Michael Jordan dirige en el sur

Carlton Johnson lleva 37 años en Chile, potenciando el básquetbol como jugador y entrenador. Ha dirigido a más de 500 niños.


Era domingo 7 de junio de 1981 y en Asunción, Paraguay, Patricio Yáñez marcaba el 0-1 con el que Chile quedaba en buen pie para clasificar al Mundial de fútbol de España 82. Una victoria que hizo que toda una nación saliera a la calle a celebrar y que fue ratificada en los triunfos posteriores ante Ecuador y los propios guaraníes.

Al mismo tiempo, en Santiago, un joven de tez morena ingresaba por primera vez a Chile. Dejaba atrás su Nueva York natal para sumergirse en un país del que no sabía ni dónde quedaba. Carlton Johnson (58), llegaba con 21 años y 2,02 metros de altura a reforzar al extinto equipo de básquetbol Malta Morenita, de Osorno, para jugar la Dimayor.

La algarabía en las calles de la capital sorprendió de inmediato a Johnson. Su travesía empezaba con algo que nunca había visto en Estados Unidos, más distante del fútbol. Eso le encantó de entrada. “Después me gustó Santiago. Pero cuando llegué al sur, fue más lindo todavía. El ambiente, la gente cariñosa”, cuenta CJ.

Osorno lo recibió entre 1981 y el 2000. Ahí formó su base, dice. Llegó al Malta Morenita, pero tuvo salidas a Ancud y Argentina. Antes, cuando vio que los New York Knicks tenían su plantel cerrado y que los novatos no tendrían oportunidad, decidió su nuevo destino. Un extranjero que jugaba en Santiago hizo el contacto con el manager de Johnson, quien manejaba una oferta de Europa para partir en septiembre, pero recién era junio. Ahí, su padre le dio el consejo que selló su futuro: “Anda, conoce, y si no te gusta, vuelves. No pierdes nada”. Y así fue.

Ya en la Región de Los Lagos, Johnson llamaba la atención no solo por su rendimiento, también por su apariencia física. El Michael Jordan del sur, decían en la calle y él lo encontraba chistoso. “Es solo por el porte, el parecido, a lo mejor el juego también”, explica entre risas.

Pero las comparaciones con el más grande basquetbolista de la historia no son solo por aspecto. En Malta Morenita, formó junto a George Holt, padre de Julius, alero de Las Ánimas, la mejor pareja de extranjeros en cestos nacionales. “Tuvimos un promedio de 85 puntos en Libsur y 78 en Dimayor. Jugábamos como mellizos: una mirada y sabíamos qué hacer”, dice, al tiempo que reconoce que su gran deuda es nunca haber sido campeón como jugador.

Cuando se retiró, pasó a ser entrenador. Desde una mirada crítica y conocedora, analiza el momento del básquet nacional, del que también es parte, pues entrena al CEB de Puerto Montt, que este fin de semana jugó ante Ancud el tercer y cuarto duelo de semifinales de Liga Saesa.

Sobre la selección chilena, Johnson cree que en unos años más será competitiva para clasificar a un Mundial o pelearle a las potencias del continente. Eso, siempre que los jugadores de buen rendimiento en el plano local, lo repitan en el internacional. “Sebastián Suárez, Franco Morales y Eduardo Marechal mantienen su nivel. Hay buenos jugadores como Haase, Carvacho, Nicolás Aguirre. Maxwell Lorca tiene 18 años recién, pero puede ser tremendo monstruo”, sentencia.

Muchos han pasado bajo las instrucciones de CJ. “Formé más de 500 niños, no todos fueron profesionales, pero al menos el 15% de ellos”, dice, sobre el que considera su mayor legado. Hoy, con residencia en Puerto Montt, Carlton Johnson camina bajo la lluvia con orgullo, con una trayectoria tras él y que en la calle se la reconocen. “No le tengo envidia ni a LeBron ni a Jordan, nada de eso. El cariño de la gente es impresionante”, concluye Carlton, una leyenda en el sur.

 

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