Por Bastián DíazAbelardo de la Espriella, “el Tigre” de la extrema derecha colombiana
El abogado penalista, centrado particularmente en la seguridad y la mano dura, busca imitar el modelo de Nayib Bukele, el presidente de El Salvador.

De un abogado mediático y controvertido, conocido en las redes sociales, hoy Abelardo de la Espriella tiene posibilidades reales de ganar las elecciones en Colombia y ser el próximo presidente. Sobre todo después de su sorpresivo triunfo en la primera vuelta presidencial de este domingo, donde superó al candidato favorito, el izquierdista Iván Cepeda.
Su consigna, sus propuestas y su estilo buscan solo una cosa: imponer autoridad. Rostro de una derecha radical, reunida en su movimiento Defensores de la Patria, el abogado es conocido como “el Tigre”, y ha sabido aprovechar la frustración contra los partidos tradicionales, utilizando un estilo más “espectacular” y agresivo.
En política internacional, De la Espriella ha mostrado su simpatía por los líderes de la derecha de la región, y se alinea con Javier Milei, Donald Trump y Nayib Bukele. En la campaña, ha elogiado el sistema carcelario del salvadoreño, y pretende impulsar megacárceles similares.
De 47 años, De la Espriella cuenta con el carisma y una espectacularidad que contrasta con la calma de sus contrincantes de la primera vuelta. Además, gusta de dar declaraciones categóricas y provocadoras. Tratando de proyectarse como un empresario exitoso, se perfila como un amante de la “alta cultura” y el buen gusto.
Se hizo conocido llevando a cabo acciones judiciales contra periodistas. En distintas entrevistas, se declara “el mayor enemigo” del comunismo. A finales de 2025 lanzó su movimiento, Defensores de la Patria cuando las encuestas lo empezaron a posicionar como el opositor más popular.
Durante la campaña, De la Espriella dijo que estaba abierto a sumar apoyos de todos los sectores políticos menos el petrismo. El abogado señaló que se inspiró “por la alerta que significó el fraude electoral en Venezuela el 29 de julio de 2024” y que busca evitar el “riesgo de un gobierno que amenace nuestras libertades fundamentales o intente perpetuarse en el poder”.
Nunca ha ocupado un cargo público ni gestionado contratos estatales: presenta esta ausencia de conexiones con el establishment como prueba de que es “el verdadero outsider” en la contienda. Además, afirma no tener grandes patrocinadores financieros, y dice que es un empresario se ha “hecho a sí mismo” y, por lo tanto no tiene obligaciones con la élite.
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