Fernanda Cavada, coordinadora 8M: “Hubo una instrumentalización del feminismo en el gobierno de Boric”
La vocera de la agrupación tiene un balance negativo de la administración frenteamplista que llegó a La Moneda defendiendo sus banderas. Niega que estuvieron silentes frente a la acusación de abuso sexual contra el subsecretario Manuel Monsalve y asegura que las críticas a la futura ministra Judith Marín (PSC) no tienen que ver con su credo religioso.

A 38 días de que el presidente José Antonio Kast asuma la Presidencia de la República, la Coordinadora Feminista 8M se declara en “alerta”.
A través de una de sus voceras, Fernanda Cavada asegura que pese al triunfo del republicano con un programa que enfatiza la seguridad por sobre agendas identitarias, las banderas feministas siguen vigentes y que su convocatoria no ha decaído, aun cuando incluso la ministra de la Mujer, Antonia Orellana, lo ha reconocido públicamente.
El gobierno del Presidente Gabriel Boric, que está llegando a su fin, se autodefinió como “feminista”. ¿Sigue siendo válido caracterizarlo de esa forma?
Siempre hemos pensado que el gobierno se autodefinió feminista y que, desde esa autoafirmación, se sostuvieron una serie de propósitos de gobierno que finalmente no fueron logrados. Sí es importante reconocer avances normativos en ciertas legislaciones, como la ley de pago efectivo de pensiones de alimentos o la ley integral contra la violencia hacia las mujeres. Pero también reconocemos que ha habido una instrumentalización del feminismo.
¿En qué aspectos ven esa instrumentalización?
En nombre del feminismo —o más bien en nombre de las mujeres— se aprobaron una serie de reformas que fortalecieron distintas cuestiones. Por ejemplo, que con la bandera de los cuidados se lave la imagen del desalojo de familias sin casa, como ocurrió en la toma de San Antonio. O que en nombre de las víctimas de femicidio se aplauda una reforma a la ley de migraciones. Y mientras el gobierno se enaltecía como feminista, ocurrió una de las situaciones más graves que hemos visto durante esta administración: el abuso sexual en el Ministerio del Interior.
Como movimiento, ¿tienen una autocrítica a su forma de enfrentar esa denuncia de abuso sexual contra el exsubsecretario del Interior Manuel Monsalve?
Como movimiento feminista, siempre nos mantuvimos alertas. En general, a quienes sostenían que no hubo una crítica abierta, los invitábamos a revisar nuestras redes. Convocamos permanentemente a manifestarnos afuera de La Moneda, sacamos un comunicado e incluso levantamos una campaña en torno a esta denuncia y a este proceso. Condenamos abiertamente que se tratara de un caso de violencia sexual, el más grave que hemos conocido en un gobierno en democracia. Nuestra autocrítica, en ese sentido, no tiene mucho lugar, porque siempre nos manifestamos en concordancia con la gravedad de la denuncia. Una de las situaciones más críticas fue que el presidente no tomó providencias para resguardar a la víctima, al contrario.
Lo que se les cobra es que no hubo manifestaciones masivas en La Moneda como en otras ocasiones.
Esa es una visión sesgada. Al menos desde la Coordinadora Feminista 8 de Marzo hicimos convocatorias públicas y masivas para manifestarnos contra esta situación.
Pero eso no ocurrió. ¿No creen que eso golpeó la credibilidad del movimiento?
No. Creemos que lo que se vio afectada fue la credibilidad del gobierno y de su autodenominación feminista. Es importante diferenciar: una cosa es el gobierno que se denomina feminista y otra cosa es el movimiento feminista, que siempre ha estado convocándose desde distintos sectores. Hay que entender que el movimiento es un movimiento amplio, diverso, y aquí lo que queda en descrédito es el gobierno y su gestión frente a una situación gravísima.
“No se si intacta, pero la masividad ha permanecido”
La ministra de la Mujer, Antonia Orellana, señaló en entrevista con La Tercera que las grandes movilizaciones habían decaído. ¿Comparten esa visión?
La ministra Orellana puede afirmar lo que quiera respecto de las movilizaciones. La masividad del movimiento feminista ha permanecido. No sé si intacta, pero no ha desaparecido de las calles, ni del sentido común, ni de la opinión pública.
La agenda de género contribuyó a la elección de Boric. Hoy, sin embargo, la balanza se inclina a las prioridades que planteó Kast. ¿Es una bandera que le hace menos sentido a la ciudadanía?
No, por supuesto que no. De hecho, muy por el contrario. Vimos cómo en la primera campaña, en las elecciones anteriores, a Kast le fue muy mal con sus propuestas orientadas hacia las mujeres, y en general con las cuestiones vinculadas a ese ámbito. En esta segunda campaña, él no se refiere a esa dimensión. Eso también es un punto relevante, porque el hecho de que no quiera referirse a esos temas da cuenta de una voluntad más bien encubierta.
Una de las nuevas convocatorias es a manifestarse contra la llegada de Judith Marín al Ministerio de la Mujer. ¿Es por su condición de evangélica?
No es un llamado a movilizarse, sino a estar alerta. La designación de Judith Marín no es problemática por su creencia religiosa. El feminismo es un movimiento diverso, incluso en nuestras articulaciones participan feministas evangélicas. El problema es que ella milita en un partido que ha atacado sistemáticamente los derechos y los avances alcanzados para mujeres, disidencias sexuales e infancias.
Pensando en el próximo gobierno, ¿anticipan una disposición distinta del movimiento y de las organizaciones en términos de movilización, presión o confrontación política?
Vamos a seguir en estado de alerta, más aún considerando los antecedentes de las próximas autoridades. Por ejemplo, el próximo ministro de Justicia será un abogado que llevó la causa del dictador Pinochet, es decir, un negacionista de los derechos humanos. Y así hay otros nombres: en Hacienda, el ideólogo de la colusión de los pollos, por ejemplo. Entonces, es complejo no estar alertas frente a todos estos antecedentes.
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