El Deportivo

Claudia Schüler, el recuerdo de la “diabla” eterna

El domingo pasado, la selección chilena femenina de hockey sobre césped ganó invicta el clasificatorio a su segundo Mundial consecutivo, una instancia que sirvió para constatar que el legado de su histórica arquera permanece intacto. Su madre, Olga Hillmer, y su padre, Rolf Schüler, relatan cómo han sido estos casi tres años sin su hija y cómo se han ido cumpliendo los sueños de ella a través de su equipo.

Rolf Schüler y Olga Hillmer, junto al retrato de su hija Claudia. Pablo Vásquez R.

En cada rincón de su casa hay algo que recuerda a Claudia, la hija menor del matrimonio compuesto por Rolf Schüler y Olga Hillmer, a quien un cáncer le arrebató la vida el 27 de marzo de 2023, a los 35 años. Nueve meses antes de esa fecha, la arquera de las Diablas se convirtió en la gran figura de Chile en su histórico debut mundialista. Un desenlace extremadamente rápido y devastador.

En diciembre de 2022, la hockista relataba, sentada en el comedor de su casa, el duro camino que estaba enfrentando producto de la enfermedad. Con valentía y optimismo se daba fuerzas para salir adelante. Hoy, en esa misma mesa, sus padres cuentan cómo han sido estos casi tres años sin ella y cómo el creciente éxito de las Diablas ha ido acompañando su proceso interno.

“Han sido años difíciles. Nosotros teníamos la esperanza de que ella se iba a sanar, porque era muy positiva y decía que se sanaría, pero al final su partida fue súper rápida. Eso sí, hizo tantas cosas antes de irse... Por ejemplo, la clínica para arqueras y arqueros, donde dio un discurso precioso que todavía tengo guardado”, recuerda su madre, Olga.

Aquella jornada se desarrolló en el Club Manquehue, apenas nueve días antes de su fallecimiento. “Realmente nos dejó así como diciendo ‘esta niñita es increíble’. Ella había estado con unos dolores enormes e igual estaba preocupada de la clínica, estaba preocupada de nosotros, de cómo íbamos a estar. Siempre pensando en nosotros”, detalla su madre.

“Y al final creo que estos tres años han sido muy bonitos en cierto modo, digamos, por el reconocimiento que se le ha hecho a ella. Pero también muy dolorosos en el sentido de que uno no tiene la posibilidad de tener un duelo extenso o algo así. O sea, uno tiene que volver a la vida común y corriente, estar insertado en el mundo”, admite.

En esta reflexión no oculta que ha habido etapas difíciles: “De repente uno tiene altos y bajos. O sea, hay momentos en que estás conforme, pero hay momentos en que te rebelas, hay momentos en que dices, ‘pero ¿por qué?’. Y eso, por lo menos, a mí me ha pasado todo este tiempo. Yo no pude tener un real duelo así al principio. Después empecé a tenerlo y se le echa mucho de menos, porque ella era muy simpática, divertida. Y como vivía con nosotros, en el fondo ella siempre tenía sus gracias, como también sus cosas más duras. Ha sido difícil, pero estoy llena de agradecimiento”.

Ese agradecimiento apunta directamente a las Diablas, al staff de Cachito Vigil y al actual de Cristóbal Rodríguez, además de la federación y las autoridades respectivas: “Todos se han preocupado de nosotros en forma increíble, nos invitan a todos los eventos, el Círculo de Periodistas Deportivos entrega un premio precioso al fair play, que lleva su nombre. Y si bien obviamente sigo de duelo, porque nunca se nos va a quitar, estamos muy agradecidos del cariño de la gente”.

Esto también se vio reflejado tras el histórico título obtenido en el Premundial en el Centro de Entrenamiento y Competencias Claudia Schüler Hillmer. “Esta última semana las Diablas ganaron y nos hicieron felices a todos. La semana anterior habían entregado ese mural precioso donde está pintada ella con sus compañeras. O que la cancha del Estadio Nacional lleve su nombre... O sea, un montón de cosas muy lindas. Ella siempre hizo cosas para la gente y fue muy comprometida”.

“Tiene razón, Olguita”, dice Rolf Schüler. “Desde antes de que ella falleciera nos hicieron sentir mucho cariño. Amistades, parientes, gente que para nosotros era desconocida, papás del Colegio Dunalastair, donde era la directora de la escuela de hockey, la gente del Manquehue... De repente, nos mandaban comida para que no perdiéramos el tiempo cocinando. Todo eso solo refleja cariño”, relata.

Los padres de Claudia Schüler observan el cuadro de su hija. Pablo Vásquez R.

En ese sentido, coincide con su esposa: “Ahí se produce también una situación un poco dual, porque en el fondo, claro, uno empieza a vivir su duelo, pero empiezan a suceder eventos entremedio del camino que son en recuerdo y en honor a Claudia. Entonces uno dice ‘¿cómo restarnos?’. O sea, si es en honor de esta chica que era tan querida por tanta gente. Todavía hoy hay gente que se nos acerca y nos dice ‘¿ustedes sabían qué?’. Y nos cuentan toda una anécdota que esa persona vivió con la Claudia y que nosotros no teníamos idea”.

“Y, claro, se nos alegra el corazón, es algo realmente muy emotivo. Pero al final es como que uno avanza tres pasos y se devuelve dos, para retomar entonces el proceso de duelo, y eso va lento”, admite. “Pero yo realmente con lo que más me quedo desde ese punto de vista de la pregunta de cómo lo hemos vivido, es eso, es darnos cuenta de que hay una cantidad de gente que la conocía y en la cual ella influyó de alguna manera y que pueden ser papás de las chicas que les enseñaba o pueden ser clubes de hockey que se fueron formando en estos lados y que ella ayudó a formarlos o les hizo clases... Eso es algo increíble”, complementa.

Los sueños pendientes

Claudia Schüler tenía tres deseos. “Ella soñaba con hacer una clínica para arqueros. A nivel nacional ya se han hecho tres”, dice su padre. Su esposa, en tanto, agrega que “ella siempre quiso que se visibilizara a los arqueros, porque dentro del equipo tienen un rol completamente distinto al resto de sus compañeras. Ella siempre quería que se perfeccionara en el puesto”.

Precisamente, la portera Natalia Salvador fue la gran figura en el partido ante Japón que le dio la clasificación a Chile al Mundial, tal como ocurrió con Claudia cuatro años antes en la Copa Panamericana, que le dio el boleto por primera vez a la máxima cita. “Ahí hay una coincidencia increíble, porque ella fue figura en la semifinal y el resultado de los shoot-outs fue el mismo, 2-0. Además, también clasificaban los tres primeros”, añade Rolf.

Las Diablas ganaron por primera vez el Premundial y clasificaron a su segundo Mundial consecutivo. Chile Hockey

La heroína del clasificatorio planetario tenía una relación muy estrecha con Claudia. “La Natalia es maravillosa. Ellas eran amigas, colegas y hasta socias en un negocio. Me encanta ver jugar a la Nati y me pongo tan nerviosa como cuando veía jugar a la Clau”, confiesa Olga.

“El segundo deseo que ella tenía era clasificar a un Mundial. Alcanzó a cumplirlo y a jugarlo. Nosotros esa vez fuimos. Y me alegró mucho que hayamos ido, porque en el fondo fueron las últimas veces que la vimos jugando, ya que después de eso, cuando volvió a Chile después del Mundial, los exámenes mostraron que esto no iba bien”, añade.

“El tercer deseo de Claudia era que las Diablas clasificaran a unos Juegos Olímpicos. Eso al menos para París no se logró, pero el sueño sigue vivo. Yo creo que para Los Ángeles van a estar en condiciones, han ido subiendo su propio techo”, resalta Rolf.

–O sea, ¿tú estás diciendo que si clasifican a los Juegos Olímpicos vamos? -plantea su esposa con un sonrisa pícara.

–Lo que estoy diciendo es que hay sueños que se van cumpliendo y sueños que no se han cumplido todavía. Pero si ese se cumple... Veamos. Yo creo que este año al Mundial, no, pero los Juegos Olímpicos serían un lindo desafío –responde el aludido, también entre risas.

Una vez “diabla”, siempre “diabla”

El acompañar a las Diablas no es una casualidad, sino que un sentimiento que se da por el estrecho vínculo construido a lo largo de muchos años. Una muestra más de aquello es que estuvieron acompañándolas durante todo el Premundial.

“No sé si Cachito fue el que instauró esta idea, pero sí la reforzó mucho: el concepto de ‘una vez diabla, siempre diabla’, que significa que si alguna vez una chica estuvo nominada o participó de un proceso de entrenamiento, no deja de ser ‘diabla’. Es un concepto que privilegia al equipo y que somos una familia, un conjunto y hay un sentido de pertenencia. Ojalá no se pierda nunca”, destaca el padre de Claudia.

Claudia Schüler junto a su pareja Javiera Pizarro.

“Incluso, las niñas más nuevas son muy cariñosas con nosotros y para qué decir las más antiguas. Para las fechas clave, como el cumpleaños de Claudia o el aniversario de su fallecimiento, hacemos algo. Es una relación muy linda. Y también con los papás de las niñas”, agrega su madre.

Pero ese no es el único gesto que conmueve profundamente a la familia Schüler-Hillmer. “Cuando falleció Claudia me dijeron, ‘mire, si bien habrá 11 jugadoras en la cancha, siempre va a haber una más, que es la número uno, que nos va a acompañar siempre’. Y eso también quedó como muy internalizado y, de hecho, la misma Natalia, la Nati, lo mencionaba en algunos reportajes de esta semana”, sostiene Schüler.

“Nos van a seguir invitando a participar. De repente, nos ven cantando el himno y nos dicen ‘gracias por acompañarnos, nos traen suerte’. Ellas nos dan ánimo. Es cierto, yo creo que mientras podamos hacerlo, lo vamos a hacer. Nos gusta hacerlo”, expresan al unísono.

Ambos se detienen a hacer un reconocimiento muy especial a Javiera Pizarro, la pareja de Claudia. “Siempre estamos en contacto con ella, también juega hockey y tiene contacto con las Diablas. Ella ha sido muy amorosa y muy cuidadosa con nosotros”, afirma Olga. “Es una bellísima persona. La queremos mucho”, apunta su esposo.

A lo largo de la conversación, que se extiende entre galletas dulces y bebida cola sin azúcar, surgen historias de cómo Claudia pasó por distintos deportes. “Pasó por el atletismo, el fútbol –a nivel universitario, incluso–, el tenis y hasta lanzó la bala. Llegó a competir con Natalia Duco. Todo eso era algo innato en ella”, recuerdan sus padres.

Esa etapa también dejó enseñanzas. “Le expliqué que había que saber perder con dignidad y ganar con humildad. Y tiempo después ella me dijo que trató de ejercitar eso. Yo creo que hay que saber controlar algunos arrebatos, ya sea positivos o negativos, porque eso te hace madurar y en ese sentido yo creo que ella era bastante humilde”, desclasifica Rolf.

El día a día era muy entretenido. “Ella andaba con un tremendo bolso, típico de los arqueros. Era una cosa de locos, porque había que lavar todo ese equipo y lo llevaba a la terraza. A veces me lo ponía en el living y yo le decía que lo sacara, pero todo muy divertido. Además, era muy simpática y me encantaba conversar con ella”, apunta Olga.

¿Sienten que han pasado rápido estos casi tres años?

–Sí, volando.

–Volando, volando.

–Hemos hecho muchas cosas, pero echarla de menos o sentir la pena eso no pasa. Pero el tiempo ha pasado –dice su padre.

–O sea, es algo muy extraño. Yo me he encontrado con otras personas que han perdido hijos y todos dicen ‘sí, lo tenemos en el corazón’. Es así. Nunca uno se va a poder olvidar. El cambio de perder a un hijo es tremendo, tremendo. Porque uno no está preparado para nada. Siempre uno dice que se morirá primero o algo así, pero al mismo tiempo yo siento que ella también nos cuida –valora su madre.

–Yo soy muy creyente, siento que ella siempre me cuida. Cuando estoy en momentos muy raros, que no los quiero, ella aparece con una luz igual y me siento tranquila. Ya nos iremos a ver, digo yo, en algún momento...

–Para allá vamos...

–Para allá vamos...

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