Por Fernando FuentesEl sombrío diagnóstico del director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía ante la crisis global por alza de los combustibles
El economista turco y experto en energía, Fatih Birol, dijo que la crisis energética derivada de la guerra de Irán es comparable a las dos crisis petroleras de los años 70 y a las consecuencias de la guerra de Ucrania. “La situación es muy grave”, advirtió.

Mientras Israel lanzaba una nueva oleada de ataques contra Teherán a primera hora del lunes, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, lanzaba una dura advertencia ante el Club Nacional de Prensa de Australia en Canberra. Según el economista turco y experto en energía, la economía mundial enfrenta una “amenaza enorme, enorme” debido a la guerra con Irán. “Ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa avanzando en esta dirección”, aseguró.
Birol, quien dirige la AIE desde 2015, sostuvo que la crisis en Medio Oriente ha tenido un impacto combinado peor que los dos shocks petroleros de la década de 1970 y que el efecto en los mercados de gas de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Al respecto, The Associated Press recordó que un gran temor es que la guerra pueda dejar fuera de servicio la producción de petróleo y gas en Medio Oriente durante mucho tiempo, lo que significaría que los precios altos podrían durar un tiempo y hacer que la inflación se dispare en todo el mundo. El mercado bursátil de Estados Unidos tiene un historial de recuperarse relativamente rápido de conflictos pasados en Medio Oriente y en otros lugares, siempre y cuando los precios del petróleo no se mantengan demasiado altos durante demasiado tiempo.
“La situación es muy grave”, insistió Birol en Australia.
Las crisis petroleras de 1973 y 1979, dijo, supusieron en total pérdidas de 10 millones de barriles por día, causando “grandes problemas económicos en todo el mundo, las recesiones. Y hoy, sólo hasta hoy, perdimos 11 millones de barriles por día, así que más que dos grandes shocks petroleros juntos”.
Los países árabes exportadores de petróleo optaron en 1973 por imponer un embargo petrolero sobre Washington y sus aliados tras el apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra del Yom Kippur. Seis años más tarde, las huelgas derivadas de la Revolución Iraní paralizaron la producción de crudo en el país, recuerda el diario español El País.
Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, prosiguió, los mercados de gas, especialmente en Europa, “perdieron alrededor de 75.000 millones de metros cúbicos. Y hasta ahora, como resultado de esta crisis, hemos perdido unos 140 mil millones de metros cúbicos, casi el doble”.
Birol indicó que 40 activos energéticos en nueve países de toda la región quedaron “gravemente o muy gravemente dañados”.
“Algunas de las arterias vitales de la economía mundial, como la petroquímica, como los fertilizantes, como el azufre, como el helio, su comercio está todo interrumpido, lo que tendría graves consecuencias para la economía mundial”, dijo.
“Si las interrupciones en el suministro de fertilizantes o la inflación provocan un aumento en los precios del maíz, eso se sentirá en toda la cadena de suministro de alimentos”, dijo el Dr. Ricky Volpe, economista agrícola y profesor de agronegocios en Cal Poly, en una entrevista reciente con Fortune.
Birol señaló que “para tranquilizar a los mercados”, la Agencia Internacional de la Energía liberó ya 400 millones de barriles de petróleo, “lo cual es histórico. Nunca hemos liberado tanto petróleo a los mercados. (...) La solución más importante a este problema, tal como están las cosas ahora, es abrir el estrecho de Ormuz”.
El jefe de la AIE declaró que estaba consultando con líderes mundiales de Asia, Europa y Norteamérica sobre una posible nueva liberación de reservas de petróleo de emergencia, señalando que la medida inicial representó solo el 20% de las reservas totales.
“Si fuera necesario, podemos inyectar más petróleo en los mercados, tanto crudo como derivados”, afirmó. “La liberación de nuestras reservas contribuirá a tranquilizar a los mercados, pero no es la solución definitiva. Solo servirá para mitigar el impacto en la economía”.
Y es que Birol reconoce que el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, por donde transita una quinta parte del petróleo y el gas consumido en el planeta, ya se ha convertido en “la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia”, como comentó al diario El País.
Cada día que pasa, la situación se agrava y la recuperación se aleja. Incluso si el conflicto terminara y se reabriera el estrecho, llevarán meses para reactivar los yacimientos de petróleo y gas que han sido cerrados o dañados, como lo señala muy bien el cierre de la fábrica qatarí de producción de gas natural de Ras Laffan, responsable por más del 10% del suministro mundial, atacada por drones iraníes en la primera semana del conflicto.
“Los daños en el complejo de Ras Laffan, en Qatar, empiezan a perfilarse como un impacto mucho más grave para el mercado global del gas licuado que una simple interrupción temporal... Para los mercados energéticos, la perturbación no solo apunta a precios más firmes, sino también a unas perspectivas de suministro más frágiles hasta bien entrado 2027″, advierten desde la firma de análisis de materias primas Kpler.
El oleoducto de Arabia Saudita
A las pocas horas de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que resultaron en el cierre efectivo de la vía navegable crucial del estrecho de Ormuz, Arabia Saudita, el mayor exportador de crudo del mundo, puso en marcha un plan de contingencia -uno que había esperado 45 años para concretarse- para mantener el flujo de su petróleo.
Según detalla la agencia Bloomberg, la pieza central de ese plan es un oleoducto de 1.200 kilómetros, construido en la década de 1980, que se ha convertido en una infraestructura fundamental en el actual conflicto de Medio Oriente. Cruzando a lo ancho la Península Arábiga desde los masivos campos petroleros de Arabia Saudita en el este del país, el oleoducto este-oeste desemboca en el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, una moderna ciudad industrial donde una enorme flota de petroleros se está concentrando para cargar crudo saudita, con más barcos llegando cada día.
El gigante petrolero estatal Saudi Aramco se enfrenta ahora a la prueba de qué tan rápido y de forma sostenible puede aumentar los flujos a través de la nueva ruta. Las exportaciones de crudo desde Yanbu alcanzaron un promedio móvil de cinco días de 3,66 millones de barriles el viernes, según datos de seguimiento de barcos compilados por Bloomberg, alrededor de la mitad del total de Arabia Saudita antes de la guerra.
La ruta del oleoducto ofrece una válvula de escape vital para la presión que se acumula sobre los suministros mundiales de petróleo. Normalmente, unos 20 millones de barriles, una quinta parte del consumo mundial, fluyen diariamente a través de Ormuz. Sin una salida para sus barriles, los productores han tenido que reducir la producción. Sin embargo, Arabia Saudita, que durante mucho tiempo se ha presentado como una fuerza estabilizadora en el mercado, tiene una alternativa sustancial.
Pero la estratega geopolítica búlgara-austríaca Velina Tchakarova detalla que la capacidad de derivación del oleoducto, que cubre Petroline desde Arabia Saudita hasta Yanbu, ADCO desde Abu Dhabi hasta Fujairah y las rutas del norte de Irak, “alcanza un máximo de 3,5 a 5,5 millones de barriles por día en condiciones ideales”. Así, sostiene que “la brecha aritmética es de 12 a 16 millones de barriles por día. Los mercados están experimentando actualmente una escasez diaria efectiva de 8 millones de barriles por día tras algunas liberaciones adicionales”.
“No se trata de un déficit en papel. Se trata de una ausencia física de suministro que no está llegando, no puede llegar a través de ninguna ruta sustitutiva disponible y no se está compensando con la liberación de reservas de la AIE, que promedia 1,43 millones de barriles por día durante un despliegue de 120 días, útil pero no estructural, ni por la destrucción de la demanda por sí sola”, sostiene.
Por ello, Tchakarova advierte que “cada punto porcentual de amplificación en cascada derivada de la industria petroquímica, los fertilizantes, los precios de los alimentos, los seguros marítimos y las interrupciones en la aviación supera cualquier expectativa en este momento. Cuando digo que el sistema se ha roto, me refiero a que la brecha entre la estimación mínima y el daño real que se está produciendo ya es grande y se amplía cada día que el estrecho permanece cerrado”.
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