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Humo de incendios en la Patagonia alcanza la Antártica y amenaza con la pérdida de millones de toneladas de hielo

Expertos en climatología del continente blanco advirtieron que el material particulado a causa del megaincendio que arrasa con más de 15 mil hectáreas en la Patagonia argentina, puede reducir la reflectividad de la nieve y acelerar el derretimiento.

Según informó este martes la Agencia Federal de Emergencias de Argentina (AFE), aún se mantiene un amplio despliegue operativo frente a múltiples incendios forestales activos en la Patagonia transandina, principalmente en la provincia de Chubut y que, entre otros, llevó al gobierno chileno a ofrecer ayuda. El foco de mayor magnitud es el incendio de Cushamen, que continúa activo y movilizó a 675 personas, entre brigadistas, personal técnico y equipos de apoyo, además de una importante flota aérea y terrestre que incluye aviones, helicópteros, autobombas y maquinaria pesada.

También permanecen activos los incendios en el Parque Nacional Los Alerces, y otros focos bajo distintos estados de control y monitoreo en Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén y La Pampa. En el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, el incendio fue contenido tras afectar 764 hectáreas, mientras que otros siniestros ya se encuentran controlados o extinguidos, aunque bajo vigilancia constante.

Incendio en Patagonia argentina

Hasta ahora se contabilizan más de 15 mil hectáreas afectadas por el fuego que se propagó a comienzos de la semana pasada. Esto puso la alerta en Chile, pero no por su impacto local, ya que Conaf descartó la posibilidad de propagaciones. La preocupación recae en un efecto poco frecuente y distante: la llegada de humo hasta el extremo norte de la península del territorio chileno Antártico.

El fenómeno, detectado la semana pasada por científicos chilenos, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave para la ciencia climática: hasta qué punto eventos extremos ocurridos en Sudamérica pueden incidir en el derretimiento de nieve y hielo en el continente blanco.

Columna de humo dirigiéndose desde la Patagonia argentina hacia la península Antártica. Imagen cedida

Según explica Raúl Cordero, climatólogo y académico de la U. de Santiago, no es habitual que el humo alcance la Antártica. Para que ello ocurra deben coincidir al menos dos condiciones poco comunes: incendios de gran intensidad -capaces de elevar el humo a varios kilómetros de altura- y una configuración atmosférica que dirija los vientos hacia el sureste. “Es un fenómeno episódico y relativamente raro”, señala.

La detección se realizó desde la estación de monitoreo ubicada en la isla Rey Jorge, en el extremo norte de la península Antártica. Allí se ubican la base Julio Escudero, del Instituto Antártico Chileno, y la Base Frei de la Fuerza Aérea. En esa zona, considerada la principal puerta de entrada de masas de aire extraantárticas, mantienen una estación para monitorear e identificar este tipo de intrusiones provenientes de latitudes más bajas.

Atardecer rojizo

Fue allí donde los instrumentos registraron una masa de aire con presencia de material particulado asociada a humo. La señal no solo apareció en los sensores: el fenómeno fue visible a simple vista a través de un atardecer inusualmente rojizo en uno de los ambientes más limpios del planeta. “En la Antártica los atardeceres normalmente no son rojos. Cuando lo son, es porque llegaron partículas desde otro continente, como polvo o humo”, explica Cordero.

Atardecer rojizo en la Antártica. Imagen cedida.

El humo transporta carbono negro -hollín-, un material particulado microscópico que, al depositarse sobre la nieve o el hielo, reduce su reflectividad. Este oscurecimiento hace que la superficie absorba más radiación solar, acelerando el derretimiento. Aunque las concentraciones que llegan a la Antártica suelen ser bajas, los modelos climáticos permiten estimar su impacto acumulado. En un evento como este, señala Cordero, el efecto podría traducirse en la pérdida de varios millones de toneladas de hielo.

Sin embargo, el científico subraya que estos episodios no son la principal causa del retroceso en la zona. “La Antártica pierde cientos de miles de millones de toneladas de hielo cada año, y la razón dominante es el calentamiento global”, afirma. Las intrusiones de humo, polvo o aire cálido representan un factor adicional, cuya contribución exacta aún no está completamente cuantificada.

Una visión similar plantea Boris Barja, jefe del Laboratorio de Investigación Atmosférica de la U. de Magallanes. Si bien reconoce que estos fenómenos pueden ocurrir, enfatiza que la presencia de aerosoles en la atmósfera “puede modificar el balance radiativo y favorecer el derretimiento, pero hay que demostrar cuánto de ese material efectivamente se deposita sobre el hielo”.

Barja explica que la Antártica suele estar protegida por una corriente circumpolar que actúa como barrera natural. Sin embargo, durante el verano esa circulación se debilita, permitiendo la entrada de masas de aire desde otras latitudes. En ese contexto, las configuraciones específicas de altas y bajas presiones pueden generar ríos atmosféricos, que no solo trasladan vapor de agua, sino aerosoles como humo o polvo.

"La Antártica pierde más hielo del que recupera cada año", asegura el climatólogo, Raúl Cordero.

Estos mecanismos ya han sido observados en eventos extremos anteriores, como los incendios masivos de Australia, cuyo humo logró dar la vuelta al hemisferio sur. En el caso actual, los investigadores apuntan directamente a la Patagonia argentina dada la intensidad del fuego y la dirección de los vientos registrada esos días.

El evento, además, fue breve. La intrusión de humo se concentró en una jornada específica y se disipó tras cambios en la circulación atmosférica y lluvias que redujeron la intensidad del incendio. Esa naturaleza episódica refuerza la necesidad de monitoreo continuo.

Hoy existe consenso en que el derretimiento estival es parcialmente compensado por la acumulación invernal de nieve, pero ese equilibrio se ha roto. La Antártica pierde más hielo del que recupera cada año, aunque determinar cuánto de esa pérdida se explica por el calentamiento global y cuánto por intrusiones sigue siendo una de las preguntas abiertas de la investigación polar.

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