Brunner y el cuestionado rol de Carlos Peña: "Lo que no debe ocurrir es que se le imponga una limitación de su libertad de opinar"

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"Las universidades, incluso las mejores en USA, Inglaterra y también en Chile, corren el riesgo de autolimitar su esfera reflexiva y de libertad interna por la tendencia actual a imponer lenguajes, visiones y actitudes políticamente correctas", advierte el exministro, profesor e investigador de la UDP.




Cuadrado con Carlos Peña está el ex ministro José Joaquín Brunner ante la serie de cuestionamientos que recibió esta semana por parte de académicos y estudiantes de la Universidad Diego Portales.

A principios de semana, un grupo de 240 profesores de la institución firmaron una carta en la que criticaron la intervención del rector, quien -en medio de la crisis que estalló el 18 de octubre- cuestionó el rol de los jóvenes como catalizadores de la misma.

"Sin perjuicio de las opiniones que cada uno tenga respecto de la interpretación que el rector Carlos Peña ha emitido en los medios acerca del actual movimiento social, y reconociendo su legítimo derecho a intervenir en la esfera pública, lamentamos y no compartimos la devaluación de los jóvenes como agentes políticos racionales, que se desliza de los dichos del rector. En la misma perspectiva, expresamos nuestra preocupación por las consecuencias negativas que estas declaraciones podrían tener en la convivencia universitaria", afirmaron los profesores. Peña, a su turno, se defendió a través de una declaración pública en la que aseveró: "Lo que no puede ocurrir al interior de una universidad es que se elaboren criterios -como el malestar de sus miembros, la opinión de la mayoría o cualquier otro disfrazado de prudencia- para controlar el discurso de ningún miembro de la universidad".

Brunner es profesor titular e investigador de la Facultad de Educación de la UDP, donde preside la Cátedra UNESCO de Políticas Comparadas de Educación Superior. Desde ahí, afirma a La Tercera PM -por escrito- que no se le debe imponer una limitación a la libertad de Peña de opinar y advierte que "las universidades, incluso las mejores en USA, Inglaterra y también en Chile, corren el riesgo de autolimitar su esfera reflexiva y de libertad interna por la tendencia actual a imponer lenguajes, visiones y actitudes políticamente correctas".

El rector Carlos Peña apuntó a que en la UDP se quiere "controlar el discurso". ¿Ve un intento de censura por parte de los estudiantes y profesores? 

No creo haya sido esa la motivación, aunque en la práctica resulte una forma de reprobar las opiniones de Carlos Peña, sin mayor análisis ni justificación. Hay una larga tradición de rectores que como intelectuales honran su deber de razonar en público y exponen sus ideas para que éstas sean discutidas.

Hay un debate en la UDP sobre el rol que cabe al rector como intelectual para participar en la deliberación pública y razonar sobre la cuestiones de interés nacional. Mi opinión es que ese rol es esencial en una sociedad democrática y que el rector lo ha ejercido siempre con plena conciencia y amplio reconocimiento. Pienso que especialmente en circunstancias turbulentas del país como las actuales el valor de este rol es clave, pues contribuye a razonar en público y a buscar soluciones institucionales. Hay una larga tradición de rectores en la historia de las universidades, en Chile e internacionalmente, que han desempeñado este rol.

¿Cómo ve usted la convivencia universitaria dentro de la UDP?

Tensionada por la situación que vivimos en el país pero nada diferente de lo que ocurre en las demás universidades. Estas son instituciones de pensamiento que, si tienen un auténtico compromiso y vocación pública, deben estar abiertas a la discusión respetando el pluralismo interno y contribuyendo al diálogo en la sociedad.

¿Por qué esta situación afecta a la convivencia universitaria? 

La violencia desatada pone en riesgo el orden institucional democrático y eso nos afecta pues existimos en virtud del primado de la razón sobre la fuerza. No olvidamos 17 años de universidades intervenidas y vigiladas.

¿Era mejor que el rector se inhibiera de dar su opinión en momentos convulsionados como este?

Sería un grave error imponer al rector de una universidad pensar y comunicar su opinión sobre las circunstancias de su país y del mundo. Imagine usted la reacción que habrían tenido rectores como Andrés Bello, Eugenio González, Edgardo Boeninguer o Fernando Castillo Velasco ante una sugerencia tal. Y bueno, si acaso el rector quiere él inhibirse o no es un problema suyo; lo que no debe ocurrir es que se le imponga a él como académico e intelectual alguna forma de limitación de su libertad de comunicar opiniones en materias de importancia nacional.

Cuando esto pase y teniendo en cuenta el malestar existente entre un grupo de profesores y alumnos, ¿cómo queda parado el rector Peña frente a esta situación? ¿Podría tener problemas para seguir su gestión?

Creo que el rector Peña tiene una trayectoria a la cabeza de la UDP y un rol como intelectual en la sociedad que no debieran verse afectados por las turbulentas circunstancias actuales.

Hoy Cristián Warnken, en carta a El Mercurio, apunta a que esta respuesta de la comunidad universitaria UDP es una expresión de la "asfixia de lo políticamente correcto". ¿Qué piensa sobre esa visión?

Creo que las universidades, incluso las mejores en USA, Inglaterra y también en Chile, corren el riesgo de autolimitar su esfera reflexiva y de libertad interna por la tendencia actual a imponer lenguajes, visiones y actitudes políticamente correctas. Es una tendencia profundamente contraria a la autonomía intelectual. Tiene razón Warnken.

Los profesores plantean que el rector podría haber guardado su opinión sobre la juventud para otro contexto, no tan crispado como este.

Lo suyo no me parece haya sido una opinión sobre la juventud sino un análisis respecto del carácter generacional de la protesta social, algo que está siendo discutido en la prensa y por la academia en Chile y globalmente. Es una discusión intelectual imprescindible a la cual Peña ha contribuido, y no me parece que ni el momento ni las palabras usadas puedan servir como excusa para descalificar su significado por estimarlo políticamente incorrecto.

En específico, ¿comparte la tesis expuesta Peña sobre la juventud y las movilizaciones? Entre otras cosas, dijo que "las nuevas generaciones están huérfanas de orientación (aunque no de aplausos de algunos viejos que compensan así la deuda de su propio pasado). Y así carentes de orientación ideológica, quedan presas de sus pulsiones".

Me parece una idea perfectamente razonable que merece tomarse en serio y discutirse en su mérito. La sociología de las conductas desviadas en grupos juveniles arranca con Durkheim y tiene una larga trayectoria, así como la idea de las pulsiones destructivas es parte de la interpretación freudiana del malestar de la civilización.

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