma exclusiva en la Feria Vinilo Garage, en el GAM. Esta obra, que también estará en plataformas digitales, se suma al inminente lanzamiento de otro trabajo de Jorge en dupla con Miguel Conejeros y que lleva por título Cobijo.

De 10 pulgadas y con un cuidado trabajo de arte a cargo de Jacqueline Fresard —que también diseñó la portada de Cobijo—, Ale y Jorge podría “etiquetarse” como música experimental. Aunque no se perciba inmediatamente, esta obra posee dosis de teatro, humor, melancolía y un cúmulo de otras emociones, además de referencias que van desde Igor Stravinski a las anticuecas de Violeta Parra y Astor Piazzolla.
Constituido por seis piezas —una lleva el nombre de En puntillas tras de ti, otra Cabalgata coja—, aquí la viola de Alejandra Tapia es la voz protagónica, con arreglos, ambientaciones y diseño sonoro de González. “Esto no es una obra clásica ni sinfónica, es música experimental. Diría que es como la unión de dos mundos: el académico y lo popular”, explica la violista a Culto desde un café cerca del Metro Salvador. Por mucho que el tono sea experimental, el álbum transita por hermosas melodías —evocadoras y conmovedoras— que sorprenderán incluso al más conocedor de la rica obra musical de Jorge González.
***
¿Recuerdas cómo fue tu primer encuentro con Jorge?
Estaba nerviosa, porque no sabía a lo que iba. No sabía si era una reunión o un ensayo. Tampoco sabía mucho qué estaba haciendo Jorge con Colombina. Ese día llegué con mi viola porque venía de un ensayo. A ambos les llevé unas hojas impresas con los arreglos que hice para La corbata de mi tío, como una monería. Ese día no tocamos nada, solo escuchamos música, conversamos y tomamos tecito. Fue muy entretenida y bonita esa tarde. Desde ahí se fueron dando solo las cosas.

¿Imaginaste que terminarías componiendo un álbum con Jorge González?
Yo pensé que sería esa pura visita y nunca más. Lo tomé como un regalo super bonito. Resulta que Colombina y Jorge habían estado grabando esos temas que después subieron a Bandcamp. De repente me preguntaron si a alguna de esas canciones quería introducirle algo de viola. Y así comenzamos a intercambiar ideas y a enviarnos música, hasta que un día me armé de valor y le envié cosas que había hecho yo. La verdad que yo no tenía idea si quiera de cómo grabarme. Al principio lo hice con un micrófono de esos que uno ocupa para Zoom.
¿Y qué pasó después de eso?
Desde que yo estaba en la universidad componía. Entonces sacaba el MIDI y le mandaba a Jorge archivos de audio. Gracias a eso comencé a entender cómo funcionaban los programas para grabar, y le mandaba cosas mías que se me ocurrían, melodías y esas cosas. Me acuerdo que un día me devolvió algo que le mandé yo, pero le había metido sintetizadores. Yo flipé por lo lindo del resultado. Él le dio la vuelta a algo que era una melodía humilde. Yo no sabía que podía sonar así la atmósfera de un track de viola. Y ahí empezamos a colaborar los dos. Jorge igual me pedía a veces cositas para que yo tocara, o yo le mandaba lo que estaba haciendo. Así surgió esta relación musical. Acá no hay una ordenanza onda “tú haz esto”, sino que fluye de manera natural.
***
Tal como hizo con Miguel Conejeros para Cobijo, González trabajó con Tapia a distancia, pero en diálogo permanente. De a poco, Alejandra fue mejorando la calidad de sus grabaciones y se lanzó a producir las cosas que tenía en su mente: “Muchas veces me frenaba, porque no sabía si debía escribir una sonata o una improvisación escrita, porque hay muchas reglas en la música académica. Por conservar la tradición uno se coarta un montón. Pero al final me solté”. Tanto así que la violista adquirió una interfaz de sonido para que el intercambio de archivos fuese aún más fluido, aunque de todos modos se sentía alejada a ese mundo, es decir, a componer fuera de una partitura.

“Jorge me ayudó un montón en ese aspecto”, cuenta. Y de Colombina aprendió que en ocasiones los errores son geniales y le dan mayor naturalidad y humanidad a las composiciones. “Los errores hacen la diferencia en lo que parece perfecto. Marcan la diferencia y se siente todo más vivo”, cuenta Tapia.
La idea de plasmar este intercambio en un álbum surgió de Aula Records.
—Vamos a hacer un disco, le dijo Jorge a Alejandra de un día para otro.
—Mándame todo, le solicitó el músico.
“La forma y el concepto del álbum es totalmente de él”, dice la violista. “Yo le mandaba lo que se me iba ocurriendo y entre todo eso él armó el disco”, agrega.
¿Cómo definirías el enfoque musical que posee este álbum?
Es evidente que no es rock. No soy fan de las etiquetas, pero cada persona puede ponerle la etiqueta que quiera. Diría que es un híbrido de músicas, emociones y momentos. Diría que es música contemporánea, experimental, electroacústica. Aparte tampoco tengo toda la música escrita: hay partes que sí y otras que no. Me quedo con lo de experimental, porque así lo percibí yo desde mi interna. La viola era lo que yo tenía para grabar en ese momento. Me preguntaba, si hago esto ¿qué le hará Jorge?

¿Sería algo así como un álbum electroacústico experimental?
Sí. Acústico por mi viola y electro por cómo Jorge manipula la viola. No es solo grabar algo para viola, como una improvisación o un capricho, sino que Jorge expandió ese lugar para mostrar la música de distintas formas. En Bandcamp hay mucha música con violines, violas, sintetizadores y efectos. Por ahí va. Jorge le dio curso a mis melodías. Buscamos que no fuese convencional ni obvio. No buscábamos que sonara bonito; queríamos que sonara auténtico, sin miedo.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE











