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Costos laborales han subido 50% en Chile en la última década

Un informe del OCEC-UDP mide la evolución del costo salarial por hora para un trabajador afecto al salario mínimo entre 2016 y 2026, asociado a tres medidas de la agenda regulatoria laboral: el alza del salario mínimo, la reducción de la jornada ordinaria y la cotización adicional de la reforma previsional. "Esto permite identificar alzas de costos salariales por hora vinculadas directamente a cambios de la legislación laboral”, afirma su autor, Juan Bravo.

27 Noviembre 2024 Construccion, Trabajadores, empleo, Foto: Andres Perez Andres Perez

El mercado laboral sigue dando cuenta de malas noticias en el país. Según lo informado este viernes por el INE, en el trimestre abril-junio la tasa de desempleo se ubicó en 9,4% -al igual que en el trimestre móvil concluido a mayo- y el número de desocupados fue de 980 mil personas.

En medio de este deteriorado escenario, ha surgido una serie de análisis que dan cuenta de los factores más estructurales y los coyunturales que podrían estar detrás para explicarlo. Uno de ellos es el bajo crecimiento de la economía, pero otro muy transversal es la fuerte alza que han experimentado los costos laborales en los últimos años en Chile. Estos, según diversos economistas, se han desalineado de la evolución de la productividad laboral, generando un desequilibrio que afecta negativamente la generación de empleo asalariado formal en el sector privado.

Precisamente, para cuantificar cómo ha ido subiendo este elemento para las empresas, el director del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), Juan Bravo, realizó un informe con datos para aterrizar la discusión.

Su análisis considera la evolución del costo salarial por hora para un trabajador afecto al salario mínimo en la última década, asociado a tres medidas de la agenda regulatoria laboral: el alza del salario mínimo, la reducción de la jornada ordinaria y la cotización adicional de la reforma previsional. “Esto permite identificar alzas de costos salariales por hora vinculadas directamente a cambios de la legislación laboral”, plantea.

Explica que el segmento de trabajadores afectos al salario mínimo es de particular relevancia desde el punto de vista del impacto sobre el empleo de los costos salariales desalineados de la productividad laboral, pues para ellos el ajuste ante medidas implementadas con gradualidad, como la reducción de la jornada ordinaria o el alza de la tasa de cotización previsional, es distinto que para trabajadores con salarios más altos.

Según detalla Bravo, “para trabajadores que obtienen remuneraciones por sobre el entorno del salario mínimo la gradualidad de medidas como la reducción de jornada ordinaria o el alza de la tasa de cotización previsional puede reducir los efectos negativos sobre el empleo formal, pero no anula los efectos colaterales negativos sobre los salarios líquidos en el mediano plazo, ya que, tal como señala la evidencia empírica, los empleadores traspasan la carga del aumento de la tasa de cotización parcial o totalmente a los trabajadores”.

En la práctica, especifica que “el ajuste en los salarios líquidos se materializa en el tiempo a través de menores reajustes salariales futuros en comparación a un escenario sin reforma y porque las nuevas contrataciones que realicen los empleadores considerarán el nuevo escenario de costos laborales, por ende, ofrecerán salarios que ya internalicen el nuevo escenario de costos laborales”.

Sin embargo, menciona que este mecanismo de ajuste no es posible en el caso de los trabajadores que ganan sueldos en torno al salario mínimo, puesto que en estos casos el piso está determinado por ley y, por ende, no es posible ajustar los salarios líquidos a la baja.

“En este segmento de trabajadores el alza de la tasa de cotización y la reducción de la jornada ordinaria tiene un mayor potencial de generar un efecto pernicioso sobre el empleo formal, pues implicaría un alza de costos laborales no asociado a mayor productividad laboral, que no puede ajustarse en el mediano plazo vía menores salarios líquidos”, señala el informe.

Así, entre enero de 2016 y junio de 2026, el salario mínimo en términos reales acumula un incremento de 40,4%. No obstante, si se considera el costo salarial por hora en términos reales de un trabajador afecto al salario mínimo que incorpora además del salario mínimo la reducción de la jornada ordinaria y el alza de la tasa de cotización previsional, el alza es de 50,8% entre enero 2016 y junio 2026.

Es decir, en la última década el costo salarial por hora de un trabajador afecto al salario mínimo de jornada completa se ha incrementado en más de 50% en términos reales, por la implementación conjunta de estas tres políticas.

En ese período, el salario mínimo subió desde $250 mil hasta los actuales $553.553, pero la mayor alza se produjo en los últimos cuatro años bajo el gobierno de Gabriel Boric. Cuando esa administración asumió, el ingreso básico se ubicaba en $350.000, en 2022, y cerró en $539.000 en enero de 2026.

Productividad laboral y costos salariales

Otro de los temas que aborda este análisis es la relación entre productividad y costos salariales. Al respecto se menciona que mientras la productividad laboral al trimestre marzo-mayo 2026 acumulaba un alza de 8,8% respecto al trimestre enero-marzo de 2016, el salario mínimo en términos reales en ese periodo ha registrado un aumento acumulado de 38,1%. “Aunque en los años 2018 y 2019 el salario mínimo en términos reales se había desviado de la evolución de la productividad laboral, dicho desequilibrio se cerró durante 2021”.

Sin embargo, sostiene que “a partir de 2022 es muy claro cómo el salario mínimo en términos reales comienza a crecer sostenidamente mientras que la productividad laboral se mantiene estancada. Esto provocó un desalineamiento creciente en el tiempo entre ambas variables en los años posteriores a 2022”.

Asimismo, se establece que “el índice real de remuneraciones por hora, que considera las remuneraciones por hora de los trabajadores asalariados formales a nivel general, registra un incremento acumulado de 16,3% durante el periodo analizado”.

De esta manera, si bien existe también un grado de desequilibrio de este indicador respecto a la evolución de la productividad laboral, “es claro que a nivel general este es mucho menor que el observado entre trabajadores que ganan en torno al salario mínimo y eso queda reflejado en la evidencia presentada por el Banco Central en cuanto al impacto en el mercado laboral de estos desequilibrios, que es contundente”.

Para refrendar esa afirmación, Bravo cita el estudio que realizó el gerente de la División de Política Monetaria del Banco Central, Elías Albagli, “Efectos en el mercado laboral de cambios recientes en el salario mínimo”, y citado en el Informe de Política Monetaria de diciembre 2024. Este estimó el efecto causal de la Ley 21.578, la que aumentó en tres periodos el salario mínimo: el primero en mayo de 2023, el segundo en septiembre de 2023 y el tercero en julio de 2024.

Dicho estudio encontró que, en términos relativos, los aumentos más recientes del salario mínimo se han reflejado en un incremento de los costos laborales de mayor magnitud en términos relativos en las empresas con mayor proporción de trabajadores afectos al salario mínimo, en comparación al resto de las empresas. El paper encuentra que existe una caída promedio de 4,8% en el empleo en las empresas con mayor proporción de trabajadores afectos al salario mínimo en comparación al grupo de control (el resto de las empresas).

Remuneraciones

Volviendo al reporte de Bravo, las cifras indican que, a nivel general, el índice de remuneraciones por hora en términos reales registra un incremento acumulado de 17,2% entre enero de 2016 y mayo de 2026.

No obstante, según este análisis, la evolución general del índice esconde enormes diferencias según el nivel de calificación del empleo y según tamaño de empresa. En el segmento de baja calificación el índice de remuneraciones en términos reales registró un incremento acumulado de 39,5% entre enero de 2016 y mayo de 2026. En el segmento de mediana calificación el alza acumulada en dicho periodo fue de 29,2%. En el de alta calificación el alza es mucho más modesta, con un incremento de 11,6% en dicho periodo.

Así, en la última década, las remuneraciones reales se han elevado considerablemente más en el segmento de baja y mediana calificación, que en el de alta calificación.

Bravo profundiza en que “el alza del índice de remuneraciones por hora en términos reales en la última década ha sido considerablemente mayor en el segmento de las mipes y de la mediana empresa. Así, en las mipes el índice de remuneraciones por hora en términos reales acumula un incremento acumulado de 25,1% entre enero de 2016 y mayo de 2026. Esta cifra es de 23,2% en el segmento de la mediana empresa y de 15,4% en el de la gran empresa. De esta manera, el incremento de las remuneraciones reales por hora en la última década es considerablemente mayor entre mipymes”.

Un factor clave que puede explicar los resultados anteriores es que el salario mínimo ha aumentado considerablemente más que las remuneraciones promedio en los últimos años. Mientras que entre enero de 2016 y mayo de 2026 el índice de remuneraciones por hora en términos reales registra un incremento acumulado de 17,2%, el salario mínimo en términos reales en dicho periodo aumentó en 39,4%

“Los trabajadores que ganan el salario mínimo tienden a ejercer mayoritariamente empleos de mediana o baja calificación y además en las empresas de menor tamaño hay una mayor prevalencia de trabajadores afectos al salario mínimo. Así, no es sorprendente que los costos salariales medidos por el índice de remuneraciones por hora en términos reales hayan tenido en la última década un incremento bastante mayor entre asalariados formales de mediana y baja calificación y en el segmento de mipymes”, concluye.

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