Por Cristina CifuentesRusia se queda sin combustible: El nuevo frente que complica al Kremlin
Casi dos meses después del inicio de la amplia campaña ucraniana de ataques con drones de largo alcance, que ha paralizado una parte importante de la capacidad de refinación de gasolina de Rusia, la creciente crisis nacional de combustible está reduciendo la capacidad de maniobra del gobierno.

“Volvimos a la Unión Soviética”, dicen algunos rusos producto de las filas que deben hacer cada vez que necesitan comprar bencina. Desde hace más de un mes, es común ver colas de autos y camiones esperando su ración de 40 litros de combustible en las pocas estaciones de servicio que funcionan. Y la situación afecta no solo a los medios de transporte, sino que también a los campesinos que no tienen gasolina para sus motosierras, por ejemplo.
Cuando han pasado casi dos meses desde el inicio de la amplia campaña ucraniana de ataques con drones de largo alcance que ha paralizado una parte importante de la capacidad de refinación de gasolina de Rusia, la creciente crisis nacional de combustible está reduciendo la capacidad de maniobra del gobierno ruso..
La Agencia Internacional de Energía señaló que casi todas las refinerías importantes del oeste de Rusia han sido atacadas por drones ucranianos. Muchas plantas han sufrido múltiples impactos. En total, los expertos estiman que entre el 20% y el 40% de la capacidad total de refinación del país ha quedado fuera de servicio.
Esto ha obligado a que el gobierno ruso extendiera sus prohibiciones a la exportación de diésel y gasolina hasta el 31 de enero de 2027, según informó en un comunicado el jueves.
Rusia introdujo inicialmente la prohibición del diésel del 8 al 31 de julio como parte de un paquete más amplio de medidas para apoyar el mercado interno de combustibles. Moscú ya había impuesto restricciones a las exportaciones de gasolina y combustible para aviones.

El gobierno anunció, el jueves también, la prohibición temporal de la exportación de gasolina, diésel, combustible marino y gasóleo con el fin de mantener la estabilidad en el mercado interno. Sin embargo, a partir del 1 de septiembre, las exportaciones de los productores estarán exentas de las restricciones sobre el diésel, el combustible marino y los gasóleos.
Según el comunicado, algunas exportaciones de combustible seguirán realizándose en virtud de acuerdos intergubernamentales y en forma de ayuda humanitaria.
En un comienzo, el Presidente ruso, Vladimir Putin, ignoró la situación. Y a finales de junio, reconoció que los ataques con drones ucranianos que incendiaban refinerías de petróleo rusas y otras infraestructuras críticas en la retaguardia del frente estaban “creando problemas”. Pero señaló que los rusos se adaptarían y perseverarían. “Estos ataques terroristas no tienen ningún impacto en la situación”, declaró.
Sin embargo, prácticamente todas las regiones de Rusia, incluso en la lejana Kamchatka en la costa del Pacífico, han sentido los efectos de la campaña ucraniana. Algunas regiones han impuesto restricciones diarias al repostaje de vehículos; otras han intentado frenar el acaparamiento o la especulación prohibiendo el llenado de bidones de combustible; otras han instaurado un sistema de cupones, similar al que utilizaron las autoridades soviéticas cuando se enfrentaron a la escasez de alimentos.
En Novgorod, por ejemplo, una región del norte situada justo al sur de San Petersburgo, la segunda ciudad más grande de Rusia, también se ha visto afectada. En VK, la mayor red social de Rusia, los lugareños han empezado a publicar quejas en la página gestionada por el gobernador regional, alegando que la prohibición de repostar con bidones metálicos de gasolina perjudica a los pueblos alejados de las gasolineras y los centros municipales.
“Vivimos en un pueblo sin supermercado, sin farmacia, sin transporte a los servicios. Toda nuestra vida, una vez a la semana, hemos conducido hasta una gasolinera a 30 kilómetros de distancia para llenar nuestros depósitos y bidones, o incluso un par más (para el generador) por si acaso se produce un apagón”, escribió una mujer que se identificó como Irina Tryaskina, citada por el portal Radio Free Europe/Radio Liberty.
“¿Cómo se supone que voy a llenar el tanque de mi tractor en medio del campo?”, escribió otra persona que se identificó como Aleksandr Vasilyev. “¿Tengo que conducir varios kilómetros para llenarlo? Y si no puedo repostar, entonces yo -o, mejor dicho, mis vacas- no tendremos comida para el invierno”, añadió.
Radio Free Europe/Radio Liberty señaló que los comentarios de descontento no deben confundirse con una oposición organizada. Tampoco reflejan necesariamente una reconsideración moral de la invasión rusa. Algunos que deseaban el fin de la guerra seguían culpando a Ucrania o a Occidente de haberla iniciado. Otros apoyaban a Vladimir Putin y al Ejército ruso, al tiempo que se quejaban de los costos del conflicto.
Esa contradicción coincide con los datos de las encuestas. En un sondeo realizado en abril por el Centro Levada, una organización independiente, el 62% de los encuestados se mostró a favor de las negociaciones de paz, mientras que solo el 27% deseaba que continuaran los combates. El portal señaló que “las encuestas en un país autoritario —donde criticar la guerra puede acarrear consecuencias legales— deben interpretarse con cautela. Aun así, la persistente preferencia por las negociaciones —y la creciente disposición de los rusos a expresar su frustración— sugiere una opinión pública cada vez más ansiosa por que termine la guerra, aunque muchos rusos sigan sin estar dispuestos a cuestionar la justificación original de la invasión”.

Otros problemas
La exitosa campaña de ataques de medio alcance de Ucrania no solo ha interrumpido la logística y las líneas de suministro rusas, sino que también ha ralentizado aún más el avance militar ruso. En julio, Kiev comenzó a volar almacenes pertenecientes al mayor minorista en línea de Rusia, Wildberries, lo que puso la guerra en el centro de la atención de los consumidores y afectó a miles de pequeñas y medianas empresas rusas que venden a través de esta empresa. Kiev también ha intensificado sus esfuerzos para aislar a Crimea atacando las rutas de suministro de combustible y las instalaciones de generación de energía en la ocupada península. Además, drones ucranianos están atacando petroleros y buques de carga rusos en el Mar Negro y el Mar de Azov en un intento por detener las exportaciones marítimas de petróleo y cereales del país.
La campaña de Kiev está perjudicando la economía rusa, indicó un artículo de Foreign Affairs. La previsión oficial para el crecimiento del PIB ruso en 2026 es de apenas un 0,4%. La inflación va en aumento. Para evitar un alza aún mayor de los precios, el banco central mantiene el tipo de interés en el 14%. Sin embargo, esta cifra tan elevada encarece el crédito de forma prohibitiva para muchas empresas.

Lo más preocupante para el Kremlin, advirtió la revista, es que el déficit presupuestario se ha incrementado en 73.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, superando con creces los 48.500 millones previstos para todo el año. “La guerra de Trump contra Irán ha aumentado los ingresos petroleros rusos, pero estos ingresos no son suficientes para crear un colchón de liquidez, y las reservas monetarias que Rusia acumuló durante décadas de exportaciones de materias primas, incluyendo el auge de los precios de las materias primas provocado por la guerra en 2022, se han agotado. Para financiar su creciente gasto bélico, el Kremlin tiene que seguir recortando el gasto no militar y endeudándose internamente, justo cuando los compradores de bonos rusos exigen primas de riesgo más elevadas”, indicó el análisis.
Otra preocupación actual es que el Kremlin ordene una nueva movilización tras las elecciones a la Duma Estatal, previstas para mediados de septiembre. Aunque las autoridades lo han negado, los rumores persisten, debido a que el problema de la escasez de efectivo es real.
Rusia ha sufrido enormes pérdidas en el campo de batalla. Según una estimación reciente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), 450.000 militares han muerto y 1,4 millones han resultado heridos en los cuatro años que lleva la guerra. Aunque no es posible verificar las cifras exactas, todas las estimaciones fiables describen pérdidas de una magnitud no vista en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Frente a este escenario, la revista Foreign Affairs apunta que la posición de Rusia se ha deteriorado. “El Plan A de ganarse a Trump, fracasó. El Plan B también salió mal. Si bien la Casa Blanca dejó de proporcionar a Ucrania muchos tipos de asistencia, Estados Unidos ha continuado suministrando inteligencia vital a Kiev y aplicando sanciones contra Rusia. Mientras tanto, Kiev ha podido recurrir a sus aliados europeos para compensar la falta de ayuda. De hecho, Ucrania se encuentra ahora en una mejor posición militar que el año pasado. Rusia, por el contrario, está perdiendo más soldados de los que puede reclutar y se encuentra estancada en el campo de batalla. Su economía enfrenta crecientes dificultades. Por lo tanto, el Plan C, en el que Rusia ganaría resistiendo más que Ucrania, tampoco está funcionando”, indicó la publicación.
“Pero eso no significa que Putin vaya a cambiar de rumbo. Los problemas de Rusia son reales, pero el país, no obstante, es capaz de sostener el conflicto. Su economía sigue funcionando lo suficientemente bien y cuenta con la mano de obra y el armamento necesarios para continuar la lucha. Moscú también está ideando nuevas maneras de recuperar la iniciativa. La insistencia del Kremlin en seguir combatiendo empeorará la situación de los rusos, por lo que hay élites en Moscú que abogan por una solución negociada. Pero no hay indicios de que Putin esté escuchando. Por lo tanto, es casi seguro que la guerra se prolongará”, concluyó.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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