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Reunión con Scicluna y omisiones: La carta completa de monseñor Errázuriz a los obispos

El cardenal y arzobispo emérito de Santiago, Francisco Javier Errázuriz. Foto. Agenciauno

La misiva, que el cardenal envió antes de la cita del Papa con la jerarquía chilena en Roma y cuando había definido que no acudiría, entrega detalles sobre sus gestiones ante el proceso penal del caso Karadima.


Un pormenorizado relato de la forma en que llevó adelante la investigación y proceso canónico contra Fernando Karadima es la que hizo el cardenal Francisco Javier Errázuriz en la carta que el 10 de mayo envió a los obispos chilenos, pocos días antes de la esperada reunión en Roma con el Papa Francisco. Este incluye el momento en que las acusaciones contra el expárroco de El Bosque fueron verosímiles y sus gestiones ante monseñor Charles Scicluna en 2009, quien le dio -según dice- indicaciones para la investigación.

En el documento titulado “Declaración testimonial” -a cuyo contenido completo accedió La Tercera PM, luego de que Associated Press publicara algunos fragmentos- el ex arzobispo de Santiago intenta defenderse de las “difamaciones” que ha recibido “en las últimas semanas”, en las cuales se le ha tildado de “encubridor, delincuente, criminal y persona despreciable”.

Errázuriz afirma que “me han pedido con insistencia que no guarde más silencio y escriba una aclaración” y que “quienes me conocen personalmente, quienes han colaborado conmigo, y quienes han seguido de cerca o de lejos mi labor como sacerdote, obispo y cardenal, nunca me han calificado de esa manera, porque saben que he querido ser justo y caritativo”.

El cardenal responsabiliza de estas “declaraciones apasionadas” a “dos personas que acusaron al Padre Karadima ante el Arzobispado de Santiago de haber sido abusadas por él. Gracias a sus acusaciones al P. Karadima, se abrió el proceso penal en la Iglesia, que puso fin al ministerio público del sacerdote acusado. Desde el dolor que brota de los abusos, suponen que yo encubrí al P. Karadima cuando era Arzobispo de Santiago. Pero jamás he encubierto a alguien a lo largo de mi vida: ni al P. Karadima ni a nadie. Mi sentido de justicia no me lo permitiría”. Incluso, afirma que algunos de los jóvenes y presbíteros que seguían al expárroco “hasta me exigían que yo lo reconociera, al igual que ellos, como un sacerdote “sabio y santo”. Lo que nunca hice”.

Errázuriz declara que “lo que puedo reconocer es otra cosa: el proceso penal exigió un tiempo largo, por las dificultades que tuvo que enfrentar”.

Junto con señalar que el código de derecho canónico establece que “se debe investigar cuando la noticia de un delito es ‘al menos verosímil'” y que “es difícil llegar a esta convicción en los casos de abuso sexual”, Errázuriz afirma que en el caso Karadima “la verosimilitud fue clara cuando presentó su denuncia el tercer acusador, el Sr. Juan Carlos Cruz”.

“Si bien en marzo del año 2007 le anunció al Canciller de la Curia arquidiocesana que presentaría una denuncia, la presentó recién el 14 de agosto del 2009. En menos de tres semanas fui a Roma y consulté a Mons. Charles Scicluna, promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el proceso que debíamos iniciar en la Arquidiócesis para responder a esta acusación y a otras dos anteriores. Gracias a su experiencia, Mons. Scicluna me dio excelentes indicaciones para la investigación y el desarrollo del proceso penal. Entre otras cosas me manifestó que me iban a llegar muchas cartas alabando al acusado, las cuales no son útiles para el proceso. Por eso, de hecho, no las leí. Lo único que se debía investigar en el proceso era la credibilidad de los acusadores y de las acusaciones”.

La misiva continúa relatando que una vez reunidos los documentos, tenía que pedir la opinión a un experto en moral, en sicología y derecho canónico. Cuando estos -que fueron tres obispos- recibieron la documentación, “en abril del año 2010 aparecieron dos hechos nuevos”. En primer lugar, dice, las denuncias hechas públicas por TVN y, en segundo lugar, el que “ese mismo mes se presentó una persona, denunciando haber sido víctima siendo menor de edad”. El 18 de junio -relata Errázuriz-, “se remitió toda la documentación a la Santa Sede, incluso el juicio negativo al cual había llegado también el segundo promotor de justicia”. El mismo, dice, agregó “dos peticiones: que la sentencia fuera dictada lo antes posible, y que se levantara la prescripción de los hechos, de manera que fueran juzgados conforme a la verdad y la justicia, considerando su gravedad”.

“Es claro que no hubo de mi parte ni delito, ni crimen, ni encubrimiento alguno. De lo contrario no hubiera pedido que se levantara la prescripción en el juicio canónico”, dice el cardenal. “Sin embargo, reconozco una omisión importante. Siendo Obispo, era la primera vez que me tocaba actuar como juez. Como juez, estaba obligado a tomar distancia para juzgar con objetividad (…) Pero esa distancia me impidió actuar con la cercanía del pastor. Hace años, en una entrevista, afirmé que no lo haría así si tuviera que abordar otro caso semejante. Optaría por la cercanía y el apoyo que las víctimas desean y esperan del pastor, y delegaría la función judicial”.

“La distancia ocasionó en las víctimas un dolor inmerecido que no tuve la intención de causar. Me duele haberlo ocasionado, y lamento profundamente que esa herida aún no haya sanado”, concluye el texto.

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