Presidente Boric, a dos meses de dejar La Moneda: “La izquierda que solamente le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse”
En el tramo final de su mandato, el jefe de Estado reflexionó sobre el poder, la autocrítica, el sentido del orden, las derrotas políticas y el futuro del progresismo, en una extensa entrevista a El País, marcada por balances personales y definiciones ideológicas.

A menos de dos meses de dejar La Moneda, el presidente Gabriel Boric se refirió a diversos temas contingentes que marcaron su gobierno, tales como la derrota electoral de la izquierda, el triunfo de José Antonio Kast, el proceso constituyente fallido, la seguridad pública, su evolución política y su concepción de una izquierda que –según advierte-, no puede sobrevivir si se limita a culpar al adversario sin revisarse a sí misma.
En una entrevista en profundidad concedida al medio El País, el jefe de Estado dio a conocer su visión sobre los cuatro años al mando de Chile, marcados por altas expectativas, frustraciones colectivas y aprendizajes institucionales.
En ese sentido, reconoció el peso simbólico del cambio de mando que se concretará el próximo 11 de marzo, cuando entregue el poder a Kast, y subrayó que la transición ha sido “institucional y republicana”, destacando el encuentro privado que sostuvo con su sucesor tras la elección y la importancia de preservar la cultura cívica.
“La democracia se cuida en cada momento”, afirmó, junto con marcar distancia con episodios recientes de desconocimiento de resultados electorales en otros países de la región.
Proceso constitucional
Uno de los ejes centrales del balance presidencial es el fracaso de los dos procesos constitucionales, que marcaron no solo el rumbo de su gobierno, sino también el clima político que antecedió al triunfo de la derecha.
En ese sentido, el Presidente reconoció que allí se quebró una expectativa profunda instalada tras el estallido social.
“Fue una gran frustración. No respecto a la votación final, sino a la falta de diálogo”, admite, al tiempo que subraya que en ambos procesos quienes tuvieron mayoría “trataron de negar a quien era minoritario”.

A su juicio, el rechazo ciudadano fue una señal de madurez democrática, y concluyó que “un país no se construye así”.
También vinculó directamente esa frustración con el giro del electorado hacia el orden y la seguridad, conceptos que –afirma- la izquierda no logró representar con credibilidad.
“El orden no tiene por qué ser de derecha. El orden es certeza, es estabilidad. Nadie quiere un país desordenado (…) La izquierda sigue sin representar el deseo de orden”, sostuvo.
Pese a destacar que su administración aprobó más de 70 leyes en materia de seguridad, Boric reconoció que no fue suficiente para revertir la percepción ciudadana.
“Las elecciones hoy en día se mueven principalmente por sentimientos. Si nosotros en 2021 logramos movilizar la esperanza, ahora la derecha logró movilizar, y no lo digo despectivamente, el miedo al otro, a la delincuencia, a la precariedad económica”, reflexionó.
Coherencia ideológica
En la entrevista, Boric rechazó la idea de que su paso por el poder lo haya “moderado” ideológicamente, asegurando que “yo empecé el gobierno siendo una persona que me definía como de izquierda y termino el gobierno definiéndome como una persona de izquierda”.
También deslizó críticas internas al progresismo, señalando que “puedo tener discursos incendiarios, encontrar antagonistas y prometer cualquier cosa, pero si la calidad de vida no mejora, es irrelevante”.
En ese sentido, marcó distancia con la izquierda “anclada en la retórica” o en la búsqueda permanente de culpables externos.
“Es importante que exista una revisión, porque la disputa por la hegemonía no es estática. Si la izquierda deja de reflexionar sobre sí misma, sobre lo que pretende representar, evidentemente está muerta. Pero creo que es un error desmarcarse y renegar de lo obrado”, zanjó, rematando que “la izquierda que solamente le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse”.
Política exterior sin “dobles estándares”
En el plano internacional, Boric reafirmó una postura que le ha valido reconocimiento y críticas, que apunta a aplicar el mismo estándar en derechos humanos, sin importar el signo político.
“Uno tiene que tener el mismo estándar para juzgar los hechos. Si no, uno pierde credibilidad”, enfatiza.
Con esa lógica, condenó sin matices a Venezuela y Nicaragua, a las que calificó derechamente como dictaduras.
Sobre el chavismo, del cual fue simpatizante en sus inicios, fue categórico en señalar que “un país del cual escapan más de siete millones de personas… uno no puede defender algo así”.
También abordó la situación en Cuba, señalando que “no hay democracia, es un régimen de partido único y no hay libertad de expresión”, aunque reconoce el impacto del bloqueo estadounidense.

Y respecto de los conflictos globales, el Presidente mantuvo sus posiciones firmes tanto frente al genocidio en Palestina como a la invasión rusa a Ucrania.
Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, Boric criticó con la misma claridad el accionar de Washington.
“Que un Estado extranjero pretenda ejercer un control directo sobre el territorio venezolano sienta un precedente extremadamente peligroso para la estabilidad regional y global”, advirtió.
El cierre de un ciclo y el futuro político
A nivel personal, Boric reconoció una transformación profunda tras llegar a La Moneda con 36 años e irse con 40, convertido en padre y con una familia en formación.
“Independientemente de las circunstancias políticas, mi corazón y espíritu personal están a tope”, confesó.
Sobre su legado, evitó la autocomplacencia, aseverando que “no me gusta hablar de mi legado. Yo no estoy preocupado de qué se dice del legado de Boric ni de hablar de mí mismo en tercera persona. Me parece de muy mal gusto”, dijo, aunque destaca haber entregado “un país en forma”, capaz de resolver sus conflictos a través de la democracia.
No obstante, el Mandatario no anticipó un retiro definitivo de la política, pero sí un cambio de rol.
“Es sano que, como expresidente, me mantenga un tiempo fuera de la contingencia más inmediata”, señalo, explicando que su foco estará en el trabajo territorial, la construcción de comunidad y la articulación de una alianza amplia entre la izquierda, la centroizquierda y el centro.
“La oposición tiene que ser democrática, no puede ser solo de Twitter ni de camarillas políticas, sino que tiene que estar vinculada íntimamente con el territorio, con el pueblo”, concluyó Boric.
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