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La guerra en Medio Oriente estimula el mercado global de la defensa aérea

El desequilibrio entre los drones de ataque baratos y los carísimos sistemas para interceptarlos ya está trayendo problemas en la región, donde los analistas aseguran que la guerra ha pasado a ser un combate por hacer gastar lo más posible al adversario.

Sistema antimisiles operando en Ashkelon, Israel. Amir Cohen

Unos lloran, otros venden misiles. Con más de cuatro años de guerra en Ucrania, y ahora con Estados Unidos atacando a Irán, y la República Islámica haciendo lo propio en Medio Oriente, las empresas de tecnología del sector militar se enfrentan a desafíos nuevos sobre cómo construir defensas aéreas. Los ejércitos buscan protegerse de la manera menos costosa posible, sin perder por eso eficacia.

El sector que más ha evolucionado en estos años bélicos ha sido el de la defensa aérea, un mercado cada vez más dinámico. Se estima que este mercado en particular llegue a los 102 mil millones de dólares en 2026, para avanzar a 174 mil millones en 2034, según RFI.

Si normalmente la defensa aérea tenía por fin interceptar aviones o misiles balísticos, hoy el desafío es mucho más pequeño, y se escabulle con más dificultad: los drones y misiles de bajo costo, que hoy por hoy dominan los campos de batalla en Ucrania y en Medio Oriente. Relativamente fáciles de fabricar, estas armas se producen todas juntas y se lanzan en enjambres. Invirtiendo una lógica clásica de la guerra, los drones permiten que atacar sea más fácil y barato que defender.

Dron interceptor ucraniano. Foto: Archivo

Esto se sufre en Ucrania, pero también en Dubai y Qatar: en la actualidad, un dron de ataque sencillo puede costar unas decenas de miles de dólares. Frente a esa cantidad de dinero, el misil que se usa para interceptarlo cuesta varios millones de dólares, creando una gran asimetría entre lo que se gasta en ataque y defensa.

Así, los atacantes tienen una ventaja en términos de eficacia: pueden saturar los sistemas de defensa con armas baratas, atacando incluso con “enjambres” de drones. En tanto, los defensores pueden terminar gastando muchos millones de dólares, e incluso agotar sus defensas.

Esto ha hecho que la demanda en el mercado de defensa se dispare, y empresas históricas se benefician de este aumento: la estadounidense Lockheed Martin, o las europeas Thales y MBDA, por dar un ejemplo. Del mismo modo, los ciclos de innovación están acelerándose a un ritmo poco antes visto: si antes un arma podía seguir siendo eficaz 15 o 20 años después de su construcción, hoy “quedan obsoletas” a los meses o pocos años.

Misil balístico iraní recuperado del Mar Muerto por Israel. Amir Cohen

En medio de esto, además de Estados Unidos y Europa, otros países como Turquía, Israel y Corea del Sur han desarrollado industrias de drones competitivas. La intensificación de los conflictos ha terminado motivando esta industria, y de a poco, la innovación de pequeñas empresas especializadas, incluso “start-ups” de defensa, está ganando terreno contra los conglomerados clásicos.

En este contexto, Europa se ha convertido en el principal importador mundial de armas en los últimos cinco años, siendo esto consecuencia directa de la guerra en Ucrania y el aumento de las tensiones con Rusia.

Según nuevos datos publicados el 9 de marzo por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), los países europeos triplicaron con creces sus importaciones de armas entre los períodos 2016-2020 y 2021-2025. Durante este último lapso, Europa representa ahora el 33% de las importaciones mundiales de armas, en comparación con tan solo el 12% anterior.

Este aumento refleja en gran medida los envíos de armas a Ucrania desde la invasión rusa de 2022. El país se convirtió en el mayor importador de armas del mundo durante este período, representando el 9,7% del total de las importaciones.

Además del apoyo militar a Kiev, muchos Estados europeos también están reforzando sus propias capacidades militares tras décadas de inversión insuficiente en defensa.

“El fuerte aumento del flujo de armas a los Estados europeos ha provocado un incremento de casi el 10% en las transferencias globales de armas”, señala Mathew George, director del Programa de Transferencias de Armas del SIPRI.

Esta dinámica se produce en un contexto estratégico marcado por la percepción de una mayor amenaza por parte de Rusia y por la constante presión de Washington para que los aliados europeos aumenten su gasto militar.

Sistema antimisiles Defensa Terminal para Zonas de Alta Altitud (THAAD). LOCKHEED MARTIN

Volviendo al conflicto en Irán, pareciera que los misiles iraníes están agotando las defensas de las bases norteamericanas, o al menos eso es lo que refleja un movimiento bastante claro por parte el ejército: el Washington Post confirmó el lunes que Estados Unidos está moviendo partes del THAAD (Terminal High Altitude Area Defense, en inglés), un sistema de defensa aérea, de Corea del Sur a Medio Oriente.

El THAAD, fabricado por Lockheed Martin, está diseñado para interceptar misiles balísticos de corto, medio e intermedio alcance. El sistema incluye componentes de interceptor, radar, lanzador y sistema de control de tiro. No está claro de inmediato qué componentes podrían reubicarse.

El creciente uso de misiles balísticos y drones ha hecho que los interceptores de defensa antimisiles como el THAAD sean esenciales en la guerra moderna, escribió Wes Rumbaugh, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en un informe el pasado diciembre. El considerable número de interceptores utilizados durante el conflicto de 12 días entre Israel e Irán en junio puso de relieve la escasez e importancia de estos equipos.

La guerra con Irán ya está poniendo a prueba las capacidades de defensa antimisiles de Estados Unidos. Los analistas afirman que las operaciones recientes han consumido una parte significativa del inventario de THAAD del Pentágono, lo que genera preocupación sobre las capacidades de defensa a largo plazo de Estados Unidos si el cronograma de la Operación Furia Épica continúa consumiendo armas que no se pueden reponer con suficiente rapidez.

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