Carlos Escaffi, analista internacional: “El retorno de la bicameralidad no resuelve por sí sola la crisis de representación que hay en Perú”
El académico de la Pontificia Universidad Católica de Perú sostiene que la bicameralidad "no sustituiría la necesidad de partidos más sólidos y de una mejor representación", considerando que, de cara a la primera vuelta presidencial de este domingo, se presentan 35 postulantes a la Casa de Pizarro.

José María Balcázar es el actual presidente de Perú. En febrero reemplazó al ahora exmandatario José Jerí, luego de que este último fuera removido por una moción de censura en su contra. Jerí, por su parte, alcanzó a gobernar poco más de cuatro meses. Entre octubre del año pasado y febrero pasado.
Esta es la tónica de la última década en el país andino. Entre 2016 y 2026, ocho presidentes han gobernado Perú.
Y este domingo será la primera vuelta de las elecciones generales, en la que se elegirán tanto al presidente como a los parlamentarios que conformarán el restaurado Congreso bicameral.
Ante la fragmentada primera vuelta presidencial del próximo domingo, en la que se presentan 35 candidatos, Carlos Escaffi, analista internacional y académico de la Pontificia Universidad Católica de Perú, se refirió a la crisis política del país andino y al retorno del bicameralismo. Esto, según argumentan algunos sectores, podría generar el contrapeso suficiente para asegurar la permanencia de los próximos mandatarios y darle estabilidad a la figura presidencial.
Escaffi también habló de la persistencia y transformación del fujimorismo con la muerte de Alberto Fujimori y el desempeño electoral de su hija, Keiko Fujimori, quien enfrenta su cuarta candidatura a la Casa de Pizarro. Con 17,5% de las preferencias, las encuestas la posicionan como la favorita de estas elecciones.
Diez años, ocho presidentes distintos. Pero ahora vuelve la bicameralidad que se eliminó a principios de los 90 con el gobierno de Fujimori. ¿Piensa que el retorno de esta estructura en el legislativo peruano puede aliviar la crisis en la institución presidencial?
Cuando uno conversa con el ciudadano, esto es interpretado como un intento de fortalecer la institucionalidad, pero en términos de fortalecer la discusión mucho más profunda en temas de orden legislativo, más que como una solución inmediata a la crisis política.
Su efectividad no necesariamente dependería solamente del diseño institucional, sino particularmente de cómo operan los sectores políticos dentro de este diseño. Entonces, en otras palabras, la bicameralidad podría ordenar, pero no sustituiría la necesidad de partidos más sólidos y de una mejor representación.

La bicameralidad puede aportar mayor calidad legislativa, aun así, no resuelve por sí sola la crisis de representación que hay. Más que un cambio estructural aislado, lo relevante es ver cómo esto se inserta en un sistema político que hoy está fragmentado.
Y ahí aparece el riesgo de sobredimensionar esta herramienta. Me refiero desde el punto de vista del ciudadano de pie. Hoy un ciudadano en San Martín de Porres, en Comas, en Apurímac, ¿qué opina de que Perú vuelva a la bicameralidad? Te aseguro que la respuesta no necesariamente es que efectivamente él se sienta representado y que crea que esto va a solucionar sus problemas.
El problema en Perú no son los representantes, es la carencia de representación. El peruano no se siente representado. El peruano dice: “Oye, yo no me siento representado por este congresista. ¿Por qué me debería sentir representado hoy por un senador, si eso no ha ocurrido en el pasado?”.
Lo que hay es un deterioro, un abismo, en cómo se siente, cuán cercano podría sentirse él al Congreso.
¿Eso proviene de una falta de confianza en los políticos o lo atribuye a otra cosa? ¿Hay una explicación social, institucional o ambas?
Lo definiría, desde la óptica social, como una desafección ciudadana. Amplios sectores sienten que las instituciones, que los partidos políticos, que las agrupaciones políticas, que sus autoridades ya no canalizan adecuadamente sus demandas.
Hay una desintermediación política, por un lado. Por otro, tienen una personalización del liderazgo. Lo que se está viendo en Perú no es solamente una elección, sino que es una crisis de representación en desarrollo. Así, más que la adhesión a un proyecto, abunda el voto de rechazo a lo que ya no funciona.

Y esto explicaría, por ejemplo, por qué el señor Carlos Álvarez, que es un cómico reconocido en Perú, hoy podría ser calificado como un outsider con mucha posibilidad de pasar una segunda vuelta con la señora Keiko Fujimori. Pero cuando tú le preguntas a ese ciudadano por qué votará por él, te responde: “Porque me hace reír, porque me divierte”. Pero no necesariamente por lo que representa, por lo que lo propone.
Entonces, representa un voto de rechazo, de castigo; es la forma que ese peruano tiene de expresar el hastío de la carencia de representación.
Keiko Fujimori consolida su ventaja, seguida de un cuádruple empate técnico en la segunda posición entre cuatro candidatos: Ricardo Belmont, Carlos Álvarez, Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga, según el último sondeo de Datum. ¿A quiénes ve pasando a segunda vuelta?
En Perú, siempre, cualquier cosa puede pasar. Esta es la cuarta elección de la señora Keiko Fujimori. Si bien es cierto que esta semana el señor Carlos Álvarez con mucha probabilidad pase a segunda vuelta, yo no dejaría de mirar al señor Ricardo Belmont. Está calando en los jóvenes, básicamente por el diseño de su campaña enfocada en quienes por primera vez votarán, que son alrededor de dos millones y fracción.
Pero hay que recordar en qué momento el elector peruano decide su voto. El peruano decide su voto en la fila, antes de ingresar al salón. Ahí va escuchando, conversando, y ahí recién deciden por quién va a votar. Se decide en el último momento, básicamente.
Estamos en la cuarta campaña de Keiko Fujimori. Hace un par de años, antes de que falleciera Alberto Fujimori, usted planteó la posibilidad de que él se presentara en estas elecciones y aseguró que tenía una base de electores suficiente como para ganar una eventual nueva candidatura. ¿Cuál es su apreciación sobre la persistencia del fujimorismo? ¿Keiko puede llegar al poder?
Alberto Fujimori y Keiko, para el fujimorista, son dos relatos muy distintos. Quien votó por Fujimori padre hoy tiene sobre los 65 años hacia delante. El votante de Keiko es hijo de esa generación y tiene 40 años en promedio.

El fujimorista reconoce en Alberto Fujimori -más allá de las complejidades propias que tuvo su gobierno con temas de corrupción- que gobernó en un contexto de crisis permanente, de terrorismo. Uno de los grandes triunfos de Alberto Fujimori fue a haber exterminado el terrorismo en el Perú, con la caída de Sendero Luminoso, de su líder, Abimael Guzmán.
Eso es lo que valora el fujimorista y, además, que fortaleció la economía peruana. Perú venía de una inflación catastrófica. El hecho de que Perú tenga un divorcio entre lo político y lo económico, el hecho de que la economía peruana no sea salpicada por la inestabilidad política, se debe al capítulo económico que tiene la Constitución actual del Perú, que es de Fujimori.
Respecto de Keiko, es un escenario más fragmentado, básicamente de equilibrios y negociaciones. Pero no se trata de este liderazgo ejecutivo, vertical, altamente centralizado de Alberto Fujimori.
El caso de Keiko es un liderazgo político, partidario, que de alguna forma recoge lo que hizo su padre, pero recurre mucho más a discursos de gobernabilidad, democracia, etcétera. Su padre representó un liderazgo de excepción y Keiko, en cambio, es una figura que busca proyectar ese legado en un entorno mucho más democrático, mucho más exigente, fragmentado.
Yo diría que la principal diferencia está en el contexto. Lo que el Perú fue en los años 90 era excepcional y hoy está condicionado por mayores contrapesos.
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