Dos mujeres, un camino

...La Democracia Cristiana tiene un complejo dilema: o muere con las botas puestas defendiendo a su abanderada, o aprovecha esta tremenda oportunidad.




Por Cristián Valenzuela, abogado

No me quieren porque soy chica, negra e india”, habría afirmado la entonces ministra de Educación y hoy presidenta del Senado, Yasna Provoste, a pocas semanas de ser acusada constitucionalmente y destituida de su cargo por las irregularidades en las subvenciones educacionales de la Región Metropolitana. Una estrategia de victimización que no le sirvió para salvarse de ser condenada políticamente y sufrir el exilio de la vida pública por cinco años.

Trece años después de ese hito, la senadora Provoste ha llegado a la cima de su carrera política, asumiendo no solo el mando del Senado, sino que el rol de líder de la oposición en uno de los momentos políticos, sociales y económicos más complejos para Chile en las últimas décadas. Con una muestra de resiliencia política indudable, astucia electoral y trabajo comprometido, la dirigente democratacristiana ha superado enormes obstáculos para una mujer de regiones que se dedica a la política, y se ha convertido, en poco tiempo, en una de las figuras de izquierda más promisorias de la política nacional, querida y respetada por muchos sectores.

¿Es este el techo de la senadora Provoste? ¿O es una candidatura presidencial el próximo paso en su ascendente y accidentada carrera? Más allá de las respuestas automáticas que un político emergente siempre elabora para descartar este tipo de candidaturas –cuando todos sabemos que todos los políticos sueñan con La Moneda–, lo cierto es que la Democracia Cristiana tiene un complejo dilema: o muere con las botas puestas defendiendo a su abanderada, o aprovecha esta tremenda oportunidad.

La senadora Ximena Rincón, a pesar de todos sus esfuerzos y su inobjetable triunfo en la primaria de su partido, no ha logrado marcar en las encuestas ni concitar apoyo ciudadano. En una semana, el 4% de Provoste pulverizó cualquier registro previo de la candidata DC que, a diferencia de la atacameña, lleva más de ocho años en su infructuosa carrera por llegar a la Presidencia. Pero no solo es un desafío para Rincón, sino un verdadero dilema para la propia Democracia Cristiana, que en los últimos 30 años ha perdido más de 1,2 millones de votos en las elecciones y que, desde Frei en 2010, no tiene un candidato competitivo para la contienda presidencial. La Democracia Cristiana, si quiere sobrevivir en el tiempo, no puede seguir siendo una comparsa en las elecciones presidenciales ni apéndice de un eventual gobierno de izquierda.

Precisamente, y dado el sorpresivo desempeño en las encuestas de las figuras de la izquierda radical, es que, en la definición al interior de la centroizquierda, una candidatura de Provoste es una oportunidad para renovar los liderazgos y ofrecer una alternativa fresca que se imponga en las primarias. Al fallido experimento de Paula Narváez que, pese al ungimiento de la expresidenta Bachelet y el supuesto peso de la bancada socialista, no ha logrado emocionar a nadie; al estilo soporífero de la apuesta de Heraldo Muñoz, cuya campaña, al igual que su nombre, son más propios de la era decimonónica que de los desafíos innovadores del Chile actual, y a las inexplicables postulaciones de Carlos Maldonado y Pablo Vidal, donde uno se cuestiona la amistad y buena fe de las personas que los convencieron de postular, la candidatura de Provoste puede convertirse en el puntal decisivo para frenar el crecimiento de Pamela Jiles, cuestionar la vocación democrática de Daniel Jadue y desafiar, con alguna posibilidad de éxito, a cualquiera de las opciones de derecha que se termine imponiendo en su sector.

Al igual que Erik Estrada, en la novela mexicana que fue furor en los 90, la Democracia Cristiana tiene que optar entre estas dos mujeres y elegir el mejor camino para resolver su dilema presidencial. Que no le vaya a pasar igual que el galán norteamericano, que por haberse casado con su primera alternativa, terminó perdiendo a ambas, con un final triste e inesperado que conmocionó a los fanáticos de la saga televisiva.

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