Alejandro Guillier: “Daniel Jadue y Beatriz Sánchez corren el riesgo de ser más de lo mismo”

Foto: Juan Farías

Si bien asegura que es un error adelantar la carrera presidencial, el exabanderado de la oposición advierte que se requiere una renovación de liderazgos. “Lo que necesitamos hoy es construir un proyecto de mayoría ciudadana, alejado de las ideologías y del conservadurismo que también está en nuestro mundo”, advierte.




“Chile Somos”. Ese es el nombre del comando ciudadano que lanzará la próxima semana el senador Alejandro Guillier. A través de ese espacio, que estará integrado por figuras como el escritor Hernán Rivera Letelier y por Ruth Olate, histórica dirigenta de trabajadoras de casa particular, el exabanderado de la oposición busca lograr lo que para él es un objetivo esencial: que no sean “los mismos de siempre” los que redacten una nueva Carta Fundamental y que el mundo independiente esté plenamente representado en el proceso. Lo contrario, advierte, será visto como una “traición” por parte de la ciudadanía y conducirá al país a una “Constitución de Pinochet 2.0”.

Quien fue un candidato presidencial resistido por muchos en su propio sector aborda, además, los desafíos de las distintas oposiciones de cara a los comicios que se aproximan y asegura que sin una unidad programática, la centroizquierda está condenada a fracasar como lo hizo en 2017 bajo su opción presidencial.

“Vengo diciendo hace años que la política necesita (...) menos ideologías de minoría y más soluciones que le hagan sentido a la mayoría”, afirma ante el abundante surgimiento de aspirantes a La Moneda. Así, advierte que nombres como los del socialista Carlos Montes son parte del pasado y que liderazgos como el de Beatriz Sánchez y Daniel Jadue no necesariamente encarnan la renovación.

La centroizquierda está tensionada por la carrera presidencial y uno de los factores es lo que algunos han definido como una experiencia difícil cuando usted era candidato. ¿Tiene alguna autocrítica?

Representé un mundo que estaba fragmentado. Surgió un cuadro completamente distinto del que veníamos y la profundidad de las reformas que planteamos. A pesar de que hablamos de gobierno ciudadano, que es lo que todo el mundo habla ahora, eso había que traducirlo en una unidad programática que no se logró. Los liderazgos se construyen en torno a propuestas y soluciones y no tuvimos capacidad, como sector político, de agruparnos en torno a una propuesta común. Y hoy es el mismo problema.

¿Y cómo se resuelve eso, considerando su experiencia como candidato presidencial?

La capacidad de retomar el liderazgo sólo es posible cuando hay empatía. Y la verdad es que a mí a veces me duele, e incluso me indigna, cuando veo que nuestro sector, que se dice progresista, no está con la gente. Por ejemplo, la ciudadanía salió a la calle a protestar. Nosotros teníamos que haber salido a defenderla y no lo hicimos. Por otro lado, con votos de la oposición se aprobaron todas las leyes antimovilización social. Y, peor aún, cuando se discutió la reforma para favorecer a las pymes, terminamos votando de manera que no recibieron ni un solo peso. Eso se llama inconsistencia. De ahí el descontento y la desconfianza. Eso marca nuestra tarea hoy: recuperar la confianza.

¿Qué posibilidades ve de que la oposición repita el escenario de 2017 y vayan divididos?

La división es la derrota. Si vamos divididos, vamos a perder, vamos a perder la asamblea constituyente y las elecciones de todo tipo, por lo tanto, hay que asumir que la unidad es esencial. Pero esa unidad tiene que ser en base a contenidos. ¿Y quién le va a dar la sustancia? La gente. Los partidos, que son vitales en una democracia, tienen que cumplir un rol histórico. Pero de nuevo cuño, no de la vieja política. Ábranse, nútranse, renuévense.

Tras la derrota, su liderazgo se diluyó. ¿Fue una opción personal? ¿Fueron las circunstancias? ¿Lo dejaron solo?

Cuando uno vive una derrota aprende más que cuando gana. Me di cuenta de que el gran déficit era la falta de sintonía entre el mundo político y el mundo ciudadano y por eso perdimos. Por lo mismo, la prioridad ahora es poner ese liderazgo a disposición de este comando ciudadano que estamos armando por el Apruebo para promover la participación de la sociedad civil.

¿Y cómo se construye unidad con la oposición desde el mundo independiente?

Son complementarios. Debemos asegurarnos de que la asamblea constituyente sea realmente representativa de la sociedad chilena. La sociedad civil no está necesariamente en contra de los partidos, está molesta con ellos, no se siente considerada, pero está dispuesta a conformar una amplia unidad a favor de una nueva Constitución.

¿Por qué cree que no se avanzó más en su momento para darles más facilidades?

Porque los partidos a veces cometen el error, como son muy conservadores, de escudarse en un doble discurso: ‘Sí a los ciudadanos, pero como está el país hoy día también nos pueden quitar muchos votos’. Ese es un sentimiento que existe en los partidos y yo les quiero decir que no tienen que tener temor, porque esa es una gran oportunidad. Por eso hemos propuesto una reforma para facilitar su participación.

Hay algunos que han llamado a no sacralizar a los independientes. ¿Cómo lo ve? Algunos en su sector piensan que no dan las mismas garantías que un militante.

Bueno, eso se da también en partidos políticos, siempre hay disensos y descuelgues. Ese problema lo vamos a tener siempre. Pero hay más coherencia hoy día en la sociedad civil que en el mundo político.

¿Qué pasaría si esa eventual convención termina replicando la misma correlación de fuerzas del Congreso?

Si se llegara a dar una situación insólita, en que al final los únicos que ganan son los militantes de los partidos, que son los mismos de siempre, vamos a tener una asamblea constituyente aún más conservadora que el Congreso. Ahí sí que vamos a terminar con una Constitución de Pinochet 2.0. Y eso produciría una decepción muy grande, la gente se sentiría traicionada.

Usted votó en contra del pacto del 15 de noviembre, ha dicho que solo sirvió para “salvar” al Presidente Sebastián Piñera y al Congreso. De hecho, usted propuso adelantar las elecciones. Sin embargo, hoy defiende el proceso.

Lo que hace ese acuerdo es salvar a la clase política, salva al Presidente, que estaba a punto de caer, y salva al Congreso, que sentía que podía verse arrastrado. Lo que yo planteo es que cualquier salida pasa por la ciudadanía. Se impuso esta otra tesis. Y con eso vamos a perder dos años. Tenemos que tener conciencia de eso, porque en este tiempo no se van a concretar las reformas que la ciudadanía quiere. Pero hay que asumir que este proceso es una gran oportunidad. Eso sí, su legitimidad, depende de la presencia de la sociedad civil.

La carrera presidencial ya está instalada y en la centroizquierda han surgido varios nombres. El mejor posicionado es Daniel Jadue (PC). ¿Cómo lo ve?

Aquí más que poner el énfasis en las personas, hay que ponerlo en los contenidos. Mi experiencia de haber sido candidato es que la unidad programática es lo que permite que florezcan los liderazgos. Si los partidos de verdad se abren a la ciudadanía, van a surgir nuevas visiones. Nombres como los de Carlos Montes y otros que se han dado de la ex Concertación representan la medida de lo posible. Son los liderazgos del pasado. Hoy necesitamos liderazgos en la medida de lo necesario. Han hecho un tremendo aporte, pero hoy el país está en otra. Lo mismo en la derecha, Joaquín Lavín fue funcionario del gobierno de Pinochet y se plantea como una especie de novedad. Eso es absurdo.

¿Usted tiene algún candidato?

Por supuesto, mi candidata es la ciudadanía, el mundo independiente, los líderes sociales.

¿Ve viable que a estas alturas pueda surgir un liderazgo ciudadano que tenga posibilidades?

La gracia de esto es abrirse. El país como nunca está politizado, la gente quiere cambios, quiere participar. Los liderazgos van a surgir y se puede producir una muy rápida renovación.

¿No podrían Jadue o Beatriz Sánchez, por ejemplo, encarnar esa renovación?

Representan un mundo muy similar y deben trabajar en la unidad del sector que representan. Lo que necesitamos hoy es construir un proyecto de mayoría ciudadana, alejado de las ideologías y del conservadurismo que también está en nuestro mundo. Desde esa perspectiva, Jadue y Sánchez corren el riesgo de ser más de lo mismo.

¿En qué sentido?

Vengo diciendo hace dos años que la política necesita más ciudadanía y menos encasillamiento en los intereses de los partidos. Menos ideologías de minoría y más soluciones que le hagan sentido a la mayoría. Cualquier propuesta desde los intereses de la política partidista y no desde la ciudadanía corre ese riesgo.

¿Y si la gente quiere que Jadue sea el candidato, usted cree que los partidos deberían apoyarlo?

Es que eso es hacer ciencia ficción. Si el país se abre a hacer un proceso constituyente, que es el centro hoy día, eso es lo que nos va a unir. El Apruebo nos une y la partidización nos divide. No presidencialicemos el proceso constituyente.

Tras conocerse el informe de la ONU sobre Venezuela algunos en la oposición emplazaron a Jadue. Él ha sido crítico de algunos pronunciamientos previos respecto de la situación de DD.HH. en ese país. ¿Cómo complica eso su opción?

Condeno la violación a los DD.HH. en Venezuela y en cualquier lugar del mundo. Nadie que defienda ese tipo de régimen me representa. Pero no nos perdamos. Aquí y ahora, el gobierno de Piñera ha violado y está violando los DD.HH. de miles de chilenos. Hay 200 querellas por abusos sexuales en comisarías, mil por torturas y 450 jóvenes con daños intencionales en sus ojos. Chile necesita un compromiso nítido con la democracia y los derechos fundamentales a nivel universal. Cualquiera con pretensiones debe entenderlo.

Usted nunca se ha cerrado a una nueva aventura presidencial ¿Lo ha vuelto a pensar?

Estaría cayendo en el mismo juego de otros que están presidencializando. Yo estaré donde deba estar y tengo la convicción de que la gente espera de mí, precisamente porque soy independiente, que ayude a organizar a esa sociedad civil que es la protagonista de las protestas. En eso estoy hoy. A futuro se verá.

¿Y la reelección?

No he pensado en nada más que plebiscito, ciudadanía y unidad.

¿Le parece que la derecha tiene más afinidad ideológica que la oposición para enfrentar un proceso constituyente?

Si quiere ganar tiene que levantar una propuesta enorme. La derecha tiene más confusión de lo que parece, porque está desesperada buscando identidad donde no la tiene.

Las diferencias que hoy exhibe la centroizquierda se basan en visiones ideológicas. ¿Cómo ve que se dará ese proceso en la oposición?

Hay que dejar afuera los ideologismos y los conservantismos. Hay que ir a la calle. Ellos no van a decir lo que hay que hacer. Nosotros tenemos que traducirlo.

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