Arte, lujo y exclusividad en un Rolls Royce Cullinan
La firma británica presentó cinco unidades únicas intervenidas completamente a mano por el artista francés Cyril Kongo.

Rolls-Royce vuelve a demostrar hasta dónde puede llegar el lujo automotriz con la presentación de una de las series más exclusivas de su historia reciente: cinco unidades únicas del Black Badge Cullinan desarrolladas junto al reconocido artista francés Cyril Kongo.
El proyecto fue creado en Goodwood, sede mundial de la marca británica, y responde al creciente interés de sus clientes más exclusivos por incorporar arte contemporáneo dentro de sus vehículos. Durante meses, el pintor trabajó directamente con los diseñadores y artesanos de la firma para transformar cada unidad en una pieza irrepetible.

La intervención se concentra especialmente en el habitáculo. El tradicional Starlight Headliner fue completamente rediseñado bajo la inspiración del llamado “Kongoverse”, el universo creativo del artista, incorporando referencias a planetas, símbolos y fórmulas matemáticas.
Cada techo integra 1.344 puntos de luz instalados manualmente y configuraciones lumínicas únicas para cada automóvil. Además, Rolls-Royce introdujo por primera vez una “estrella fugaz” que atraviesa toda la longitud del techo, elevando aún más el nivel de sofisticación del conjunto.

El trabajo artesanal también alcanza elementos como el salpicadero, la consola central, las mesas traseras y los paneles interiores, todos pintados a mano por Kongo. Posteriormente, los especialistas de la marca aplicaron 10 capas de laca protectora para asegurar la durabilidad y profundidad visual de cada intervención.
En el exterior, las cinco unidades comparten una carrocería Blue Crystal Over Black, aunque cada una incorpora detalles exclusivos. Destacan las líneas decorativas degradadas que cambian de tonalidad dependiendo del ángulo de visión y un elemento inédito en la marca: pinzas de freno de distintos colores en cada rueda.

La colaboración también esconde múltiples guiños artísticos distribuidos por el vehículo, incluyendo ilustraciones en los paraguas integrados en las puertas y pequeños detalles ocultos dentro del habitáculo.
Las cinco unidades ya fueron asignadas a coleccionistas internacionales a través de los exclusivos Private Office de Rolls-Royce en Nueva York, Seúl y Goodwood.

Aunque la firma no reveló su valor final, se estima que cada ejemplar supera ampliamente el precio base del Cullinan Black Badge y podría acercarse al millón de euros debido al nivel de personalización y trabajo artesanal involucrado.
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