Por Bastián DíazReza Pahlavi: El hijo del último sha que se propone volver a Irán
En medio de las protestas contra el régimen del ayatola Jamenei, el nombre del expríncipe heredero ha llegado a sonar entre los manifestantes. Con una oposición tan fragmentada, la figura unificadora de Pahlavi entusiasma a demócratas y monárquicos.

Las protestas en Irán ya se proponen terminar con la República Islámica, y algunos empiezan a bosquejar con qué reemplazarla. Las manifestaciones ya han afectado a casi 190 ciudades, en un país con 92 millones de habitantes, y a pesar de la brutalidad de la represión -que hasta ayer sumaba 3.090 muertes confirmadas según la ONG Hrana- y los bloqueos de internet, una figura desde Estados Unidos ha podido “convocar”, llamando a los iraníes a aparecer a las 8 PM hora local en las calles: el hijo del sha depuesto en 1979, Reza Pahlavi.
Su nombre ha estado entre algunos de los gritos de los manifestantes, que incluso llegan a querer “de vuelta al sha”, e incluso sus críticos, que se oponen al retorno de una monarquía, hoy conceden a Pahlavi ser la única figura con el perfil para supervisar una transición. Tomado en cuenta por Estados Unidos, apoyado secretamente por Israel, pero no totalmente respaldado por Donald Trump, el hijo de Mohammad Reza Pahlavi podría “retomar el trono” en Teherán, o volverse la María Corina Machado del levantamiento iraní contra la Revolución Islámica, la misma que sacó a su padre del poder en 1979.
Pahlavi nació en Teherán el 31 de octubre de 1960, siete años después de que Estados Unidos y Reino Unido orquestaran un golpe de Estado contra el entonces primer ministro electo de Irán, Mohammad Mosaddegh, quien había nacionalizado los activos de la petrolera anglo-persa, ahora conocida como BP, en 1951.
Fue nombrado oficialmente príncipe heredero a los siete años. Su camino parecía estar destinado al trono hasta que la revolución de 1979 conmocionó la región. Su padre, el último sha de Irán, fue derrocado en una revolución.

A los 17 años abandonó Irán para formarse como piloto de combate en la Base Aérea Reese de Estados Unidos, en Texas. Durante su ausencia, la represiva monarquía se derrumbó y se instauró el sistema político actual, impidiéndole regresar.
Pahlavi completó su formación y posteriormente se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad del Sur de California. Durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980, se ofreció como voluntario para servir como piloto de combate para su país, pero fue rechazado por las autoridades de Teherán. Desde entonces vive en el exilio, residiendo en Estados Unidos con su esposa, Yasmine Pahlavi, y sus tres hijas.
No ha vuelto al país desde ese año, 1979, aunque sus partidarios monárquicos nunca han dejado de creer en el regreso de su “príncipe heredero”. De 65 años, y aún residente en Estados Unidos, se ha convertido en una voz destacada en las protestas.
Su padre murió en 1980 en Egipto, y su madre, de 87 años, aún vive. A diferencia de ambos, su nombre no quedó manchado por los excesos que caracterizaron a la monarquía: fiestas fastuosas y lujosas para la familia real, y una policía secreta temible, la Savak, que imponía el orden en el reino. En distintas entrevistas ha condenado la represión de los ayatolas, pero no se ha expresado nunca contra los excesos del mando autocrático de su padre.
En una entrevista con The New York Times en 2009, se le preguntó a Pahlavi sobre el régimen represivo de su padre, en particular sobre su “brutal policía secreta”. No abordó la cuestión directamente, afirmando que quería centrarse en el futuro.
Su plan para Irán
Con una vida familiar marcada por el exilio, Pahlavi ha pasado meses, sino años, planeando una vuelta en gloria a Irán. El medio norteamericano Politico lo entrevistó durante todo 2025, antes siquiera de que las manifestaciones actuales explotaran, y compartió los detalles de su plan para sacar al ayatola Alí Jamenei del poder y terminar con casi medio siglo de dictadura religiosa, para liderar una transición a una democracia laica.

En la opinión de Pahlavi, el cambio debe impulsarse desde dentro de Irán, y en sus entrevistas dejó claro que quería que las potencias extranjeras se centraran en apoyar a los iraníes para que se opongan a sus gobernantes, en lugar de intervenir militarmente desde el exterior. “La gente ya está en las calles sin ayuda. La situación económica ha llegado a un punto en el que la devaluación de nuestra moneda, los salarios no se pueden pagar, la gente ni siquiera puede permitirse un kilo de papas, y mucho menos carne”, declaró. “Necesitamos protestas cada vez más sostenidas”.
En las últimas dos semanas, el aumento del costo de la vida y la mala gestión económica han contribuido a alimentar la ola de protestas. Pahlavi ha buscado fomentar el apoyo financiero extranjero para los trabajadores que perturben al Estado con una huelga. También pidió que se envíen más terminales de internet Starlink a Irán, desafiando así la prohibición, para dificultar que el régimen impida que los disidentes se comuniquen.
A medida que las protestas cobraban impulso la semana pasada, Pahlavi intensificó su propio flujo de publicaciones y videos en redes sociales, que acumulan millones de visitas, animando a la gente a salir a la calle. Comenzó convocando protestas a las 8 PM hora local, y luego instó a los manifestantes a comenzar antes y a ocupar los centros urbanos durante más tiempo. Sus partidarios afirman que estos llamados están ayudando a impulsar el movimiento de protesta.
Por otro lado, para asegurar que los desertores dentro del Estado contribuyan al fin de la República Islámica, Pahlavi anunció en junio que él y su equipo estaban creando un portal seguro para registrar su apoyo al derrocamiento del régimen, ofreciendo una amnistía a quienes se inscribieran y apoyaran un levantamiento popular. Para julio, según declaró a Politico, 50 mil presuntos desertores del régimen habían utilizado el sistema.

En cualquier caso, y a pesar de lo que buscan los monárquicos, Pahlavi no ha expresado querer ocupar el trono de vuelta: lo que sí ha dicho es que está listo para reemplazar a Jamenei, en miras a liderar una transición del autoritarismo a la democracia.
“Una vez que el régimen colapse, debemos tener un gobierno de transición lo antes posible”, ha declarado. Propone, en su plan para Irán, la celebración de una conferencia constitucional entre los representantes iraníes para elaborar un nuevo acuerdo, que sería ratificado por el pueblo en un referendo.
El día siguiente de la celebración de la consulta, declaró a Politico en febrero, “ese será el fin de mi misión en la vida”. Al preguntársele si quería ver restaurada una monarquía, respondió en junio: “Las opciones democráticas deberían estar sobre la mesa”.
Justamente este último fin de semana, el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, se reunió secretamente con el “príncipe heredero”, para discutir las protestas en Irán, según indicó al medio Axios un funcionario norteamericano. Se trata de una situación inédita, porque es la primera vez que algún miembro de la oposición iraní se reúne con la administración de Trump desde que las protestas empezaron en diciembre.

“Parece muy simpático”
De todos modos, aún después de esa reunión, Trump se ha mostrado lejano con Pahlavi, refiriéndose a él en términos que, a los que siguen la situación con Venezuela y la oposición, le parecerán familiares: “Parece muy simpático, pero no sé cómo lo haría en su propio país. Y aún no hemos llegado a ese punto. No sé si su país aceptaría su liderazgo”.
Por otra parte, hay toda una trama israelí que el diario Haaretz reveló en octubre, y que da cuenta de una entidad privada, financiada por el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, para apoyar digitalmente a la figura del príncipe heredero. Usando perfiles falsos que se hacían pasar por iraníes y comentando en foros, esta “granja” de usuarios nombraba a Reza Pahlavi y trataba de hacer ver que el hijo del sha tenía seguidores fieles en el país persa.
La prominencia actual de Pahlavi, en todo caso, da cuenta de un hecho clave: la oposición iraní, históricamente fragmentada, tiene por fin una figura que, más o menos, pone de acuerdo a los manifestantes.

Según Karim Émile Bitar, investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París, su “visibilidad” refleja, sobre todo, “el vacío que caracteriza a la oposición iraní actual”. “La mayoría de los opositores creíbles han sido encarcelados, puestos bajo arresto domiciliario, vigilados o asesinados por el régimen”, indicó el experto al diario El País, por lo que está figura disidente es una a la que los ciudadanos iraníes pueden apelar.
“Parece ser una base amplia: la generación mayor con nostalgia del pasado, la generación más joven desesperada por un redentor y los descontentos dispuestos a apoyar a cualquiera que pueda derrocar este régimen”, afirmó Ali Vaez, analista de Irán del International Crisis Group, en declaraciones a The New York Times.
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