Carlos Ruiz Encina: “El Frente Amplio es uno de los que sale más a pérdida en este reacomodo del gobierno”

Carlos Ruiz Encina. Foto Juan Farias / Diario La Tercera

Autor de Octubre Chileno, el sociólogo y mentor del Frente Amplio cree que la derrota del Apruebo no resuelve el malestar social. Emplaza al Socialismo Democrático a revisar su posición respecto de los últimos 30 años si quiere participar de un gobierno transformador. Del mismo modo, dice que hay que comunicarle claramente a la sociedad que es muy difícil lograr todas las transformaciones en este gobierno.


El sol de la mañana entibia tímidamente los jardines de Plaza Ñuñoa. Carlos Ruiz Encina camina entre ellos con la familiaridad de un vecino. La comuna donde vive y hace clases es uno de los reductos más fuertes del Frente Amplio: hace tres años la plaza reunió a multitudes de jóvenes y familias, en un ambiente pacífico, con bandas de música, en favor de una nueva Constitución. Y el domingo pasado fue una de las ocho comunas del país donde ganó el Apruebo.

-Siempre he pensado que este es un proceso largo, no lineal. El resultado del domingo es multifactorial. Se cometieron errores, la gente sintió que el texto no respondía a lo que se expresó en octubre. Pero el malestar no ha desaparecido -dice.

Autor de Octubre chileno y mentor del Frente Amplio, Carlos Ruiz tenía indicios de una derrota, pero no con un margen tan abrumador. Un factor acaso subestimado fue el voto obligatorio con inscripción automática, que agregó una inmensa cantidad de votantes desconocidos.

-El Rechazo ganó por una inmensa mayoría entre los quintiles más bajos, donde hubo la mayor participación. Entonces esos lugares tuvieron también juventud popular votando Rechazo. De algún modo el octubrismo estuvo presente ahí también. Este Rechazo es muy distinto al del 88: el No abría un itinerario. Esto deja abierta esta situación. A mí me parece que al alero de eso es muy peligroso desconocer la legitimidad de las demandas sociales que permanecen en su inmensa mayoría irresueltas.

El resultado del plebiscito presionó el cambio de gabinete, donde ingresaron ministros asociados a la ex Concertación. ¿Qué piensa de la dirección de este cambio?

A mí me preocupa que pasemos de una suerte de ‘no lo vimos venir’ a un ‘aquí no ha pasado nada’, porque los dilemas ligados a la crisis social están absolutamente abiertos y, en algunos casos, agravados después de la pandemia. En ese sentido, creo que está pendiente un balance histórico de parte de la Concertación, en particular del Socialismo Democrático. Ellos fueron parte de la columna vertebral del último periodo. Y ese balance histórico tiene que involucrar alguna explicación, una interpretación del origen de la revuelta popular más grande de la historia inmediata y que está en la génesis de este proceso constituyente, que en este rato se está discutiendo cómo va a continuar. Eso no fue una iluminación de las élites políticas, sino que se produjo en medio de un contexto de un Parlamento asediado por la revuelta popular. Y estos balances históricos son necesarios para poder entender de qué modo se asumen y se plantean las transformaciones que proyectan las fuerzas que venían en esta línea, particularmente el Frente Amplio y la izquierda. Esta es una sociedad más demandante que no va a tolerar un regreso a la forma más opaca de la discusión política y los acuerdos propios de los años 90, en plena República de la Transición.

¿Qué debería hacer ahora el socialismo democrático en relación a los 30 años?

Hay una interpelación que se hizo de parte de la sociedad, sobre todos los sectores más movilizados, a esos 30 años. Y no ha habido una respuesta de parte de los responsables de esos 30 años. Entonces, cogobernar exige una explicación del sentido de estas adecuaciones. La carga que ha emanado desde sectores más conservadores sobre la falta de experiencia del Frente Amplio habría que dilucidar cómo se está asumiendo, porque la experiencia que anida en esos 30 años precisamente tiene algo que ver con la crisis social y con una interpelación absolutamente explícita que hace la movilización al respecto. Esto no es una acusación, pero aquí hay una pieza que nos falta y es fundamental que expliquen bajo qué condiciones se incorporan al proyecto de transformaciones. Los tiempos anteriores ya agotaron su legitimidad y no fueron los grandes protagonistas de la disputa presidencial.

"Creo que está pendiente un balance histórico de parte de la Concertación, en particular del Socialismo Democrático. Ellos fueron parte de la columna vertebral del último periodo. Y ese balance histórico tiene que involucrar alguna explicación, una interpretación del origen de la revuelta popular más grande de la historia inmediata". Foto Juan Farias / Diario La Tercera

¿La incorporación de la ex Concertación podría leerse como una renuncia al proyecto transformador?

No lo sé. Precisamente por eso estoy haciendo la pregunta. Estas cosas hay que responderlas de cara a la sociedad, porque no estaban en el origen, en la formulación de la identidad del gobierno.

Ricardo Lagos dijo que había una revalorización de la socialdemocracia.

Yo preguntaría cuándo hubo un gobierno realmente de talante socialdemócrata, porque la etiqueta de socialdemocracia ha sido muy manoseada en este país. Más bien un progresismo de talante abiertamente neoliberal continuó la profundización de este modelo. Y hoy, cuando se habla de transformación, se busca comenzar a superarlo. Eso no plantea ningún tipo de exclusión a priori, por supuesto, pero exige, eso sí, aclarar el sentido con que se hacen estas cuestiones. No estoy diciendo que necesariamente el giro tenga que ser socialdemócrata o no, pero bajo esa etiqueta se hicieron cosas que son muy reñidas con el ethos socialdemócrata.

¿En qué posición queda ahora el Frente Amplio?

Creo que es uno de los conglomerados políticos que sale más a pérdida en este reacomodo del gobierno. Y creo que si bien nació como una fuerza con una esperanza renovadora de la política, sobre todo en los términos de la transición, a los cuales no se puede volver porque eran otras condiciones y otra sociedad, el Frente Amplio está al debe todavía con muchas de esa promesas. Pero es la fuerza que tiene más condiciones para abrirse espacio frente a una demanda histórica de estas dimensiones, con mucha más fuerza que la antigua Concertación. Y esto tiene que llevar a reflexionar al propio Frente Amplio. En un periodo de tan intenso involucramiento en la política institucional, el Frente Amplio queda también al debe de respuesta y reconstrucción de su anclaje histórico, el movimiento universitario principalmente, donde termina bastante ajeno en el último tiempo.

¿Cómo debería negociar ahora el gobierno con la derecha?

Estamos en presencia de una derecha que está intentando llevar a su cuenta corriente el fenómeno que vivimos el domingo reciente, y eso es absolutamente imposible. La votación creció casi a niveles de 90% en los quintiles de más bajo ingreso y donde el Rechazo fue mucho más marcado que en las comunas de más ingresos, con un Rechazo de un 75% y un Apruebo que no alcanzaba el 25%. En ese contexto, creo que también hay un octubrismo que no se sentía interpretado en el texto final o en el desarrollo del proceso, o ambas cosas, producto de muchos errores que se cometieron. Lo cual no quiere decir que haya que desperdiciar todo lo que se avanzó. Si la plurinacionalidad no fue la respuesta, por ejemplo, hay que buscar otra para convivir con los pueblos originarios. Y, por lo tanto, me parece que no se puede funcionar haciéndole caso a esa derecha, sobre toda esa derecha que se está redefiniendo, no tanto en un talante negociador como eran sus expresiones anteriores, RN y la UDI. Aquí yo descartaría Evópoli, porque no ha sido capaz de refrescar a la política chilena y ha terminado encajonado en una posición muy conservadora. Más bien, hablo de una derecha abiertamente obstruccionista, que ha tenido una política destinada a desestabilizar al gobierno y a impedir cualquier proceso de transformación en cualquiera de las esferas. Entonces no se puede estar reaccionando a las condiciones que pone, porque lo que hay es un bloqueo muy abierto.

Carolina Tohá y Ana Lya Uriarte en el gabinete junto al Presidente Boric.

Ud. habla de Republicanos.

Sí, del ascenso que tiene y de la capacidad que tuvieron de disputar la dirección del Poder Ejecutivo. Creo que se olvidó muy rápidamente que en la primera vuelta estuvo a punto de ganar precisamente esa derecha.

¿Este será un gobierno transformador o más bien de transición?

Creo que se generó toda una expectativa, en términos de cultura política, de que prácticamente ya habíamos arrasado por llegar a la Presidencia y que habíamos arrasado también en el inicio del proceso constituyente. Con mucha soberbia en ambos casos. Primero, sin observar la reorganización que se estaba dando en la derecha. Y segundo, con la dificultad de valorar a los poderes conservadores, que van más allá de la derecha política estrictamente, para poder hacer una proyección del proceso con realismo, un proceso de transformaciones que nunca, en ningún ciclo histórico, ha sido ni corto ni lineal, con avances y retrocesos, aunque se pueda seguir avanzando. Creo que la gran tarea histórica de este gobierno es principalmente lograr abrirle cauce a ese proceso de transformación. Pero creo, y también hay que discutirlo abiertamente con la sociedad, que es muy difícil que las transformaciones se puedan llevar a cabo cabalmente durante este gobierno, pueden tomarnos toda la década. Eso también lleva a una discusión de cuáles pueden ser las tareas posibles; el mismo orden de las transformaciones no da lo mismo. Por lo tanto, conviene discutir cuál puede ser la agenda real. Y los necesarios ensanchamientos que tiene que haber de la alianza inicial, con sectores de la Concertación que estén dispuestos a articularse en una proyección de estas transformaciones. Y eso solo se puede aclarar en la medida en que establezcamos un balance histórico.

Protestas de estudiantes secundarios. Foto: Agencia Uno.

Esta semana volvieron las manifestaciones callejeras. La ministra Carolina Tohá dijo que esas manifestaciones no están defendiendo ningún derecho y el subsecretario Manuel Monsalve habló de que la gente quiere ir a trabajar tranquila...

No creo que sean palabras muy felices. En la medida en que las transformaciones no se han echado a andar, y los diálogos con esos actores tampoco se han restituido, si no hay un reconocimiento ni una legitimación de esos intereses que están detrás de estos malestares, vamos presionando para que la conducción que pueda estar más abierta a buscar espacios de diálogo sea sobrepasada por sectores que propicien la violencia directa y que es inconducente. La violencia directa es inconducente, pero una actitud de desconocer la legitimidad que tienen esas demandas no sé si se ampara en alguna ensoñación que las da ya por resueltas. ¿Qué diferencia tienen estos movimientos estudiantiles con los movimientos del 2011 o del 2006? ¿Qué ha cambiado en esa esfera? Todavía no ha cambiado nada. Por supuesto que tampoco es un tiempo plausible para que esas transformaciones a nivel sustantivo se hayan desarrollado. Pero la respuesta tampoco es desconocerlas.

La respuesta profunda es de largo plazo, pero el gobierno necesita controlar el orden en el corto plazo. ¿Cómo hacerlo?

Creo que hay que trabajar en dos líneas. Hay que trabajar en la mantención del orden público para que el orden sea efectivamente público, desde el diálogo y desde el reconocimiento del espacio público. Y eso es lo que habilita a que los actores sociales se puedan manifestar y puedan expresar sus demandas en formas acordes a ese respeto al orden público. Ahora, el no reconocimiento de esas demandas lo único que conduce es a una polaridad en la cual quienes asumen la representación muchas veces son sectores que evidentemente son más inconducentes. Ahí hay una espiral que se retroalimenta y no va a ser muy fácil que lo entiendan los sectores más conservadores. Ellos lo dicen, por ejemplo, con una mirada eminentemente conspirativa de lo que ocurrió con la revuelta popular. Y creen que todo se debe a dos o tres cabezas, y por lo tanto es susceptible de ser desarticulado por esa vía. Ya se estrellaron contra eso. Eran precisamente gobierno en ese momento y no tuvieron ninguna capacidad de enfrentar esa situación. Ahora hay momentos en que los procesos sociales se desgastan, y lo vivimos en medio del estallido. Cuando toda la legitimidad de esa demanda aparece secuestrada por grupos mucho más de vandalismo delictual: el saqueo de supermercados, farmacias. Y creo oportuno recordar que en ese momento irrumpe precisamente el movimiento feminista que es uno de los que tienen más prestigio. Ahí está el acierto de Lastesis, ¿no? Y gracias a que había una maduración anterior de esos movimientos feministas se toman el centro de esa protesta popular y vuelven a restituir el sentido de esas demandas. Creo que esas son las experiencias de las cuales también se puede aprender de lo que hemos vivido en el último tiempo.

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