Editorial

Protesta de Chile por dichos de nuevo embajador de EE.UU.

Han sido los constantes hostigamientos del Presidente Boric hacia Donald Trump lo que ha deteriorado la relación con el gobierno de Estados Unidos, y era iluso suponer que eso no traería consecuencias para el país.

El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd. Foto: X @EmbajadaEEUUcl

El recién designado embajador de Estados Unidos ante Chile, Brandon Judd, ha tenido ciertamente un debut muy poco usual, pues las declaraciones que formuló en su primera conferencia de prensa fueron objeto de la presentación de una nota de protesta por parte de la Cancillería chilena, al estimarlas “inapropiadas y desafortunadas”.

Judd fue explícito en transmitir la decepción que sentía por las críticas que el Presidente Gabriel Boric formuló en contra de Donald Trump durante la reciente COP30 en Brasil, donde lo acusó de mentir respecto de la crisis climática. El diplomático señaló que “criticar a los Estados Unidos sobre temas ambientales, cuando somos uno de los líderes del mundo en lo que tiene que ver con todo lo que sucede con los temas ambientales, es muy decepcionante, y muestra cómo ha caído la relación”, haciendo ver además que este tipo de críticas “está dañando a los chilenos. Los daña en los distintos tipos de negociaciones que están hoy día teniendo lugar. Y obviamente daña el traer negocios de los Estados Unidos acá también”.

La Cancillería también estimó que las expresiones de Judd respecto del proceso político nacional –“vamos a trabajar con cualquier Presidente que el pueblo chileno elija, pero sin duda habrá un gobierno con el que será más fácil hacerlo”- representan una intervención en asuntos internos de nuestro país.

Con su nota de protesta, el gobierno chileno ha buscado trasladar a Judd la responsabilidad por este incidente diplomático, pero lo cierto es que no se está reconociendo que la fuerte reacción del gobierno norteamericano es la consecuencia inevitable de la forma como el gobierno chileno ha llevado la relación con la administración de Donald Trump, donde el Presidente Boric no ha ocultado su animadversión por el mandatario norteamericano, criticándolo constantemente, incluso en instancias internacionales. Frente a tal nivel de hostigamiento, era iluso suponer que ello no tendría consecuencias para Chile, y es lo que el nuevo embajador precisamente ha hecho explícito en sus primeras declaraciones.

Las provocaciones de Boric han sido varias. Baste recordar, por ejemplo, que cuestionó a Trump por la presión que este ha ejercido sobre Ucrania para que acepte un plan de paz con Rusia; lo tildó de “nuevo emperador”; criticó su decisión de revisar las exhibiciones y los materiales en el Instituto Smithsonian –afirmó que estas “socavan la democracia en Estados Unidos”-, e incluso declaró a un medio de la India que “ya no dependemos de Estados Unidos; no nos gustan los gobiernos abusivos”, añadiendo que “Trump representa todo aquello a lo que me opongo”.

Además de estos cuestionamientos, el propio Mandatario envió una señal sumamente contradictoria cuando se negó a contestar un llamado telefónico del Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio -cuyo interés era abordar el tema arancelario y los pasos que daría Chile en relación con Israel y el conflicto en Gaza-, derivándolo al canciller, bajo el pretexto de que los presidentes se contactan con sus homólogos o primeros ministros, un desaire que difícilmente podría haber sido pasado por alto en la administración Trump.

El silencio que el gobierno de Estados Unidos había mantenido durante todo este tiempo frente al constante hostigamiento de Boric y el desaire a Rubio hizo creer erróneamente que la administración Trump estaba ignorando estas descalificaciones, y que tal proceder del mandatario chileno no tendría implicancias. Ello naturalmente ha demostrado ser un grave error de juicio por parte de nuestra política exterior, y de hecho la primera señal de alerta provino hace algunas semanas del subsecretario de Estado Christopher Landau, quien con motivo de las críticas de Boric en la COP30 planteó que dichos comentarios demuestran “lo bajo que ha caído la relación entre ambas naciones”, algo que extrañamente no generó ninguna reacción oficial.

Lo concreto es que ya quedó claro que el imprudente actuar del Presidente de la República ha resentido la relación con Estados Unidos, sin sopesar que ello podría afectar los intereses del país en una serie de ámbitos, partiendo por todo lo relacionado con la Visa Waiver, introducir ruido en las actuales o futuras negociaciones con Estados Unidos en materia arancelaria, o eventualmente complicar las inversiones norteamericanas en nuestro país, como lo insinuó Judd.

Por ello resulta particularmente preocupante que una vez que el gobierno norteamericano hizo explícita su molestia con Chile, aun así el Presidente Boric haya insistido en seguir criticando a Trump, esta vez por las directrices que impartió a sus embajadas para que identifiquen y reporten a gobiernos latinoamericanos que estén apoyando el aborto, la eutanasia y políticas vinculadas a la diversidad. Pese a que no hay una mención específica a nuestro país, ni tampoco se conocen más detalles de estos instructivos, el Mandatario se adelantó a postear que “Chile no acepta ningún tipo de tutelaje. Nuestra soberanía no se negocia”, acompañado de una imagen de Trump, lo que lleva a preguntarse si acaso el jefe de Estado ha internalizado los mensajes que se han recibido desde el Departamento de Estado.

Se están haciendo cada vez más evidentes los riesgos de que un Presidente maneje la política exterior desde sus propias pulsiones y no con criterios de Estado, poniendo con ello en riesgo los intereses del país. Una muestra de esta actitud caprichosa se refleja en que La Moneda ha dilatado la ceremonia de entrega de cartas credenciales por parte del nuevo embajador de Israel, lo que ha llevado a que otros representantes -como el de Panamá o Japón- sigan a la espera, por lo que no cabe descartar que transcurra bastante tiempo antes de que llegue el turno del nuevo embajador de Estados Unidos, lo que solo acrecentaría el desgaste de la relación.

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