¿Posuribisimo?: Cómo la victoria de Abelardo de la Espriella podría marcar una nueva etapa para la política colombiana
La sorpresiva victoria del “outsider” de la derecha colombiana en primera vuelta -que incluso superó al candidato del izquierdista presidente Gustavo Petro- podría vaticinar una nueva era política para el país sudamericano, alejada de la doctrina y apoyo de la tradición derechista del exmandatario Álvaro Uribe Vélez, y más cercana a los nuevos liderazgos de la extrema derecha regional.
Abelardo de la Espriella, el polémico abogado penalista candidato a la presidencia de Colombia, tomó la delantera en la primera vuelta del domingo al superar a Iván Cepeda, el postulante a la Casa de Nariño por el partido de gobierno, Pacto Histórico.
Específicamente, con la totalidad de las mesas electorales sometidas al preconteo -proceso rápido de recuento sin validez jurídica- y con más de 10.300.000 votos, el candidato del movimiento de extrema derecha Defensores de la Patria alcanzó el 43,74% de las preferencias, mientras que el oficialista el 40,9%.
Con esto, De la Espriella superó sorpresivamente las expectativas de voto, en la medida en que los sondeos de opinión previos a la jornada electoral indicaban al abanderado del presidente Gustavo Petro como el candidato que lideraba las preferencias. Mientras tanto, Paloma Valencia, aspirante del Centro Democrático -el partido uribista, la derecha tradicional colombiana-, no logró superar el 10% de los votos, quedando fuera del balotaje programado para el 21 de junio.

Según consignó la revista colombiana Semana, esto ocurrió luego de varias semanas de confrontación entre De la Espriella y Valencia, en la que hubo ataques y críticas entre ambas campañas. Además, surgieron cuestionamientos contra la candidata del uribismo por los apoyos de personajes cuestionables que anunciaron su respaldo.
Pese a la tensión por los ataques, De la Espriella siempre expresó respeto y admiración por el expresidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), mostrando afinidad con sus bases uribistas, pero tomando distancia de la estructura partidista y de algunas figuras que los acompañaban.
Incluso, en entrevista con la revista colombiana, el líder del movimiento patriota aseguró que la doctrina uribista no le pertenece al expresidente Uribe ni a Paloma Valencia, sino que es un legado que habría “acogido y actualizado” en su discurso electoral.
“La doctrina uribista ya no es de Uribe, ni de Paloma, ni del Centro Democrático. Es un legado a la democracia colombiana. Es una doctrina que no tiene dueño y lo que hice yo fue acogerla y actualizarla porque en realidad le sirvió mucho a Colombia en un momento muy complejo. A nosotros no se nos va a olvidar eso nunca”, manifestó De la Espriella en los días previos a la primera vuelta.
Desgaste político
De esta forma -apuntó Semana-, se abriría el supuesto paso al “posuribismo”, que apunta a ser una corriente que no rompe con Uribe, pero sí con la idea de que su doctrina dependa del Centro Democrático o de sus herederos naturales. De la Espriella toma las banderas, las actualiza en un discurso más frontal y las representa sin pasar por la estructura partidista que durante años administró ese legado.
Igualmente, la estampida de apoyos de las bases del uribismo desde la campaña de Paloma Valencia hacia la de De la Espriella da a entender, como lo advirtió el mismo abogado, que el electorado de Centro Democrático terminó sintiéndose identificado con él.
“Las bases del Centro Democrático están acá hace rato y se los agradezco, y están porque la verdadera doctrina uribista ya no es de Uribe, ni de Paloma, ni del Centro Democrático”, dijo De la Espriella al medio colombiano.
El expresidente ahora llega a una nueva etapa de su legado. Por segunda vez consecutiva, el candidato del uribismo pierde en una elección presidencial (Óscar Iván Zuluagay renunció a su aspiración presidencial en 2022 para unirse a la campaña del candidato de Equipo por Colombia, Federico Gutiérrez), sin duda -anotó Semana-, podría tratarse de la derrota más estruendosa de quien ha sido considerado uno de los grandes electores en Colombia.

Durante más de dos décadas, Álvaro Uribe dominó la política colombiana. Ganó elecciones presidenciales, impulsó partidos, construyó mayorías legislativas y se convirtió en la figura más influyente de la derecha en Colombia.
Pero el escenario político de los últimos años, consignó La Estrella de Panamá, empieza a mostrar señales de desgaste en ese poder que durante años parecía inamovible. Las encuestas presidenciales reflejaron una nueva realidad incómoda para el uribismo: mientras el expresidente se involucró activamente en la campaña de Valencia, ella permaneció relegada al tercer lugar en intención de voto.
Al frente apareció -señaló el medio panameño- precisamente uno de sus mayores adversarios políticos: Cepeda, el senador de izquierda que protagonizó el proceso judicial que llevó a Uribe al banquillo de los acusados por presuntos nexos con organizaciones paramilitares y manipulación de testigos.
Para sectores cercanos al exmandatario, esta elección representa mucho más que una disputa política. “Para Uribe es fundamental que no gane quien promovió el proceso judicial en su contra”, admitieron fuentes uribistas a La Estrella de Panamá.
Sin embargo, la mayor amenaza para el liderazgo histórico de Uribe parece venir desde la propia derecha. El abogado De la Espriella logró posicionarse como una figura antisistema capaz de disputar el voto conservador sin depender del apoyo del expresidente.
Cambio de fórmula
Así, analistas políticos ya hablan del surgimiento de un “posuribismo”: una derecha que reconoce el legado político de Uribe, pero busca nuevas formas, nuevos discursos y nuevos liderazgos.
“Empezó el ‘posuribismo’, Abelardo con la base uribista sin Uribe”, dijo una persona cercana a la campaña de Valencia y a la banca uribista al medio La Silla Vacía
“Si eso se queda así, con Abelardo barriendo a la otra de derecha, acá se anuncia la sepultura del uribismo y el nacimiento de una nueva derecha donde se van a tener que reconfigurar posiciones de muchas personas que dicen estar en este lugar del espectro”, dijo el columnista partidario de Valencia, Diego Santos, citado por La Silla Vacía.
Uno de los factores podrían explicar la victoria de De la Espriella estaría en la forma y los medios en los cuales enfocó su campaña. A diferencia del estilo tradicional del exmandatario -basado durante años en apariciones en plazas públicas, consejos comunitarios y televisión-, la fórmula de De la Espriella apostó por el uso extensivo de redes sociales, inteligencia artificial, videos virales y una narrativa más cercana a líderes como Javier Milei, Nayib Bukele y Donald Trump.
“El fenómeno representa una derecha más moderna y más agresiva en términos digitales”, explicaron expertos citados por el medio panameño.
“Abelardo de la Espriella es el ‘posuribismo’”, dijo el profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte, Luis Trejos, a El País. “Es la derecha sin Uribe, pero sin desconocer el legado de Uribe. Y es una derecha más moderna en sus formas: su show, su puesta en escena de las tarimas, su uso de la IA y de las redes sociales. En ese sentido, es una derecha más Milei, más Bukele, más Trump. Cuando Uribe fue presidente, Twitter era incipiente”, recordó el académico.
La de Uribe era la derecha de los consejos comunales en televisión. La de De la Espriella, es la del espectáculo de TikTok.
El intento por adaptarse
Pero el uribismo también intentó adaptarse. Por primera vez, Uribe impulsó como candidata presidencial a una mujer y respaldó una fórmula vicepresidencial encabezada por el exdirector del Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE), Juan Daniel Oviedo, quien es abiertamente homosexual y con mejor llegada en el electorado del centro.
Con esto, la apuesta del Centro Democrático buscó mostrar una imagen renovada del movimiento conservador. Pero los resultados del preconteo evidenciaron que la apuesta no terminó por conectar.
La campaña de Paloma Valencia enfrentó dificultades para desprenderse de la imagen de representar a la política tradicional y del establishment que durante años criticó el propio uribismo.
A esto se suma el impacto político que dejó el asesinato en 2025 del senador y precandidato por el Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay, quien por muchos era considerado como el verdadero heredero político de Uribe. Dirigentes cercanos al expresidente reconocieron a La Estrella de Panamá que el golpe afectó profundamente la reorganización interna del movimiento.
El exasesor del expresidente derechista, José Obdulio Gaviria, señaló a El País que su partido no logró recomponerse tras el asesinato de su precandidato presidencial el año pasado. “El candidato de Álvaro Uribe era Miguel Uribe y, como no podían matar a Álvaro Uribe, la Segunda Marquetalia -grupo guerrillero disidente de las FARC- mató a Miguel Uribe”, explicó el exsenador.
“El partido no supo reaccionar ante ese trauma excesivo, catastrófico”, sostuvo Gaviria.
La nueva derecha regional
Pero la victoria de De la Espriella se enmarca en la tendencia a nivel regional. Lo que ocurre actualmente en Colombia refleja un fenómeno ya extendido en América Latina: el ascenso de figuras outsider que capitalizan el desencanto ciudadano con los partidos tradicionales, sobre todo en cuanto a la liberalización económica, reducción del Estado y aplicación de la “mano dura” contra la delincuencia.
Paradójicamente, Uribe llegó al poder en 2002 precisamente bajo ese perfil antisistema, enfrentando a las élites políticas tradicionales desde un pequeño movimiento independiente.
Ahora, más de 20 años después, es él quien representa al establishment y la tradición derechista en Colombia. Y De la Espriella intenta ocupar el lugar que alguna vez perteneció al propio Uribe: el del candidato que promete romper con “los de siempre”.

En redes sociales, sectores radicales de la nueva derecha incluso presentan al expresidente como parte de un sistema político añejado. El discurso del representante de Defensores de la Patria, aunque polémico y muchas veces basado en contenidos manipulados o exagerados, comienza a tener impacto entre votantes jóvenes y sectores cansados de la política tradicional.
Uribe sigue siendo una figura poderosa dentro del Congreso y mantiene una estructura política relevante. Pero ese dominio parece estar bajo amenaza. Durante años, el expresidente fue considerado el gran elector de la derecha colombiana.
Sin embargo, la derrota de la candidata de Centro Democrático abre el debate inevitable sobre el actual alcance actual de su liderazgo que, por los resultados de los comicios del fin de semana, parece limitado.
Y aunque el uribismo probablemente seguirá siendo determinante dentro de cualquier gobierno conservador en Colombia, las elecciones marcarían el inicio de una nueva etapa política: una derecha menos dependiente de Álvaro Uribe y más cercana a los liderazgos digitales, antisistema y mediáticos de Latinoamérica.
Por de pronto, Uribe anunció su apoyo a la campaña de Abelardo de la Espriella para el balotaje. “Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él y por Colombia, por la defensa de la Constitución, de las libertades, de la creatividad individual, de la cohesión social, de la economía fraterna, del Estado pequeño y austero”, escribió el expresidente en un mensaje en sus redes sociales la noche del domingo.
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