Estudio afirma que inyección de agua al subsuelo puede provocar sismos
Una investigación señala que las aguas residuales son capaces de generar un incremento suficiente en la presión subterránea como para derrumbar formaciones rocosas a lo largo de las fallas.

Los científicos dicen contar con más evidencia de que el incremento en los sismos entre los límites de Colorado y Nuevo México desde 2001 se debe a los pozos que inyectan aguas residuales de la
producción de gas y petróleo de vuelta al subsuelo, algo parecido a los terremotos provocados por el hombre en Oklahoma y otros estados.
Investigadores de la Universidad de Colorado publicaron la semana pasada un informe que concluye que las aguas residuales provocaron un incremento suficiente en la presión subterránea como para
generar derrumbes de formaciones rocosas a lo largo de las fallas.
"Encontramos que los cambios de presión a una profundidad dada son suficientes para desencadenar terremotos", dijo Jenny Nakai, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en la
universidad.
El informe, publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Solid Earth (Revista de Investigación Geofísica: Tierra Sólida), es el más reciente en vincular los terremotos a los pozos
de inyección de aguas residuales.
La mayoría de los pozos de gas y petróleo producen cierta cantidad de aguas residuales que son demasiado salinas para su uso, por lo que los reguladores permiten que las compañías energéticas
la inyecten de regreso en el subsuelo. Los investigadores han vinculado terremotos en Colorado, Kansas, Nuevo México, Oklahoma y Texas con esas prácticas.
Oklahoma registró unos cuantos terremotos de una magnitud de al menos 3,0 en 2012, pero tuvo más de 900 de esos sismos en 2015. El número se redujo a alrededor de 600 el año pasado, una vez que
los reguladores estatales ordenaron a las compañías energéticas cerrar algunos pozos de inyección o reducir las cantidades de agua que inyectaban.
En Raton Basin, en el norte de Nuevo México y sur de Colorado, se registró un incremento en los sismos alrededor de 2001, unos dos años después de que comenzara la inyección de aguas residuales
en gran escala, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.
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