Un apellido que invita a soñar: los hermanos Maldonado lideran la lucha de las Diablas y los Diablos por meterse en el Mundial
Este domingo arranca en el Parque Estadio Nacional las clasificatorias al certamen planetario de hockey, que se disputará en Países Bajos y Bélgica. María Jesús y José Pedro confiesan cómo se han ido preparando dentro de una familia que solo respira deporte.

Entre el 1 y el 8 de marzo, en el Centro de Hockey Césped Claudia Schüler del Parque Estadio Nacional, las selecciones chilenas masculina y femenina disputarán las FIH Hockey World Cup Qualifiers, el último gran paso hacia el Mundial 2026 que se jugará en Países Bajos y Bélgica.
Más allá de la ilusión, en el plantel de las Diablas y de los Diablos, el apellido Maldonado se repite entre sus máximos exponentes. No es coincidencia: los hermanos María Jesús (28) y José Pedro (31) se anotan como los referentes de sus equipos en la lucha por instalar a Chile en el próximo Mundial.
Nacidos en cancha
Para los Maldonado, el hockey no es simplemente un deporte, sino una herencia familiar. Sus padres fueron jugadores y entrenadores, y el club de toda la vida (PWCC) funcionó como una extensión del hogar, un espacio donde aprendieron valores como la disciplina, el compañerismo y la resiliencia.
“Probablemente al año ya tenía un palo en la mano”, cuenta José Pedro, graficando con humor la naturalidad con la que el deporte se instaló en su vida. María Jesús, la menor de la familia, siguió el mismo camino: procesos en selecciones menores, torneos sudamericanos y, finalmente, el salto a la adulta, donde ya suma casi una década defendiendo a Chile.
El sueño mundialista apareció temprano. El defensa de los Diablos recuerda un dibujo en tercero básico en el que se retrataba entrando a un estadio lleno para disputar un Mundial con la Selección. “Era casi inalcanzable en esa época, pero siempre fue un objetivo”, afirma, evidenciando que las grandes metas suelen nacer como fantasías infantiles que se transforman en motores de largo plazo.
Años después, ambos no solo cumplieron esa meta, sino que fueron parte de la primera clasificación histórica al Mundial para Chile en 2022, un hito que marcó al hockey nacional.

Derribar prejuicios
El camino hacia el alto rendimiento no estuvo exento de barreras culturales que poco tenían que ver con lo deportivo. Cuando José Pedro era un niño, el hockey en Chile estaba mucho más asociado a las mujeres. Practicarlo siendo hombre implicaba enfrentar estereotipos arraigados en el entorno escolar y social.
En el colegio, recuerda, debió soportar comentarios que reflejaban esa mirada. “Me decían que era niñita, que jugaba con faldita. Es lamentable, pero habla de la ignorancia”, cuenta.
La delantera María Jesús enfrentó un desafío distinto, más ligado a la competencia interna. El salto del Sub 21 al adulto fue abrupto. Su primer partido con la selección mayor lo vivió desde la banca, vestida de arquera solo para completar la planilla. “Me quería morir. Canté el himno con los pads puestos y no jugué ni un minuto. Llamé a mi mamá llorando”, recuerda. Sin embargo, lejos de rendirse, esa experiencia la impulsó a redoblar esfuerzos y, en esa misma gira, terminó marcando un gol que le permitió afirmarse en el equipo.

El peso de jugar en casa
Las Qualifiers no son solo una oportunidad deportiva, sino una responsabilidad que ambos asumen. Jugar en casa, con el público chileno en las tribunas, es también un compromiso con quienes han acompañado el proceso.
En el cuadro masculino, Chile enfrentará a Gales (este domingo, a las 19.45 horas), Escocia y Francia; en el femenino, a Suiza, Australia y Francia. Los dos primeros de cada grupo avanzan a semifinales y solo tres equipos obtienen el cupo al mundial.
Ambos coinciden en que el grupo llega preparado y convencido de sus capacidades.
“Somos el equipo peor rankeado del torneo (22º), eso es una realidad”, reconoce el Diablo. Sin embargo, inmediatamente pone el foco en la convicción interna: “Es un campeonato muy parejo y los partidos con Gales y Escocia pueden ser los más importantes de nuestra vida”, admite.
María Jesús es aún más tajante: “Sí, Chile debe clasificar. No hay otra respuesta”. No lo plantea como un deseo lejano, sino como una meta que se trabaja y se asume colectivamente.
En esa misma linea, recalcan que el apoyo del público puede ser decisivo. “Cuando te cortan la música y la gente sigue cantando el himno, eso te da un punch extra”, explica José Pedro. Se siente “emoción, orgullo y pasión. Me pongo a llorar casi siempre”, agrega la Diabla. Ahí se instala el verdadero peso de jugar en casa.
Más que un cupo, un legado
El objetivo inmediato es volver a un Mundial, pero cuando los Maldonado proyectan el futuro del hockey chileno, la mirada va más allá. Hablan de proceso y de las diferencias estructurales que todavía existen con las grandes potencias como Países Bajos e India.
En Chile, en cambio, la mayoría de los seleccionados estudia o trabaja además de entrenar. Compatibilizan responsabilidades académicas y laborales con dobles turnos, viajes y concentraciones. No viven exclusivamente del hockey, y esa realidad, reconocen, exige un esfuerzo adicional para competir de igual a igual frente a países con mayor desarrollo profesional. Lejos de victimizarse, lo asumen como parte del camino que están construyendo.
Por eso, María Jesús plantea que le gustaría que en Chile se hablara de mundiales y Juegos Olímpicos como un estándar, y no como una excepción. Asimismo, apuntan a un crecimiento estructural: más apoyo y mejores condiciones para las nuevas generaciones. “Que la gente lo conozca, que la gente lo juegue. Porque mientras más cantidad de gente haya, probablemente mejores resultados vengan”, concuerdan.
Ambos comentan que clasificar sería un logro deportivo enorme, pero también una señal de que, incluso sin una estructura completamente profesionalizada, el país puede aspirar a instalarse de manera permanente en los mejores del ranking.
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