Vocación social
02 OCTUBRE
A los nueve años, Michelle Volpi conoció a Angélica, una estudiante universitaria que la acompañó a través del programa Adopta un hermano y que le entregó algo invaluable: la experiencia de sentirse vista y apoyada. Hoy, como parte de Servicio País en Cabildo, recuerda esos días y dice: “Mientras postulaba, además de pensar que siempre había querido ser voluntaria, también venían los flashbacks de momentos que viví con Angélica y otras personas… Todo vino a mi memoria y le dio sentido”.
De ser “adoptada” a contribuir a las comunidades: el impacto de ser vista en la infancia
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