Columna de Cristián Valenzuela: Boric va a cambiar todo

Yo no voté por Gabriel Boric, pero es mi Presidente. La pregunta es si él está consciente de las obligaciones y responsabilidades del cargo que ostenta y si está dispuesto a ejercerlo adecuadamente.


Boric va a cambiar todo, todo va a cambiar Boric. Él es el mejor”, decía emocionada hasta las lágrimas una adherente del Presidente, pocos minutos después del cambio de mando. Razones tenía para ilusionarse: Gabriel Boric tenía un 65% de popularidad, había sido elegido por más de 4,5 millones de votos y prometía, sin ambigüedades, que su gobierno sería transformador y que sentaría las bases del cambio de modelo de desarrollo de Chile.

Han pasado 264 días y Gabriel Boric efectivamente lo ha cambiado todo. Chile hoy es más pobre, desigual, violento e inseguro que el 11 de marzo; La Araucanía sigue bajo estado de excepción, los extranjeros siguen entrando de manera ilegal y áreas críticas como la salud, la educación y la vivienda muestran un colapso evidente.

Pero lo más complejo de este escenario es la irrelevancia del Presidente Boric. En una semana donde los camioneros paralizaron el país, el presupuesto de la nación estuvo a punto de no ser aprobado por el Congreso, líderes de organizaciones terroristas comienzan una huelga de hambre y dos menores de edad amenazan con cuchillos a los transeúntes a pocas cuadras de La Moneda, el Presidente brilló por su ausencia.

No soy de los que creen que los presidentes deben estar involucrados en todos los temas de gestión de un gobierno o que por ellos deban pasar absolutamente todas las decisiones. Pero una cosa es delegar y otra cosa es no hacer prácticamente nada.

Hace 10 días, Boric estaba sentado leyendo un libro en un mercado tailandés; hace 5, recitando poemas de Gabriela Mistral en México; el martes, almorzando con el Presidente del Perú en La Moneda. Al inaugurar el monumento a Patricio Aylwin, dio cuenta de las múltiples fuentes que usó y que leyó en los últimos días para preparar su discurso. ¿Qué transformación puede hacer un Presidente en el país si sólo se dedica a viajar, leer y evadir los problemas más urgentes que viven y sufren los chilenos? ¿Qué tipo de liderazgo presidencial se proyecta si el único rostro creíble y visible para enfrentar la delincuencia, el terrorismo y hasta los paros es el subsecretario Monsalve?

Desde 1990 a la fecha, ningún Presidente había sido tan mal evaluado como Boric en su primer año de gobierno. Con menos de un 30% de aprobación y resistido por 2 de cada 3 chilenos, la gestión de este gobierno y el liderazgo del Presidente han sido deplorables.

Pero lo que más irrita es que a él parece no importarle. Salvo en la campaña del plebiscito, donde se activó como jefe de la fracasada campaña del Apruebo, el Presidente Boric ha tenido una escuálida agenda de trabajo que, por ejemplo, no ha contemplado la visita a regiones tan importantes como Antofagasta, Biobío o Valparaíso. Tampoco ha ejercido un rol relevante en la discusión de acuerdos urgentes para el país como la seguridad, la economía o asumiendo un rol efectivo en la discusión constituyente. En definitiva, un Presidente ausente, indiferente y poco trascendente.

Yo no voté por Gabriel Boric, pero es mi Presidente. La pregunta es si él está consciente de las obligaciones y responsabilidades del cargo que ostenta y si está dispuesto a ejercerlo adecuadamente. Quedan 1.200 días de gobierno y la grave crisis que vive Chile no resiste que la primera autoridad del país se mantenga tan desconectado de la realidad que viven millones de chilenos y que, cual inquilino, use La Moneda solo para habitarla y no cumplir con el mandato constitucional que tiene.

Habitar la república, frase que Boric repite hasta el cansancio, no se trata solo de ocupar un cargo, sino esencialmente, de ejercerlo efectivamente. ¿Cuándo lo comienza a ejercer, señor Presidente?

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Fue encontrada tallada en la pared de un foso de 10 metros de ancho en la Ciudad Vieja de Jerusalén.