Por Juan Pablo AndrewsLa caída de la banda del taxista: sujeto drogaba a víctimas que salían de bares para robarles cuentas bancarias
El imputado, de nacionalidad peruana, elegía a sus víctimas con pinzas, dicen quienes conocen de la investigación. Operaba en barrios como Bellavista e Italia y daba una botella con agua y droga a sus víctimas.

Para los policías, Cristián Bobadilla Vigo (44) no era un taxista. Era derechamente un delincuente que usaba su taxi como instrumento para perpetrar sus fines ilícitos que consistían en sustraer las cuentas bancarias de las víctimas que escogía con pinzas.
Fueron varias las denuncias que la Policía de Investigaciones (PDI) recogió por un sujeto que operaba con su auto, un Mazda 6, afuera de locales nocturnos de varios puntos de la capital: barrio Bellavista, Isidora Goyenechea, barrio Italia y Providencia. El modus operandi era siempre el mismo. Pasar como taxi desocupado a altas horas de la noche por esos lugares y recoger a víctimas que se vieran bajo la influencia del alcohol.
Ya dentro del auto, les ofrecía una botella con agua o una cerveza. Dichos recipientes contenían drogas de sumisión, como son los barbitúricos.

“Al otro día cuando las personas volvían en sí revisaban sus cosas y se daban cuenta de que habían sido víctimas de robo. Les habían robados sus tarjetas y sus teléfonos. Tenemos víctimas que sufrieron un perjuicio económico de más $ 20 millones, entre préstamos que les sacaron durante la noche, clonación de tarjetas, giros y compras”, explica el jefe de la Brigada Investigadora de Robos Oriente, subprefecto Rubén Plaza, .
La primera denuncia llegó a inicios de año. Pero el sujeto, dice el detective, no actuaba solo. En esta primera etapa, los investigadores contabilizan 15 víctimas, todos hombres. De acuerdo con quienes conocen de la investigación, Bobadilla, un sujeto aficionado a levantar pesas y de contextura gruesa, elegía con pinzas a sus víctimas: tenían que ser hombres delgados, más bajos que él, a quienes pudiera doblegar en cuanto a fuerza.
De hecho, varias de sus víctimas fueron hombres que salían de locales gays. Luego, con las tarjetas en su poder, venía la segunda etapa de su proceder. Para ello eligió un servicentro ubicado en Carrascal, en la comuna de Quinta Normal, donde se unió con cuatro operarios de carga de combustible, tres venezolanos y un chileno. Allí hacía un trueque, el taxista compraba con dichas tarjetas y los bomberos le pasaban dinero. Los policías pudieron detectar compras de $ 500 mil, uno o dos millones de pesos a las 6.00 a.m. Siempre llegaba ahí entre jueves, viernes o sábado.
“Hicimos mucha vigilancia, mucho seguimiento y ahí es donde pudimos establecer que estos bomberos tenían un estándar alto de vida. Uno tenía más de $ 4 millones en efectivo en su casa y otro tenía un vehículo de alta gama. Entonces, era un negocio redondo para todos”, detalla el detective. De hecho, uno de los exbomberos fue detenido en el Aeropuerto de Santiago, a punto de tomar un avión hacia su natal Venezuela.
En caso de que los usuarios del taxi no quisieran beber el líquido con droga o pagar con tarjeta, el taxista se ponía violento y arremetía con golpes a las víctimas. “Nos relatan que el taxista los había golpeado con elementos contundentes”, comenta el policía.
“La investigación al final se transformó en torno a una banda criminal. No importa la función que cometa cada uno. Es una banda porque el uno no funciona sin la participación del otro”, agrega el detective.
El subprefecto además hace un perfilamiento del líder: “En la semana se dedicaba a entrenar, a levantar pesas, a consumir sustancias que lo hacían tener superioridad sobre sus víctimas. Tiene un perfil casi psicopático. Él perfilaba a sus víctimas, no subía a cualquiera. Usaba el taxi para buscar víctimas, no para ganarse la vida. Él no es taxista, utiliza el taxi para perfilar víctimas”.
En primera instancia, relata el policía, buscaba una cercanía con las víctimas, pero si esto no resultaba, utilizaba su fuerza física. “Fue descrito como muy violento y muy agresivo por sus víctimas”, añade el jefe de la BIRO Oriente.
El detective pone el acento en que el peruano, que vive en Chile con residencia definitiva, mantenía su auto con kilometraje presuntamente adulterado. Ya contaba con denuncias de 2018. Vivía con su madre, hijo y cónyuge.
La fiscal de Análisis Oriente, Claudia Barraza, formalizó a los cinco sujetos por los delitos de asociación criminal, robo con intimidación y utilización fraudulenta de tarjetas bancarias. Todos quedaron en prisión preventiva.
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